SOMOS IDEAS

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Esperar. Desesperar. Insinuar. Creer. Despertar. Leer. Formar cada mañana una nueva versión de nuestro propio criterio. Defender. Soñar. Defender lo que soñamos. Revisar los lineamientos de nuestro idealismo basados en la nueva información que nos regala la prensa diaria. Café y un criterio de desayuno, por favor. Devolver la pasión a nuestro día. Intentar comenzar un día. Correr, tal vez, para retomar un poco de placer y disciplina. Para huir o para nacer. Comenzar. Deliberadamente arrancar con valentía (o algo similar) nuestro día.

Formar un criterio. Defender aquello en lo que creemos. Creer en algo. Justo ahí nos volvemos vulnerables: al defender a personas y no a ideas. En el momento en el que formamos nuestro propio criterio apoyado en quién nos dice qué y no en simplemente qué se nos dice. La información es la pauta.

Entiendo que sea demasiada la gente que no tiene un criterio propio. ¡Está bien! Lo que me cuesta trabajo es entender a cierta gente que dice tenerlo, y al final del camino vive copiando en carbón opiniones de otros. Yo creo con toda mi fuerza que debemos defender a ideas, no a personas. Cuando eso suceda tendremos mejores políticos, mejores periodistas, más intelectuales y menos seudo de todo. Menos todólogos opinadores y más conceptos de los que colgarnos. Entiendo que haya tantos sin criterio. No se puede exigir más de las masas. Pero sí se puede exigir más de la gente pensante. Generemos más ideas, menos chismes. Hablemos más de conceptos. No de personas.

El café de cada mañana tendrá otro sabor. Los colores del amanecer descubrirán nuevas texturas. Si empujamos a nuestras opiniones más allá de nuestras telenovelas, el intelecto trabajará de otra forma.

Sin escapar. Durmiendo. Pensando. Escapando. Sin dormir. Soñando. Inventando. Leyendo. Descubriendo. Mundos. Universos y pasiones. Mucho más allá de nuestros ojos. Somos ideas. Es hora de perseguirlas.

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DEBATES, ESCOTES Y CHISMES

Las páginas de los diarios deberían de estar llenas de discusiones políticas, no de chismes acerca del escote de la edecán del debate. Las páginas de opinión de los periódicos deberían estar hirviendo de expertos en finanzas con profundas disertaciones en las propuestas (inexistentes) del debate de anoche. Rebosando de expertos en política explicando las reformas presentadas por los candidatos. Pero no. El debate ayer fue un chisme: el debate de “y tu mamá también” lo llamaría yo. Chismes, que tú dijiste, que eres un mentiroso, que tus amigos son los malos, que un grupo de archienemigos, que no estabas, que te gastaste aquí que te compraste allá. ¡No mamen!

Pero no sé si eso sea lo peor o el chisme promovido por la prensa el día de hoy. Que ganó quién, que el otro dijo, que uno es apoyado y que el otro. Nos debería dar asco consumir “opinión política” como si hablaran de una carrera de caballos en la que se jugaban solo apuestas recreativas o enfermizas. ¡Es un país del que estamos hablando! ¡Un gobernador! Ustedes, señores periodistas, son (en teoría) la voz de una sociedad. ¡Cómo pueden exigir algo que no sea chisme de quienes pretenden gobernarnos si lo único que dan es chisme para informarnos! Dan más vergüenza ustedes, informadores. Porque son más lavanderas que los políticos. y precisamente ustedes son quienes deberían exigir lo contrario. O les parece algo más propositiva esta columna de Carlos Marín, el director de uno de los periódicos más leídos de México. Chisme. Nada más, alimentando a las masas fabricando telenovelas, buscando limpiar mierda con mierda. ¡Luego no se quejen de lo que obtienen los políticos! A los opinionólogos yo no les llamaría expertos, les llamaría habladores y charlatanes.

¿Hablar de la edecán de anoche? La sola aparición de ese escote en un evento así debería ser un tema abordado por todas las defensoras de derechos de la mujer del país. No solo fue de mal gusto, sino sexista y denigrante. La mujer como objeto en pleno siglo veintiuno, en una plataforma así. Es increíble. Pero lo más increíble es que no solo aparezcas en diarios alarmistas, sino en diarios “serios”. Y no con la indignación que el hecho merece, sino con toda la visión chismóloga de nuestros “expertos” en hablar.

¡Qué suerte que los medios de comunicación se están democratizando! ¡Qué suerte que cada vez los charlatanes y vampiros mediáticos son menos leídos!