SILENCIO

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Nos buscamos en silencio, no había otra forma de buscarnos. Era urgente callar, como siempre, como lo es cuando dos personas se conocen a oscuras. Magistralmente logramos desvestirnos. En silencio. Los lunares de tu cuello me llamaron, leyeron poesía a escondidas. Los lunares de tu cuello me besaron mientras lloraba nuestra saliva haciéndose una. No escapamos porque no quisimos escapar, aunque hubiésemos podido lograrlo. Mi lengua recorrió tu espalda, mi mente tu silueta. Tus ojos callaban a los míos. Nuestros labios nos veían. Nuestras manos gritaban, gemían.

            Finalmente despertamos con furia a tu humedad. Nos lanzamos al vacío, sin permiso, sin planetas ni universo. Sin permiso: sin noche ni egoísmo. Nos lanzamos al placer sin preguntar las consecuencias.

            ¿Has soñado también con eso? ¿Has logrado en tu propia oscuridad sentir mis manos en tu espalda? ¿Has vivido mi presencia en tu locura?

            Nos buscamos en silencio, la poesía nos callaba. Era urgente ser poesía. Era urgente sublimar aquella intimidad. Era urgente ser nosotros, tenernos, bebernos, soñarnos de rodillas. Era urgente perdernos. En silencio, sin pasado y sin presente.

            Fue entonces, que sin ver nos lanzamos al olvido. Nos besamos como siempre con idea de cada luna, con la intensidad, con la que encuentro tus lunares desvelados. Fue entonces que te penetré con tanta fuerza, que nos fundimos en el brillo de un orgasmo. Y nuestro aliento. Y nuestros cuerpos. Empapados de sudor y de mentiras.

            No hubo otra forma de buscarnos y encontramos la pasión sin darnos cuenta, a la distancia. Con los sueños empañando a la verdad. No hemos sido sino extraños en un tiempo que se fuga. No hemos sido más que instantes de ilusión.

LA INOCENCIA

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La inocencia y sus mil máscaras. Mil pecados enmascarados de inocencia. Un recuerdo y cien sonidos. Al final todo es silencio. Trascendencia casi obscura y frustración de mil colores. Alma dicen alma. Gritos paradójicamente cautelosos. Encerrados en un somos sin orgasmo. Sueños sin cautela. Organismos misteriosamente espirituales disfrazados de placer y lluvia nueva. La inocencia de un destino que nos llama y en el fuego nos esconde la verdad

ESTA TARDE

photo(4)Mi proyección de una tarde es empapado de tus manos. Atrapado por la ausencia de tu piel. Mi proyección de una tarde es con el ruido de tu aliento por mi cuello, nos buscamos en la espera. Implacable sol de media tarde y yo añorando sin más tu tacto.

Mi mente te cubre en un abrazo, recuerda cada sensación. Mi mente siente tus senos en mi pecho, mis manos con paciencia en tu cintura: mi mente siente tu pierna con la reacción masculina de mi cuerpo. Mi mente descubre tus labios ansiosos, convertidos en abrazo y no en beso.

Mi mente luego te penetra y regresa al sonido de tu aliento. Al gemido. Te descubre entre la tarde y las paredes. Mis manos son ahora. Las tuyas te detienen y mi cuerpo embistiendo reconoce al tuyo. Una tarde y mi proyección de la misma.

Una y otra vez contra ti, escondiendo los sonidos. Reviviendo a nuestro instinto. Sudor. Una y otra vez empapado de tus manos. De saliva y de tu aliento. Una y otra vez: gritos ahogados. Mi proyección para una tarde es esperarte. Soñar con tus manos. Saber que no vendrás.

PALADAR Y MAGIA

chocolate1Paradójicamente, la libertad absoluta es un concepto relativo; sin embargo, nuestra vida no es sino un enorme conjunto de momentos, mismos que representan aquello que nos hará sentir o no libres, ya sea absoluta o relativamente. Aquí empieza mi historia, mi historia se llama Ella, y más adelante explicaré su relación con mi libertad y el absurdo concepto de cualquier absolutismo.

Primera parte: chocolate. Sus manos hacían magia, conocía la proporción perfecta entre ingredientes, la relación exacta y las combinaciones precisas. Todos aquellos sabores que no pueden siquiera pensarse juntos, ella los exploraba, los transformaba, los hechizaba y terminaba con un bocado de chocolate y su toque especial: casi místico. La sensación duraba segundos, pero eran segundos que vivían en la sangre, segundos en los que todo el cuerpo perdía el control y las emociones se convertían en sensaciones filtradas por la lengua.

Segunda parte: mi lengua tocó su cuerpo. Sus manos hacían magia,  y la primera ocasión en la que pudimos estar a solas lo demostró, el chocolate manipulado por ella era hipnotismo. Su cuerpo desnudo era solo una visión, un destello de fantasía envolviendo por completo mi esencia humana, con todas las partes que esto puede representar. Un toque casi amargo llevó a mi lengua en línea recta hasta su ombligo. Ahí el sabor fue tan dulce que empalagaba. No me permitió seguir, me obligo a dejar mi pecho presionando entre sus piernas, como si yo no fuera más que un instrumento para su primera etapa de placer, gemía mientras detenía con suavidad mis hombros. Luego tomó mi cabeza y con un dedo puso en la punta de mi lengua un sabor a chocolate único, distinto a todo, a sabores, a olores, a textura: distinto, sin más. Segundos después, mientras reconocía lentamente dicho sabor, sentí cómo mi boca se anestesiaba con una relación placentera, mis manos, mi cuerpo. Algo pasaba en mí. De pronto sentí como sus manos guiaban a mi cabeza. Luego, ya entre sus piernas, sentí la furia de su humedad en mis labios, en mi lengua, en cada parte de mi mente. Sus gemidos me penetraban por cada poro, cada vez con más intensidad mi boca la exploraba, cada vez su humedad gritaba con más fuerza. Justo en el instante en el que un orgasmo comenzó a surgir de ella, me obligó a penetrarla. A besar su boca mientras lo hacía. Yo había perdido el conocimiento mucho tiempo antes, o no lo había perdido, no sabía absolutamente nada. Hasta que, fuera de mí, logré observarme encima de ella, dentro de ella, gritando con toda mi fuerza mientras nuestras bocas intentaban callar nuestros alaridos sin lograrlo. Su orgasmo fue mío, el mío de ella. Su olor fue más maravilloso todavía que cada sabor que me había llevado a conocer.

Tercera parte: me di cuenta que ya le pertenecía. Iniciamos algo. Al menos eso pensé. Sin duda lograríamos algo, el tiempo nos llevaría de la mano a una vida en común. O algo. Yo le pertenecía.

Cuarta parte: la libertad absoluta es un concepto relativo. No la volví a ver. Como si nunca hubiera existido. Su teléfono pertenecía a alguien más, en su dirección nadie parecía haber escuchado nunca de ella. Por primera vez había sentido libertad, comprensión, plenitud, por primera vez había conocido a alguien que me escuchara a pesar de no tener voz, por primera vez logré gritar en vez de callar. Y terminé perdiéndome en ese silencio.

Hasta que la encontré, saliendo de mi trabajo, en el espectacular de la avenida principal. Era ella, la modelo del anuncio. Yo: un idiota. El mismo de siempre.

SUEÑOS INOCENTES

Blue watercolor brush strokesSueños inocentes. Todo empieza por ahí: un anhelo y la imagen de tu cuerpo. Un recuerdo, claro, ese no puede faltar, por mínimo que parezca. Tu pecho contra el mío, mi abdomen contra el tuyo: tus pezones intentando llegar más allá de mi camisa y mi ombligo buscando acercarse más al tuyo. Casi a causa de un error perfecto siento la piel de tu cara, tu aroma avasallante. Mi cuerpo reacciona, y seguimos siendo un simple abrazo. Atención. Somos un abrazo. Eso es extraño, generalmente nos abrazamos, regalamos o recibimos un abrazo.

No. Esta vez es diferente. Somos un abrazo.

 

¡Público! ¡Atención! Me he convertido en un abrazo. Tengo tu cuerpo atado a mí enredado como tengo la memoria que te busca, que te encuentra sin buscarte. Enredado como tengo mis ideas que te desean a pesar de no deber hacerlo. Enredado como un solo cuerpo envuelto en una toalla al salir de la ducha, cubierto de la humedad y del refrescante calor. Nos convertimos en un abrazo.

Es ahí, justo ahí, donde descubro tu cuerpo.

 

Acto seguido, tu cuerpo. Tercera etapa en la metamorfosis que busca llegar a formar parte de ti. No estoy loco, ningún loco podría comprender la curva de tu cadera con sus manos, o el fuego entre tus piernas con su propia entrepierna. Ningún loco podría sentir la dureza de tu pecho desnudo, el calor de su sudor, la reacción de tus pezones al sentir la fuerza de mi lengua al explorarlos. Ningún loco reconocería el más mínimo detalle de tus respiración al volverse gemido, de tu aliento enredado en tu sudor, de tu sudor atado al mío. Ningún loco podría compartir su propia entrega en forma de una erección que lanza a un lado la ropa por sus propios medios. Ningún loco.

O solo un loco que te busca como se busca la prohibido.

 

Sueños inocentes. Todo termina ahí. En la entrega y la compenetración completa, en un orgasmo que son dos, en dos orgasmos que se suman en contra de las leyes matemáticas para convertirse en nada. En esa nada que termina siendo equivalente a todo. Ahí nos encontramos. Gritos sin sonido, sonido sin gritos, alaridos. Placer. Deseo buscando deseo, pidiendo deseo. Placer. Soñando con su propio placer. Con la descripción perfecta de un encuentro. Nos convertimos en orgasmo luego de ser abrazo. Te lleno de mí, llenas al tiempo mi boca con tu lengua.

Descubro que te pertenezco por completo.

 

Como quien conoce todo lo que está perdido, como quien anhela todo lo que poco a poco se escapa mientras el mar y su marea me arrancan para siempre y de golpe la vida.