CONTAR UNA HISTORIA

  
Una historia es unos ojos, un cristal transmitiendo sentido a los hechos de los que algún alma será testigo. Una historia es un par de oídos, la música y la voz: los ruidos.

Una historia es aquello que presenciamos o que alguien presenció y nos transmitió, o algo que buscamos, o algo que nuestra mente nos cuenta en secreto, para otros oídos, para otros ojos.

Mientras tanto, la narrativa busca ser liberada. Las palabras intentan encontrar su propia danza para hacer belleza más que sentido o rudimentario sentido tal vez. Pero buscan su acomodo para no sobrar, para no faltar, para hacer de la poesía una imagen, para brincar de un concepto a un delirio. Para arribar a esa mente que ávidamente las espera.

Hoy la historia es pensamiento. Metáfora ardiente que viaja por mundos llenos de color. Por ciudades de libros y conocimientos ancestrales, por nuevas caras y nuevas pieles, nuevos acentos y nuevos olores. Nuevas sonrisas. Hoy la historia es pensamiento y música. Nada más. Un cielo azul reflejado en paredes de piedra. Voces de mil razas, cantos de mil lenguas.

Todo esto para llegar a este instante: al momento en que sueño con saber más de ti.

Y así, precisamente así, comienza la historia.

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FICCIÓN EN TIEMPO REAL

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Tiempo real. Inmediatez en una historia. Ficción que deja de ejercer su papel casi instantáneamente para convertirse en verdad a medias. La maravilla y el delirio de la velocidad. De las letras que se transportan de la mente a miles de ojos en menos de un segundo. Otra época de la comunicación. Otra época de la literatura. Otra época para la crítica, para el arte, para la pornografía, para las relaciones, para las virtuales, para las reales, para las caseras, para las profesionales, para las producciones, para las contribuciones, para la música, para el diseño, para las noticas, para la ciencia, para la filosofía, para los descubrimientos, para los inventos, para los placeres, para las religiones, para las instituciones, para las asimilaciones, para las informaciones, para las desinformaciones, para la nostalgia para la ilusión. Para las matemáticas y su inteligencia en multiplicidad.

¿Qué pasó con Alejandra? La encontró la policía pensando que era Vanessa por los documentos falsos, de ahí fue en busca de Alejandra que era Vanessa y acababa de matar a Alfredo. Vanessa llegó a la jefatura y con sus huellas digitales notaron que no era Alejandra, pero fue encarcelada por homicidio. Y Alejandra, con una nueva identidad escapó del país para continuar siendo espía.

O algo así. O todo eso. No importa. Lo importante fueron los segundos en los que alguien leía. Cada uno de los tuits que contenían un pedazo de historia. Algo similar a las novelas por entregas en revistas o manuscritos, pero en exprés. Todo volando. Las partes volando. Solo son segundos lo que cabe en 140 caracteres. La gente tarda un segundo en leer. Y en un par de horas ya son decenas y decenas de entregas. Con capacidad de cambio, de improvisación. De insinuación. Y de comunicación entre lector y escritor.

Publiqué mi primera novela en 2001, en la era del e-mail. Mi carrera literaria ya incluye críticas directas y casi inmediatas. Pero hoy todo es distinto, hoy puedo ir conociendo en tiempo real la reacción de uno o varios lectores.

Por lo tanto, es momento de pasar a otro nivel en la narrativa. ¿A cuál? No tengo idea. Pero disfruto mucho haciendo experimentos. Porque amo a la prosa. Porque amo a la poesía y a la ficción. Porque amo la oportunidad de descubrir mundos nuevos. Gracias a todos quienes me acompañaron esta mañana. Y a los que no, también.

Por si no conoce usted mi cuenta de Twitter, la dejo aquí: @JCOHEN77