¡MARAVILLOSO SIGLO DE LOCURAS!

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Surrealismo. Poesía. Letras y momentos. Dada, hiperrealismo y cultura pop. Espacios en silencio, gráficos y fotográficos. Virtuales, digitales, reales. Tinta, papel y un teclado. Todo lo que vamos descubriendo con el tiempo, aquello que vamos acumulando en la memoria, o en el disco duro de la humanidad. Experiencias propias o prestadas. Pero accesibles para poder utilizarlas a placer.

Teorías del arte y la vanguardia. Del diseño y el buen gusto. Moda y equilibrio, pasarelas en las calles de ciudad. Dandismo, impresionismo. Prostitutas atoradas en un siglo XIX que se niega a regresar. Dadaísmo y espejismos en un viaje a la locura.

Baltasar Gracián escribió en el siglo XVII el Manual de las buenas costumbres. Los axiomas para evitar la vulgaridad. Picasso, tres siglos después, habló de la importancia comercial de su firma en contraposición su obra. Mientras tanto, Christian Dior definía lo que sería la moda y Luis Buñuel hacía surrealismo en la nueva corriente artística llamada cinematografía. Poco después, Tom Wolfe definía un nuevo estilo de la vanidad. Leonard Cohen convivía con los jipis sin poder ser uno de ellos. El buen gusto se va a Vietnam con los jipis y alcanza nuevos horizontes. Yukio Mishima logra establecerlo en el amor a la prosa de sus libros. En su propia definición de la belleza. Japón revive, mata a los jipis y toma al toro de la moda por los cuernos. Llega Steve Jobs y une le tecnología y el diseño.

El arte, la publicidad. El surrealismo que no ha muerto. El Warhol de los sueños. El Woddy Allen psicológico. Las películas de Bergman.

Y de ahí la ola del mal gusto. Televisión, radio, baladas, artistas fabricados. Muerte a la libertad de expresión real, larga vida a la cursilería y los cuerpos de plástico. Todo junto. Todo mezclado. Lo bueno y lo malo. El arte en los medios, la mierda en los medios. La poesía en la política, la muerte de los poetas en la política. El chisme político. El internet. La pluralidad del mal gusto. La nueva difusión del arte, los maravillosos blogs, la accesibilidad de la estética. El bum de la narrativa y el diseño gráfico en la vida cotidiana.

Hemos pasado por tantas cosas, la moda y la estética nos han llevado por tantos caminos hasta dejarnos en el hoy que no para. Los dandis no han muerto, los surrealistas no han muerto. Y el Manual de las buenas costumbres con 400 años de antigüedad es cada vez más vigente.

Nada podrá sustituir al buen gusto. Ni a la magia de la poesía.

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DADA Y UNA MUJER DESNUDA

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No puedo decir que soy un experto en dadaísmo. Tal vez no pueda siquiera decir que lo comprendo. Pero tampoco sé qué es lo que hay que comprender del Dada. He leído a Tzara y sus Siete manifiestos dada. He intentado escribir poemas dada en algún momento, muchos años atrás. Incluso he intentado dar una explicación a la importancia del dadaísmo en la creación artística.
Pero lo único que viene a mi mente en momentos como este es una copa de buen vino y una palabra: dada.
Hay una parte importante de la antiestética. Al menos yo encuentro algo de mucho valor a los silogismos no lógicos de dada, al arte irreverente e irrespetuoso, del colorido sistema antisistema de una sociedad artística que estaba a un paso de inventar el surrealismo. Hay una parte importante del sentido que nace del sinsentido. La elasticidad de pensamiento, el estiramiento mecánico de la mente. Es decir, mientras algunos gurús de la meditación encuentran fórmulas para quitar la estática de los sentidos y poder percibir lo que los rodea con más claridad, mientras que algunos grandes sabios buscan dentro de sí mismos una piedra filosofal luego de ver el fuego negro, el dada se pirtorrea de la estética, la estática y la lógica. Se pitorrea de la meditación y estira la mente para poder hacer nacer, de una u otra forma una ridícula fantasía con cuerpo de mujer.
Pero de una mujer hermosa, con perfecta simetría, con una armonía sin desafinar, quizá en un atardecer de mil colores semejantes al de una calle sin coches, pero el cuerpo de aquella mujer es perfecto, con unos pezones reales, con curvas y texturas, una mujer, que detrás de un árbol que arroja latas en lugar de hojas, luces en lugar de flores. Un árbol que no tiene secretos para acariciar con sus ramas con dedos de luciérnagas el cuerpo de esa mujer que permite vislumbrar un potencial orgasmo en los labios entreabiertos y los ojos profundamente cerrados, acostada en una cama de plumas moradas de algún ave que todavía no inventa un Stravinski muerto. Un fuego que se funde en el sudor a media piel, anunciado con una luna escondida burlándose del sol.
Puede o no ser dada. Puede ser una escena surrealista inventada por un cubista entrenado en pop art. ¡Qué más da! Yo veo alcanzo a ver ese fuego verde, o azul o berenjena. Alcanzo a ver los 360 grados de una esfera, alcanzo a ver la parte redonda de un cubo. Y luego intento saborear un poema silenciosamente.
¿No sabes leer poesía? No importa, cierra los sentidos. Léela en voz alta y dada. Desnúdate al leer a Segovia y dada. Inventa tu poesía con anuncios de chicle motita. Plagia frases de la calle y declámalas a una mujer al oído. Crea un happening con la cámara de tu teléfono celular. Escápate de la realidad, pero si lo vas a hacer, que sea con sentido. Corre hacia un lugar en el que abunden los colores.
Y dada.

AYER
CARRERA Y YOGA: No todavía. Ya casi.
NOVELA: Corrección
PROYECTO NUEVO: Un diario, pronto les cuento.

CONSEJO: Lee un pedazo de poesía en voz alta, toma una copa de vino a solas. Lee una vez más el poema luego de la primer copa de vino. Busca un poema más sensual, léelo en voz alta. Encontrarás algo nuevo en ti.

IMAGEN: Rubik esférico. Ojo de pescado hecho film. Dada