UN ORGASMO DE COLORES

20110830-094530.jpgFinalmente llegaron a mi casa los libros. Ese es el primer tema. He encontrado un secreto para poder seguir construyendo mi vida en una base de colores. Ese es el segundo. Creo (y conforme van pasando los años voy confirmando mi teoría) que de tener la oportunidad de escoger una carrera universitaria este momento, sabiendo lo que sé, hubiese escogido física o matemáticas puras.

La primera parte, en el entendimiento de que me da igual el orden establecido en el párrafo anterior, voy a hablar de una mágica leyenda, de la piedra filosofal de la civilización actual, del ingenio detrás del mundo digital, del genio detrás del ingenio.

Ella se llamaba R, así, sin más: R. Y es la protagonista de la leyenda.

 

Para hacer esta leyenda más leyenda, usaré castillos y princesas. La princesa R se miraba al espejo cada noche, en el instante preciso entre el vestido y el camisón, soñaba con ella misma, admiraba el color de su propia piel, la forma de su cuerpo, su figura, admiraba sus labios, sus dedos, sus piernas, admiraba el viaje que sus dedos hacían por su abdomen hasta llegar a sus muslos, sus ingles, hasta despertar su propia humedad y el deseo en sus más fervientes fantasías. Su mente dibujaba letras, poesía que invadía sus sentidos, sus sensaciones, voces ocultas que la seducían, que desprendían su instinto consumiendo la vida de su piel hasta dejarla casi gris, en un oculto grito disfrazado de orgasmo en el que la princesa R apretaba sus piernas dejando prisionera por unos instantes a su mano entre ellas. Un gemido que lograba que la luna se apagara por un instante, y hacía que sus sueños fueran siempre blanco y negro. La princesa R dormía profundamente.

Un día, llegó a su castillo un libro, de pasta dura, elegante, un libro hermoso. R quería que llegara la noche para poder compartir con sus dedos y su espejo la magia de su nuevo libro de poesías.

Pero de pronto, al llegar la noche y abrir el libro, se dio cuenta que sus páginas estaban en blanco. Y fue así como tuvo que ir descubriendo los colores para conocer el mismo orgasmo de cada noche.

Primero fue el amarillo, en sueños sicodélicos. Luego el naranja en la búsqueda del rojo. El verde lo encontró en el camino. Finalmente encontró el rojo que le provocó el éxtasis supremo. Y de ahí, el azul, porque no encontraba otra manera de apagar el rojo de su alma.

Al conocer estos seis colores, descubrió que había dejado de ser princesa. Era una mujer, una mujer con orgasmos de colores.

 

Por lo tanto, la ciencia. Física, matemáticas puras. Ecuaciones de espacios interminables, de paréntesis meditativos en una mente humana que no para de luchar por liberarse. De ahí, la creatividad, la filosofía, el arte, y los colores. De la ciencia, de una parte de la ciencia que rompe estructuras con estructuras y enseña a una mente creativa a pensar, a llegar más lejos, a viajar.

La mente que creó la geometría, la física, la teoría del color y de la luz. La mente que creó la fotografía y la perspectiva. El conocimiento que DaVinciano que  se perdió con los siglos. Con más conocimiento y ejercitación de la mente humana podría llegar a ser un artista, tal vez, o un programador, o geek. O experto en páginas web. Sin duda, la ciencia sería el camino que seguiría.

Hasta que llegan más de diez años de mi vida en libros que vivieron almacenados desde hace meses y meses. Llegan a mi casa. A ese lugar en el que he establecido mi nuevo estudio, mi nuevo espacio. Cientos de libros. Los veo, los huelo, busco los separadores que viven en ellos, noto como algunos de ellos incluso cambiaron de color como los dientes de las personas adultas.

Y me doy cuenta que lo único que busco en la vida es un libro de hojas en blanco que me ayude a hacer más intensos los colores de mis propias letras.

Seguramente en una noche de copas en mis sueños conocí a la princesa R narrándome sus aventuras con ecuaciones matemáticas.

Seguramente.

 

AYER

CARRERA: Correspondían 750 metros de nado según mi entrenamiento. Así fue.

YOGA: ¿Alguien sabe de algún buen centro de yoga en la zona de Santa Fe?

MEDITACIÓN Profunda 7 minutos.

NOVELA: CERO

 

CONSEJO: Compra un Rubik Cube en intenta descifrar la cara blanca. Cuando lo logres sin ayuda de Google, me cuentas.

 

IMAGEN: Mis libros y mi Rubik Cube. Los colores en tu mente.

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ORGASMOS INTELECTUALES

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Algunas veces he pensado que cuando dejo escribir a mis manos sin dejar a mi cabeza interferir es cuando salen mis mejores textos. Todavía no sé si sea verdad o no. Recuerdo haber descubierto esto por primera vez cuando tenía 18 años o algo así, con el tiempo lo fui convirtiendo en un ejercicio hasta que años más tarde decidí poetizar la frase diciendo que al único ser a quien confiaría mi firma es a mi propia mano, sin ayuda de mí.
Posiblemente hoy comprenda que existen ciertos estados meditativos que hacen que mi afirmación de hace años sea cierta. Sin embargo, no he encontrado la forma de saber utilizar dicho estado, cada vez me cuesta más trabajo desentenderme de mis manos para poder escribir, y cada vez me gusta más lo que logro cuando lo hago. Esto quiere decir, si lo traducimos a la gente aterrizada en el planeta Tierra, que cada vez encuentro menos textos de mi autoría con los que me sienta absolutamente cómodo u orgulloso (o algún otro adjetivo que me esté brincando).

Y ya que en esta ocasión mi coco también está formando parte operativa del presente texto, aprovecho para dar estructura al mismo. Este párrafo hablará del perfeccionamiento de los placeres intelectuales en su más profundo estado. Por ejemplo, escribir.

Este otro párrafo hablará del inicio del placer de una buena conversación. Y de aquello que no se comprende muy bien en las relaciones interpersonales del homo sapiens promedio.
Existen ciertos estados meditativos que alcanzan un estado de relajación tal,
que permite que la mente se enfoque en ciertos temas específicos para poder evolucionar con ellos, comprenderlos, o resolverlos: la mente en dicho caso
actúa como ser independiente al resto del cuerpo, este es uno de los usos de
los mantras. Y es una sensación parecida a la que yo sentía a los 18 cuando
“dejaba a mi mano” escribir por mí. Es un momento placentero que va más allá
del cuerpo mismo, que va más allá del concepto de placer que tenemos los seres
humanos, es algo así como alcanzar un largo orgasmo intelectual.

Ahora, como estoy haciendo las cosas con cierta estructura, debo de aprovechar esta tercera parte de mi artículo para concluir. Intento, con permiso.
El placer de la conversación es encontrar, luego de una serie de preguntas y respuestas inteligentes, ese estado meditativo que solo se alcanza conectándose con alguna actividad profundamente intelectual encerrado en uno mismo, pero con otra
persona y hablando. No sentados, en silencio, no con los ojos cerrados, tal vez
con una copa de vino en la mano, o después de muchas, tal vez en medio de un
ruido constante que emanan todas las personas alrededor.
Esta gran conversación va más allá del cuerpo, va más allá de la dirección de la mente o de la capacidad analítica de la misma, esta gran conversación lleva
directamente a deshacerse de los cuerpos en un estado de conexión particular,
para alcanzar el mismo estado meditativo que te llevará a lograr descifrar
problemas o a aclarar conceptos.
Pero sobre todo, y sin duda, te llevará a alcanzar ese largo orgasmo intelectual.

AYER

CARRERA Y
MEDITACIÓN: Suspendidas hasta el próximo miércoles

NOVELA: Error. Cero.
Estoy en deuda con más de mil palabras.

IMAGEN:
El estado meditativo de una lata de refresco

CONSEJO: Deja a alguna parte de tu cuerpo hacer algo sin la ayuda de tu cerebro: pinta, escribe, dibuja, toca algún instrumento o resuelve algún problema matemático. Pero no pienses.