BUENAS LECTURAS. MALAS COMPAÑÍAS


20110905-023246.jpgLas buenas lecturas son primas hermanas de las malas compañías. Eso lo pensaba mi abuela, o alguna abuela. No lo recuerdo, tal vez algún anónimo inventó la frase y la escuché. O tal vez la acabo de inventar en este momento. Ya no sé. Pero sé que tiene sentido la frasecita.
Siempre es un buen refugio leer. A mí, particularmente me gustan las historias, soy un aficionado de la narrativa, un gran amante de la prosa. Y de ahí viene una buena parte de mis problemas cuando hablo de libros. No me gusta cómo escriben muchos. Y es uno de mis grandes problemas con el periodismo impreso: no me gusta cómo escriben muchos. ¡Y se vale que no me gusten! Como se vale no gustar, como se vale que a alguien más le guste.
Lo siento, por alguna razón hoy ando de ácido. Leí una nota en la mañana en el diario Milenio en la que Carlos Marín compara la caída de la ETA en España con el creciente terrorismo mexicano. Independientemente de parecerme un texto sin el menor respeto a la belleza de la prosa, la analogía y sus argumentos me parecen de segunda. Eso arruinó mi lectura de la mañana. Y si las buenas lecturas son primas hermanas de las malas compañías, las malas lecturas deben ser primas hermanas de las buenas compañías, por eso tanta gente no lee, y tal vez por eso, la gente no critica lo que lee.
Una vez terminado mi paréntesis amargado, puedo comenzar con más cosas. Con sinceridad e irreverencia. Porque si no lo hago así, algo puede sucederle a mi hígado, o a mi corazón o a cualquiera de esos órganos que pueden sufrir con el amargue de un individuo amante de la prosa. ¡Ja!
Las buenas lecturas son un gran reto, viven y respiran del simple hecho de existir. Leonard Cohen decía que un escritor es alguien que siempre quiere decir algo, aunque no siempre tenga qué decir. Y eso es lo que hace la diferencia en su poesía: la necesidad de decir algo. Lo que sea. De ahí viene la voz, la cabeza, el más puro sentimiento que se enfrenta a un catastrófico mundo.
Y de ahí viene el surrealismo. Lo que yo entiendo por surrealismo.

Una salida al agonizante mundo real, al sabor amargo de las noticias que venden más si amargan más. Al absurdo criterio de unos cuantos vendidos que dicen ser líderes de opinión y ni siquiera tienen su propia opinión. A eso nos escapamos del surrealismo.
Y para eso queremos seres andróginos cuya cara es un gesto en nuestra mente, para eso queremos novelistas que nos inventen personajes. Para eso queremos escenas eróticas que nos hagan escondernos en una habitación para poder masturbarnos sin ser molestados y después seguir con nuestro día lleno de tráfico, de noticias de balaceras y de malos periodistas que se dicen malos escritores y no llegan ni a eso.
Para eso necesitamos ángeles cuyas alas solo sirvan para abrirse y mostrarnos ese cuerpo desnudo. Para eso queremos poesía. Para eso queremos prosa. Para eso queremos inventarnos en nuestro propio mundo. En nuestra propia vida.
Para eso queremos nuestra propia vida sociodigital. Nuestro arte sociodigital. Nuestras imágenes y nuestro erotismo. Para eso queremos gritar, tener voz. Y encontrar la forma alternativa de enterarnos de qué es lo que realmente sucede leyendo a quienes queremos.
Un solo monitor. Cualquier pantalla. Y el mundo comienza de ahí hacia dentro. Nuestro criterio debe basarse exclusivamente en encontrar calidad.
¿No es maravilloso?

AYER
CARRERA: Solo 38 minutos por falta de tiempo.
CONSEJO: Busca una lectura mágica al día para hacer a un lado a las malas compañías.
IMAGEN: Despertar

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