LO QUE NO SE VE

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Inspiración. Un día cualquiera que termina siendo un día no común. Todos los días extraordinarios comienzan exactamente igual que los días ordinarios. La diferencia la hace el tiempo.

No pasó mucho tiempo antes de comenzar a soñar, antes de evitar caer entre las nubes y un horizonte saturado de alucinaciones. No pasó mucho tiempo antes de que llegara la noche. Y tú con ella. O alguien disfrazada de ti. En la noche llena de tinta.

Seducción. Todos los días son el mismo en esencia, todos los días tienen noche y brillan a su manera. Todas las alucinaciones tienen un piso y un fin, todas las realidades tienen su fantasía. Tu cuerpo no fue la diferencia entre mis manos. Tu sudor fue alucinógeno al mezclarse con el mío. Tu saliva sicotrópica. De pronto descubrí que no sabía donde estaba. Enredado entre tus sábanas. En tu cama, cubierto con tu cuerpo. Con tus labios y mi lengua viajando entre sonrisas y gemidos. ¿Dónde estoy? El tiempo hace la diferencia en un día cualquiera. Ahora ya existimos.

Te busqué después de las nubes y después de la noche. Sólo te encontré en la más profunda tinta. Entre mis brazos no llorabas. Al penetrarte descubrí que eras de fuego. Y de nuevo tu sonrisa.

Inspiración. Otro día. El mismo. El de siempre. Espectacular presencia en mi memoria, en mis dientes atrapados en tu ombligo, en tus hombros, en los cuentos, en los libros. El papel de piel, nuestras manos de poesía. Nos perdemos, nos buscamos. Otro día. Ya existimos.

Neblina. La diferencia de cualquier día de verano. La imposibilidad de predecir el futuro, el espacio. Ese mismo que se acorta si te tengo. Con las manos finalmente te veo. En mi cama, una vez más. La misma. Todas. Tus gemidos en mi almohada prisioneros, desvelados entre aroma y melodía. Los sentidos. Cada uno abre una puerta para ti. Y al final somos poesía.

Todavía nos soñamos por la noche. Porque somos tiempo, aunque escondido. Porque un día cualquiera termina siendo uno. Y uno es el significado de todo.

Otra vez desapareces cuando llega por fin un nuevo amanecer. Fuego y sal en la memoria. Tal vez somos sólo sombras. El instinto de buscar la realidad.

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AMÉLIE NOTHOMB – VIAJE DE INVIERNO

Hace algunos años, tal vez a principios del 2007, cayó en mis manos un libro llamado Metafísica de los tubos.  No pude levantarme del sillón en el que comencé a leerlo hasta que lo terminé. El sillón era particularmente incómodo. Pero mi estado casi meditativo me impidió moverme. Lo terminé sin pensarlo, como si lo hubiese bebido. Acto seguido, comencé a leerlo de nuevo.

Así fue como conocí a Amélie Nothomb y su mágica prosa.

Prosa cuidada. Bella. Sarcástica. Surrealista. Desesperada. Apasionada. Inteligente. Ingeniosa. Poética. Sublime.

Seguí la pista a la escritora belga nacida en Japón hasta llegar a su más reciente publicación en español: Viaje de Invierno (Anagrama, Marzo 2011). Un libro de prosa cuidad, bella, sarcástica, surrealista, desesperada, apasionada, inteligente, ingeniosa y poética.

Una corta novela emocionante, de un humor tan ácido y un lenguaje tan preciso. Un viaje. O muchos viajes, sin tomar en cuenta el de invierno. Un espectáculo de la prosa moderna y de la creatividad de las letras.

La menos amorosa de las historias de amor, la menos romántica de las novelas románticas. Una singular travesía por las mentes de sus personajes.

Una sincera recomendación.

 

Viaje de invierno – Amélie Nothomb

Anagrama 2011