CONTAR UNA HISTORIA

  
Una historia es unos ojos, un cristal transmitiendo sentido a los hechos de los que algún alma será testigo. Una historia es un par de oídos, la música y la voz: los ruidos.

Una historia es aquello que presenciamos o que alguien presenció y nos transmitió, o algo que buscamos, o algo que nuestra mente nos cuenta en secreto, para otros oídos, para otros ojos.

Mientras tanto, la narrativa busca ser liberada. Las palabras intentan encontrar su propia danza para hacer belleza más que sentido o rudimentario sentido tal vez. Pero buscan su acomodo para no sobrar, para no faltar, para hacer de la poesía una imagen, para brincar de un concepto a un delirio. Para arribar a esa mente que ávidamente las espera.

Hoy la historia es pensamiento. Metáfora ardiente que viaja por mundos llenos de color. Por ciudades de libros y conocimientos ancestrales, por nuevas caras y nuevas pieles, nuevos acentos y nuevos olores. Nuevas sonrisas. Hoy la historia es pensamiento y música. Nada más. Un cielo azul reflejado en paredes de piedra. Voces de mil razas, cantos de mil lenguas.

Todo esto para llegar a este instante: al momento en que sueño con saber más de ti.

Y así, precisamente así, comienza la historia.

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SILENCIO

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He callado tantas veces. Soy silencio a media tarde. He sentido tantas veces la incomodidad absurda de las letras dirigidas al vacío. Imponer la regularidad de un sueño recurrente como arma para salir del laberinto ha demostrado ser una estrategia fallida. Dibujar tu nombre con alcohol y sangre ha resultado ser más doloroso que cualquier atardecer de aquel poema. Letras dirigidas al vacío. Tarde plena, sin nubes, sin rastro de nubes. He callado tantas veces que hasta hoy descubro que no estás. La razón inútil no consigue establecer que te he perdido. No logro siquiera recordar tu sonrisa. El yugo insoportable del silencio, soledad desesperada. La resignación seguramente es necesaria. Pero el juego de recuperarte opaca al espacio que alguna vez compartimos. La resignación es necesaria. Cuántas veces hemos sido promesas: promesas rotas vueltas a romper. Fantasías inexistentes convertidas en promesas rotas. He callado tantas veces y veo tu cara en el recuerdo. El absurdo entierro de un pasado que aún respira. Fuimos viento con tendencia a la mentira, aroma de esperanza sin luz y sin consuelo. He callado tantas veces que regreso al laberinto. ¡Qué me han enseñado tantos años! ¡Qué me ha demostrado esta ceguera! La soledad obligatoria es a veces necesaria. Frenesí de mil colores. Arte empapado de lujuria. Tanta falsedad en mi silencio. Tanta falsedad en mil verdades: una sola mentira y mil verdades. He callado tantas veces que vomito la tristeza de la ausencia de tu voz. De pronto regresaste, y no encuentro el escondite del dolor.

OTRO ESPACIO. NOSOTROS

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Sabía lo que callaba cuando descubrí a escondidas tu silueta. Sabía lo que ocultabas y yo también callaba. Lloraba y te sentía de frente a la madrugada. Volaba sin secretos a tu espacio. Callaba. Viajé de noche y dormí de día. Regulaba la temperatura de tu cuerpo con caricias. Sabía lo que aquel silencio me decía. Sin dejar de pensarte de pronto amanecí. Siendo tuyo, sin alternativa. Sabía lo que callaba cuando te besé. De vuelta a la ignorancia del pasado nos escondimos de todo ruido. Callamos. Únicamente para convertirnos en dos lenguas enredadas. Después nos desvanecimos en la noche.

NUESTRA OSCURIDAD

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En medio de la oscuridad fuimos promesa. Pasión y vino. Arrebato de egoísmo. En medio de la oscuridad fuimos deseo. Silencio. Conciencia. Fuimos sonrisa creciendo, placer a escondidas. Fuimos de fuego. En medio de la oscuridad somos de luz, y no callamos. Gritamos envueltos en pasado. Ilusiones envueltas de futuro. En medio de la oscuridad somos estatuas: esculturas misteriosas que sorprenden al deseo. En medio de la oscuridad somos abrazo, un casi beso y mil palabras escondidas.