MEDITACIÓN

Me adentro en la poesía inconsciente de una hegemonía sagrada. Busqueda perpetua. Impaciente. Con ansiedad analítica disecciono mis sentimientos para encontrar un espacio en vacío y refugiarme en él. Paso a paso viajo de letra en letra, creciendo de color en color, de rojo en rojo, azul muy tenue del que no puedo colgarme, buscando el blanco para refugiarme. Y no sé quién soy. Y no sé qué soy. La poesía me habla en aquel lenguaje que yo mismo inventé en otra vida y que hoy no puedo traducir. La frustración de ser extranjero de mi propia lengua. ser desierto a la vez de paraíso tropical. La poesía me seduce en aquel idioma que ya no puedo entender. Y mi mente cae rendida a sus encantos: mis manos se congelan y no pueden hablar. Mis labios hablan sin saber lo que dicen. Después la lluvia, la nieve, el frío. El corazón cansado de mi alma vieja. La congelada ansiedad de un espejismo. Me adentro en la constante hegemonía de una percepción de libertad.    

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CONTAR UNA HISTORIA

  
Una historia es unos ojos, un cristal transmitiendo sentido a los hechos de los que algún alma será testigo. Una historia es un par de oídos, la música y la voz: los ruidos.

Una historia es aquello que presenciamos o que alguien presenció y nos transmitió, o algo que buscamos, o algo que nuestra mente nos cuenta en secreto, para otros oídos, para otros ojos.

Mientras tanto, la narrativa busca ser liberada. Las palabras intentan encontrar su propia danza para hacer belleza más que sentido o rudimentario sentido tal vez. Pero buscan su acomodo para no sobrar, para no faltar, para hacer de la poesía una imagen, para brincar de un concepto a un delirio. Para arribar a esa mente que ávidamente las espera.

Hoy la historia es pensamiento. Metáfora ardiente que viaja por mundos llenos de color. Por ciudades de libros y conocimientos ancestrales, por nuevas caras y nuevas pieles, nuevos acentos y nuevos olores. Nuevas sonrisas. Hoy la historia es pensamiento y música. Nada más. Un cielo azul reflejado en paredes de piedra. Voces de mil razas, cantos de mil lenguas.

Todo esto para llegar a este instante: al momento en que sueño con saber más de ti.

Y así, precisamente así, comienza la historia.

HUMEDAD DE COLORES

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Un lienzo. Pintura. Mi mente enfocada en un delirio, nuestro. Completo. Mis manos sucias procurando encontrar figuras en la luz de aquel abstracto. El deseo poco a poco liberando su pasión. El lienzo era grande, suficiente para abarcar un cuerpo humano. Tal vez dos. La combinación de los colores tenía que ser precisa, los trazos determinando una nada, buscando una idea. Esa violencia derrochada, escondida en lunas tibias.
De pronto tus ojos, la conciencia de tu aroma. Tu presencia. Apareciste entre sueños, libertad y frenesí. Con los pensamientos en blanco y las sensaciones desbocadas te tomé de la cintura presionándote contra mí mientras mi boca decidía por sí misma besarte con toda la fuerza de la que era capaz. Tus labios respondieron audaces: comunicación definitiva: dos bocas, nada más. Entre ellas descifraban los secretos del vacío, respondían al mundo, creaban un mundo nuevo. La saliva se mezclaba sin poder contener su propio placer. No era un beso, era la raíz de todo sueño.
A decir verdad no supe en qué momento arranqué tu ropa, o en qué momento desgarraste la mía. No supe en que momento terminó tu espalda tendida sobre el lienzo, cubierta por completo de pintura, creando formas, una obra de arte perfecta, mientras tus piernas daban espacio a mi cabeza para recorrer desesperadamente con mi lengua tu humedad, mi lengua te penetraba sin piedad mientras que tu espalda, en movimientos irregulares me llevaba hacia mí, la textura de los acrílicos, fríos, suaves ayudaba a mi lengua a presionar la llegada de ese orgasmo, tú sabías que tu espalda creaba, tu sexo sabía que eras libre, que formábamos parte de un todo de belleza. Tu piel me contaba en secreto que estabas a punto de lograrlo. Entonces, sin poder resistir, moví mi lengua hasta tu boca, pasando rápidamente por tu ombligo y tus pezones. Te penetré en un solo movimiento casi musical, casi místico. No pudiste controlar un grito al sentirme dentro de ti. Tuve que parar para contenerme. Respiré. Unos segundos después embestía de nuevo, lo hacíamos rítmicamente hasta que tomaste por completo el control. Las palmas de mis manos manchadas de pintura sobre el lienzo al tiempo que la fuerza de mi cuerpo vivía solo para ti. Me tomaste por los hombros, violentamente, y sin dejarme salir de ti pusiste a mi cuerpo de espaldas contra el lienzo, haciéndote cargo de cada movimiento sólo tú. Sólo tú. Tomaste mis manos para llevarlas a tus senos. Y te movías, libre, sin mí. Disfrutabas de mi cuerpo sin prestar importancia a mi presencia. El ritmo era tuyo, mi cuerpo era tuyo, mi erección dentro de ti era tu juguete sexual del que hacías uso a tu entero placer. Me usabas mientras gemías, tus gotas de sudor caían sobre mi cuerpo manchando de morado mi pecho, el lienzo, mi cara. Tus gotas de sudor lograban empapar todo rastro de ilusión no contenida.
Quise mover mis manos a tu cintura, no lo permitiste, casi con enojo las llevaste de nuevo hasta tus senos. Mis dedos en tus pezones, presionando con fuerza. Mi cuerpo reaccionando a ti, a cada movimiento, danza ardiente de tu cuerpo contra el mío. Veías cómo esa tela blanca detrás de mi espalda creaba una nueva obra de arte con tu cuerpo, con el mío. Apretabas mi cuerpo con tus piernas, ahora embestías tú, provocando a mis gemidos. Me poseías por completo, mi pelvis empapado de ti. El olor de tu humedad, del sexo, del arte y la pintura nos llevaban de la mano a otro destino, a ese universo desconocido hasta ese instante. Te pedí permiso para terminar. Permiso denegado. Espérame dijiste. Espérame. Repetías una y otra vez con diferente entonación, subiendo el volumen. Espérame. Entre aliento y gritos. ¡Espérame!, seguido por un gemido ahogado de placer sin nombre. Dejaste ir un tenue. Ya. Detuve tu cadera fuertemente con mis manos para que sintieras mi explosión. Gritamos de nuevo. Juntos. Te dejaste caer contra mí a besarme despiadadamente. Olvidando los límites de nuestros labios terminábamos de compartir ese orgasmo pasando la lengua por las caras, por la boca, por las lenguas.
Luego te quedaste reposando en mí, descansando, observando el recorrido de la pintura de colores diluida con sudor.
Entonces, el tiempo desapareció. Desbalance de hipotéticas locuras. No sé cuándo ni dónde. Cómo. No supe nada más. No sé más. No encuentro expresión ni libertad después de ti. Tus ojos cerrados en mi mente. Tu sonrisa tímida.
El concepto de crear y revivir. Todo en un nosotros de niebla y distancia. Porque nunca hemos coincidido. Mi locura te inventa en su propia imaginación.

DELIRIO

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Caída libre. Instrucciones para un patético delirio. El avance atípico de mi lengua por tus muslos. Norte. Indiscutible libertad por un segundo. Caída libre. Sin nostalgia. Tu saliva, mi saliva, nuestras lenguas. Infinito. La pared: tú recargada en ella. Yo contra tu cuerpo. Instrucciones de locura. Caída libre. Momentánea. Furiosa y sensible. Pretensiosa insinuación en medio de un orgasmo. Lujo y cristalino aterrizaje. Patético destino si no estás.

MIRADA EN CONSTRUCCIÓN

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Sin buscar sensaciones nos convertimos en historia. En secretos y guaridas. Me convierto en tu saliva para irte recorriendo muy despacio. Sin buscar sensaciones nos perdemos en nosotros. Un roce, tal vez, la construcción de una nueva imagen de una imagen de siempre, de un nosotros silencioso. La construcción de nuestras propias sombras hechas texturas.

            De pronto todo es un abrazo, tan breve y a la vez eterno. Tus ojos. Luego tu cuerpo: mi cuerpo. Nosotros y un exilio desinhibido que se desnuda para hacernos entender de pasión y otros demonios. De pronto todo es un abrazo, tu pecho contra el mío. De pronto todo es un silencio. De pronto todo eres tú. Tus ojos. Luego tu cuerpo: nuestro cuerpo fundido en un delirio de humedad. Tus labios me buscan sin esperar más sensaciones. Somos beso y somos lluvia. Somos frío y delirio en construcción.

            Sin buscar sensaciones nos convertimos en orgasmo. En luz y sombra, en deseo sin callar. Tus ojos. Luego el delirio, el misterio y el secreto. Nuestros besos escondidos entre ruinas y sonrisas. Luz y sombra: quizá sólo seas parte de más sicótica imaginación.

LUCES LIBRES

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Las luces libres. Desprovistas de ilusión. ¡Ja! Al fin y al cabo extrañas. Los colores, ¡qué más! Egoísmo en pleno invierno. Tú no estás y mi cuerpo te busca, tú no estás y mis manos te habitan. La luz te extraña, te acaricia, te penetra, te dispara con su fuerza y te llena por completo la sangre, el orgasmo, las entrañas. Oscuridad traicionera disfrazada de fantasma, si estuvieras aquí te devoraría sin miramientos, te destrozaría entre sudor, orgullo y gemidos. Luces libres, no huyan, vuelvan a este instante de placer.

            Si estuvieras aquí serías mucho más que un beso.

OTRO ESPACIO. NOSOTROS

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Sabía lo que callaba cuando descubrí a escondidas tu silueta. Sabía lo que ocultabas y yo también callaba. Lloraba y te sentía de frente a la madrugada. Volaba sin secretos a tu espacio. Callaba. Viajé de noche y dormí de día. Regulaba la temperatura de tu cuerpo con caricias. Sabía lo que aquel silencio me decía. Sin dejar de pensarte de pronto amanecí. Siendo tuyo, sin alternativa. Sabía lo que callaba cuando te besé. De vuelta a la ignorancia del pasado nos escondimos de todo ruido. Callamos. Únicamente para convertirnos en dos lenguas enredadas. Después nos desvanecimos en la noche.