DADA PERDIDO EN MI DESPENSA S. XXI

Lo siento. El arte no te pertenece. No te pertenece porque está en mi despensa. El arte se come frío. A veces caliente. A veces no se come. El arte sale a comprar helado. Pero no te pertenece. Le pertenece a las bolsas de pan que no han sido abiertas. Le pertenece a una fruta echada a perder. El arte no te pertenece y por eso no es poesía.

El arte no me pertenece.

Por mucho que lo busque en mi despensa.

MANOS, CARICIAS Y TINTA

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Dejando escribir a mis manos voy al encuentro de tu saliva. No tengo opción. Dejando escribir a mis manos veo la noche. La ventana, el surrealismo que me incita, veo colores, desteñidos atardeceres, ensangrentados amaneceres. Huelo café, cuando las manos escriben sueño sueños de madera, letras tridimensionales conformando nombres sobre nubes, elevando sensaciones, recomendando sinfonías.

Dejo escribir a mis manos por el placer de verlas, por el placer de sentir las teclas siendo golpeadas suave o salvajemente por mis dedos. Disfruto del sonido. De cada parte de escribir, de la tinta que hoy no es tinta, de la hoja que ya no es hoja.

Dejo a mis manos escribir para poder hundirme en ti. ¿Comienzo a sonar a carta? Me vale madre, son mis manos. Me hundo en ti, con letras, con fantasías hechas imágenes descritas por mí. Vívidas, vividas. Sin un gramo de inocencia te desnudo. Eres tan real, inmensamente real poniendo tu espalda en la palma de mis manos dejándote acariciar, poniendo tus labios en camino de mi cuello, poniendo tus nalgas en la punta de mis dedos, poniendo tus pechos en mis dientes. Eres tú. Libre, laberíntica. Libertina en mi delirio. Eres tú en mis manos porque son quienes te escriben, te describen. Mis manos te comparten, con mi lengua, con tu propia lengua, te comparten con el aliento, con los gritos, con los gemidos, con el sudor que mezclamos. Me llevan a tus pezones con más fuerza, a tu pelvis vuelta loca. Me llevan a penetrarte con furor.

Son solo mis manos quienes escriben. Te describen. Buscan tu número telefónico, te marcan. Me cambian el nombre, te cambian el nombre. Me cambian la cara. Te vuelven otra, te llevan de la mano fuera del hotel imaginario hasta llevarte a tu lecho matrimonial, en el que alguien que no soy yo te besa. Te dice que te ama.

Y mis manos solo ríen. Saben que no soy yo.

TELEPATÍA (NO TE HAS IDO)

Me mentiste
No. Te convertí en surrealismo
¡Mentiste!
No. Te perdí en mi laguna de cristal
Eres sueños desbocados
Engaño, tal vez
¿Me mentiste?
Incorporé tu textura a mi erotismo
Con tu lengua me desnudas
Sin embargo, nunca te mentí
Pero disfrutaste mi cintura
Ambos somos tu cintura
Te refugias en mi pecho
Te beso
Te toco con furia
Te desvelo
¡Me mentiste!
Con la pura madrugada del placer
No te vayas
No me he ido
Nos buscamos entre piel y soledad
Somos fuego sin reservas
Tu sudor no puede ser mentira
No te vayas
Me mentiste
Sigo aquí

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LA SUPREMA POESÍA (DÍA DEL MÚSICO)

Los músicos son los supremos poetas. O la música es la sublimación de la poesía. La poesía aspira a convertirse en música, a alcanzar su nivel de pureza, aquel nivel de perfección transparente. La poesía busca convertirse en música. Métricas, ritmo, musicalidad, armonía. Sentido. Sensación y sentimiento. Transmisión de sensaciones, parámetro extrasensorial.

La música es la cúspide de la jerarquía de las bellas artes. Trono. Reina. Corona. La música es el sentido estético de la profundidad del cosmos, del temor a los dioses, del amor a los dioses, del coito entre los dioses y las diosas. La poesía es la evaporación del egoísmo para convertirse en lluvia recitada e impregnar de belleza al terrenal escaparate de humanos en venta.

Los músicos son poetas sin necesidad de palabras. Con la capacidad de poner música sobre música. Un instrumento sobre otro, sobre otro, sobre otro. Juntos. Separados. Coordinados. Independientes. Pero siempre en armonía. Siempre con precisión, siempre con vida y belleza. De no ser así, no cumple con el resultado de la suprema poesía. La música es la verdad más absoluta. El lenguaje que sentimos pero que no podemos descifrar.

La música es la vida de la tinta. Es la inmortalidad del papel. La música es la máxima aspiración del arte. Pureza y libertad.

La sinfonía desvela la verdad de un mundo paralelo que no han logrado descifrar aun las letras. La sinfonía es la madre del poema.

No importan los años, los siglos, mientras el papel pueda seguir siendo leído seguirá cobrando vida.

¿Alguna vez has escuchado de mayor magia que eso?

LA ERA DEL ARTISTA

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De pronto pienso en Woody Allen. En su formación como cineasta hace muchos años: un gran admirador de Ingmar Bergman, un gran aficionado del cine, apasionado de la música, enamorado de la literatura. Un neoyorquino cultoide de los años setenta. Judío, medio intelectual, medio gracioso, medio feo, medio pelirrojo. Y decidió hacer cine, pudo haber ido detrás de su admirado Bergman, o de su icónico Buñuel, pudo haber hecho muchas cosas en el cine en aquel entonces, pero decidió hacer algo distinto, ¿qué? No sé. Algo. Y ese algo lo fue convirtiendo con los años en Woody Allen, bueno o malo, da igual. Único.

Entonces regreso a la época del internet. Y veo que el esquema es el mismo de siempre, anti woodyallenesco, miles de personas intentando hacer lo que hacen sus miles de admirados. Así, en cada nivel, en los millones y millones de blogs, en los miles y miles de cortos caseros independientes, en los miles de millones de tuits intentando ser originales. No importa el tamaño de la revolución, siempre hará falta gente que se salga del cuadrado. Sin hacer cosas raras, o sinsentidos, simplemente con creatividad y estética.

Es eso lo que nos pone en un lugar tan hermoso llamado el siglo veintiuno, sobran los medios, sobra la accesibilidad de los medios, sobran herramientas. Sobra falsa creatividad. Falta verdadero genio, verdadero amor a la estética y quien materialice este valor.

Faltan artistas de verdad.

Así que… ¡artistas! Todos, sin excepción. ¡El mundo es suyo! No hace falta intentar ser ingeniosos, sin son auténticamente creativos, lo que hagan será grande. Sin intentar gustar.

¡Artistas, el mundo les pertenece!

POESÍA DESNUDA

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Supe desvestirme para escribir. Un día. Cualquier día. De pronto me encontré sentado, con las manos manchadas de tinta, saliendo de un estado de trance. Un día. Nunca sabré cuándo. Ese estado alterno, esa condición de mí mismo fuera de mí mismo se tradujo, con el tiempo, en una especie de pasión. Entonces, en esta historia de misterio y misticismo, las letras cobraron vida, adueñándose de mí. Y ahora son ellas quienes me desvisten al escribir. Yo: un instrumento. La tinta no me pide permiso. Por lo tanto, mis letras pueden tener o no sentido a la hora de nacer, crecer y morir. Me disculpo por ellas. Me disculpo en nombre de la tinta.
Pero escribir desnudo es otra cosa, la similitud más cercana con la verdad. Y como la verdad es únicamente una traviesa consejera de la literatura, entonces, lo desnudo simplifica el proceso de transparencia. Se vuelve refrescante.
Es así como termino enterándome de quién soy por un momento. Y soy: existo. Tinta, luego vida. Después el arte.
Por eso, con la autoridad que me da ser nadie, vocero de la tinta. Tubo en el camino de un destino. Con la autoridad que con alevosía robe de la mano de Nada, me desvisto entre textos y grito a viva voz: ¡Hagamos algo por la poesía! Por la belleza de las letras. No quiero alimentar el ingenuo e idiota concepto de salvar la vida a la poesía. Ridículo. La poesía sobrevivirá por siempre, creará otros mundos como alguna vez creó el planeta Tierra. La poesía es madre y es inicio. ¡Hagamos algo por ella! No para salvarla, para alabarla.
En fin, el único punto importante que quiero recalcar en estas palabritas juguetonas, es: me desvisto para escribir. Escribo desnudo. Por favor, busquemos aquello que nos desvista al leer. Desnudémonos para leer. Es hora de regalar eso a la poesía. Nuestra desnudez al entregarnos a las letras.
¡Leamos poesía para desvestirnos!
Y que siga usted teniendo un magnífico día.

SALVACIÓN, PODER, ABANDONO

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He intentado tanto escribir mi punto de vista de la poesía. He imaginado tantas veces que sé lo que es. He intentado leer poesía, vivir poesía, soñar poesía, he intentado consumir y crear poesía.

Para de pronto toparme con aburridos y pretenciosos artículos que presumen nombres de grandes poetas y frases sueltas, que recomiendan leer poesía para viajar por un hermoso parque de mil maravillas.

Hoy leí un encabronante artículo que aconseja leer poesía. Insoportablemente arrogante, salvajemente insoportable: aburrido y petulante. ¿Y aconseja leer poesía?

Estoy harto de las vacas sagradas en la cultura de este país, de los dizque intelectuales que no hacen sino hablar de lo mucho que saben o dicen que saben. Estoy aburrido de cultura para algunos, de conocimiento secuestrado, de mala calidad.

No puedo soportar alguien que hable de lo “rígido” de la prosa.

Hoy no puedo soportar a los secuestradores del arte. No puedo. Hoy no. El arte es para todos, las letras son para todos, la tecnología es para todos.

¡La poesía es para todos! Es alimento para la víscera, para viajar por infiernos y soñar con demonios. Es coger sin pretensiones. Llorar desconsoladamente. Discutir con el destino. Desafiar a la nostalgia. Revivir a la melancolía. Llorar. Llorar. Llorar. Sentir y sangrar. Emborracharse. Gritar.

No. La poesía en mi era no es buscar nombres extraños de autores decimonónicos. Octavio Paz describe en un par de páginas lo que es poesía. Sin demostrar lo mucho que sabía. ¡Y él sí sabía!

La poesía se siente en las venas y en la piel: en la humedad, las erecciones. En las vísceras y las ganas de gritar. En un orgasmo o en una campaña. La poesía se vive en ese país de nunca jamás.

¿La “buena poesía”? ¿Quién putas inventó ese término?

No voy a hablar más del tema ni diré de qué artículo estoy hablando porque no quiero hacer ningún tipo de publicidad.

Yo amo a la prosa, amo al lenguaje. Y amo, sobre todas las cosas, a mi comprensión de la poesía. No a lo que los demás piensen de ella. Por famosos o consagrados que sean. ¡Qué nadie se meta con mi amada prosa! ¡Qué nadie se meta con mi amada poesía! ¡Qué nadie se robe mis ojos!

Buenas noches.

ENSAYO SOBRE ESTA TINTA

Escribir. Para mí. Para alguien. Para todos. Blog. Libro. Carta. Mensaje. Ensayo. Análisis. Escribir. Seguir escribiendo. Dibujar con los dedos un mundo esquematizado que no sabe decir verdades o mentiras. Escribir por el placer de escribir para ser leído por el placer de leer. Para recordar la causa no causada, el inicio del universo. El fundamento de la historia. La historia misma. Las caras, los sentidos, las sensaciones. Para recordar a las personas, revivirlas. Para dar vida a las personas que se van. Para inventar nuevas personas.

Escribir para besar.

Para soñar.

Para pensar.

Para tocar.

Para sentir.

Para vivir.

Para revivir.

Para inducir.

Para incitar.

Para invitar.

Para retomar.

Para refrescar.

Para desvestir.

Para dibujar.

Para subrayar.

Para meditar.

Para imaginar.

Para crear.

Para estar.

Para ser.

Escribir para ser.

Para no dejar de ser.

Para dejar de ser.

Para olvidar.

Para recordar.

Escribir para besar de nueva cuenta.

 

Y llegamos al punto medular de la poesía. Del infierno. De los esquemas del cielo cuando es azul. Cuando es gris y se construye sobre sangre. Llegamos al punto medular de la experiencia de las letras. Del destino. Del sonido. Al punto medular de la voz. De la voz que está hecha de letras. De las letras con voz propia. O prestada.

La poesía es el viaje por submundos y supermundos. Es el viaje por la locura y el porvenir. La poesía es el destino.

Y yo no hago más que dibujar destinos propios aquí.

Hoy me disculpo por mi ausencia.

He regresado para quedarme.

Gracias por seguir.

TIEMPO: IMAGEN Y LETRAS

Horas. Semanas. Tiempo haciendo de sí mismo el narrador omnipresente. El cuenta cuentos oficial del ser humano. Tiempo: Cinco horas con cuarenta y seis minutos. Una semana. Un día. Experiencias que marcan una vida. Tiempo: una vida.

El domingo de la semana pasada corrí mi primer maratón, el de la ciudad de Nueva York. Lo hice en 5:46 y algo. Desperté, sufrí, pensé. Lloré. Corrí, caminé. Corrí. Volé. Y sin darme cuenta, de pronto estaba en otra dimensión. No mejor ni peor: distinta. Una dimensión de colores, en la que la luz era el único aparente método de supervivencia. Una dimensión en la que fui consciente por completo de mi condición de animal, de mi condición de humano, de mi condición de ser racional y de ser espiritual. Cada parte de mí tenía que luchar un poco para no darse por vencida. Para mí no fue un logro atlético, a pesar de haber exigido tanto a mi cuerpo, si embargo, fue, sin duda una significativa experiencia meditativa, creativa, emocional. Una conexión entre mi propio cuerpo y miles de cuerpos, entre mi mente y miles de mentes, entre un espíritu colectivo que navega por el aire. De pronto, en medio de los miles de mentes, del espíritu colectivo, aparece un lente, una cámara buscando algún momento mágico. Y ese momento mágico fue un beso. Y ese beso fue el que regalé a mi esposa al encontrarla entre la gente que echaba porras en el maratón.

Luego la tecnología acompañada del corazón, del tiempo, del arte y de la distancia cada vez más recortada. La foto me llegó. Su dueña me la regaló, me buscó en Google, me encontró en Twitter, me escribió un hermoso mensaje y viajó de golpe hasta aquí. Tal vez ahora creo un poco más en la belleza de la humanidad, en la belleza interna de la gente.

Tal vez haya olvidado un poco el asco que me da la política en mi país, el arte mal logrado. Tal vez por un momento crea más en las sonrisas.

Pasa el tiempo y las anécdotas van creando un nuevo mundo. Hermoso, completo, dibujado en fuego detrás de los ojos cerrados. Pasa el tiempo y nos cuenta historias.

Entonces entran las letras, las imágenes y las mentes para encargarse de contarlas.

Gracias, Alana, una semana después, tu foto tiene un significado completamente nuevo. Y seguirá adquiriendo sentimiento. Fuerza. Locura. Belleza.           ¡Gracias!

ESCRIBO (11.11.11)

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Escribir por escribir. Dibujar un panorama incandescente que permita escapar a la luz. Escribir por escribir. Porque es un día sin nombre, porque soy su nombre y la pasión de su propio desayuno. Soy la cena de este día y la locura de su vino. Soy la noche cuando llueve.

Porque escribo. Porque nazco cuando muero y muero cuando duermo. Porque sueños en el sabor de la nostalgia. Porque regreso y me regreso del destino al alejarme. Soy yo porque sigo siendo. Desvestido. Escribiendo. Besando. Soñando con saliva. Viviendo en tu sudor. Te reconozco cuando escribo. Hemos hecho tantas veces el amor.

Es hoy con sentido. Sin sentido. El delirio y la nostalgia. Es hoy. Por la prosa. Y sigo sin comprender el mundo real. Sueño en tinta. Viajo en letras. Me escondo en humo y en líquido. Aire y agua. Fuego y fe.

Es hoy. Y nos sentimos.

Por todas aquellas veces en las que hemos hecho el amor. Somos uno.