EN TU CAMA

Estás sola en tu recámara. Desnuda. Tal vez piensas, tal vez lo único que no quieres es pensar. Un calor insoportable se apodera de ti: las sábanas te acarician, orquestan: tus manos siguen. Con armonía tus dedos recorren tu pecho, las yemas de tu índice y de tu pulgar rozan suavemente tus pezones, la palma de tu mano baja por tu abdomen. Gimes en silencio. No quieres estar sola, tu cuerpo no quiere que estés sola. Cierras los ojos y haces música en tu mente. Haces aire y haces fuego. Cierras los ojos y tu mano te falta al respeto, ataca entre tus piernas con furia. Tu humedad la recibe. Cierras los ojos. Un fantasma te penetra, gimes, gritas. Jadeos de dolor y de pasión. Lloras. Vibras sin saber qué es lo que pasa. El silencio de tu entorno se llena con placer. Estás sola, pero sientes un beso. Estás sola pero no estás sola. Un orgasmo toca a tu puerta, va trepando por tu ombligo, se desvive en tu sudor. Tu saliva entregada por completo a ese fantasma que te impregna, que te llena de ese aliento de deseo. Cierras los ojos, haces música y la música te besa. Tus labios compartidos. Estás desnuda entre las sábanas pero no estás sola ya. Un fantasma te penetra y la música te inventa. Finalmente aquel orgasmo te alcanza. No te das cuenta, pero gritas mi nombre. No te das cuenta pero soy yo quien te observa desde la ventana.
No te das cuenta, pero soy yo. Más allá de tu imaginación y de tu apego al pasado. Más allá del cuarto de hospital en el que habitas. No te das cuenta, pero soy yo quien nunca te dejará de perseguir. Tu locura no es mi muerte.

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UNIVERSO

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En el transcurso de mi vida he viajado, he conocido lugares maravillosos, sitios en los que la naturaleza fabricó obras maestras, santuarios, museos, gente de todos colores. He escuchado millones de voces, de lenguas, de versiones para los sueños.
Sin embargo, recientemente emprendí un viaje que se aleja por completo de todos aquellos que hubiese hecho yo anteriormente. Conocí tu piel. La conocí con la mía, no sólo te abracé, sino que mientras mi pecho estaba en contacto con el tuyo, cada uno de nuestros poros se comunicaba, tenía su propia historia de romance y fue cediendo a nuestro calor hasta terminar haciendo (cada poro con uno tuyo) el amor. Y así fuimos caminando, haciendo de las gotas de sudor un río de belleza, la mezcla de nosotros se fundía, nos fundía, fundía nuestras pieles hasta el punto de no poderse separar, de no poder diferenciar de quién era cada gota, de quién era qué sudor. Eso sucedía mientras mi boca buscaba tus labios, sólo eso tus labios, un roce secreto y discreto por tus labios mientras en nuestros cuerpos, millones de células hacían el amor, mientras que mi cuerpo notaba ya tu humedad, mi boca sólo buscaba tus labios, los encontró.
Y apareció un ser nuevo llamado beso, consumió por completo a nuestras bocas, hizo que nuestras lenguas se llenaran de pasión, nuestras lenguas, como nuestros poros, comenzaron a enredarse, a penetrarse a adorarse con sus cuerpos, a cambiar de posiciones, a buscar su propia humedad, a sentirse, a gemir. Dentro de nuestra boca, el sexo se hacía evidente, nuestro cuerpo (Para ahora era uno solo) lo descubrió, y se unió más, sintió, como se siente de verdad.
Tu humedad despertó como un dragón omnipotente para arrebatar de mi miembro toda fuerza, para devorarlo, para hacerlo suyo. Para crecer mientras sentía el movimiento rítmico, para adorar, para dejarse explorar. Tu humedad me rogaba con su propio sentimiento que la explorara, que la viviera, que la respirara. El sudor, los poros, las lenguas, respondían a las órdenes de ese centro de atracción, de esa fuerza inevitable que marcaba el ritmo, que subía el ritmo, que aumentaba el calor en cada uno de los rincones. El aliento apareció. Tenía que hacer a un lado las lenguas para poder escapar. Se convirtió en gemidos, en gritos. Algo distinto pasaba mientras los besos se intercalaban con los gritos, mientras los poros eyaculaban sudor y el sudor despertaba a otros seres que también hacían el amor.
Finalmente te sentí, la fuerza cedió y tus manos cayeron como pesas sobre mi espalda empapada, el beso fue el último en desaparecer, siguió haciendo el amor lengua a lengua hasta caer rendidos. Nunca salí de ti, dormí y desperté en tu interior. Te soñé. Te viví.
Viaje por tu cuerpo conociendo, en tu ausencia, cada parte de tu cultura, del país de tu cuerpo. Del mundo entero que se esconde dentro de tu calor.
Nunca había conocido universo igual.

LA HERMOSA BEL

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El centro de la ciudad era su casa, su campo, su elemento. Burlaba los coches con incomparable astucia y conocía cada rincón, cada basurero. Rinat era un gato ágil y esbelto, un macho delicado y hábil. Avanzó por la Tercera Avenida hasta llegar a la calle 43, subió dando brincos y trepando por balcones y escalinatas hasta llegar al piso 4, en el que se encontraba Bel, la gata más hermosa del barrio, la gata más hermosa, más blanca y más sensual de todas, de toda la ciudad, de todo el mundo, Bel era una gata en un millón. Y Rinat lo sabía. Él era quien lo sabía. La deseaba mientras paseaba por las calles, la llevaba deseando días, la deseó mientras subía por la pared para llegar hasta su apartamento.
Al entrar por la ventana, Bel lo recibió con un arañazo en la cara, Rinat llevó sus manos a la cara. Sabía que lo merecía.
-Yo no soy ese tipo de gata, ¿lo entiendes? –Bel gritaba- ¡A mí me tratas como la princesa que soy! ¡Hijo de puta! ¡Lárgate de mi vista!
Rinat intentó abrazarla, consolarla, pero Bel seguía golpeándola. Rinat preguntaba, por qué, ¿qué había hecho para merecer ese recibimiento? Pero Bel dio media vuelta y se perdió por una puerta que Rinat no conocía. El gato sabía que llevaba días sin aparecerse por ahí, sin dar señal alguna de vida. Pero la vida de los gatos de la calle requería de esa libertad para lograr la supervivencia, todos debían saberlo. Todas las gatas hermosas debían saberlo. Una paloma se acercó a la ventana:
-¡Pst! Rinat…
-¿Qué?
-Otro gato vino a ver a Bel anoche, sólo para que lo sepas.
-¿Otro gato? ¿Quién? ¡Dime! ¡Lo voy a buscar hasta matarlo!
-No creo que puedas… ¡je! Es un siamés, enorme, bellísimo. Mucho más fuerte que tú, con garras más filosas.
-¿Por qué no te vas de aquí? ¡Chismosa! No te creo nada. Siempre haces lo mismo.
Pero se acercó otra paloma, y dijo lo mismo. Otra. Rinat sabía que las palomas callejeras podían ser peligrosas cuando se juntaban de noche, prefirió dejar de retarlas. Intentó seguir a Bel, pero la puerta estaba ya cerrada. Las palomas intentaban decir algo desde la ventana pero Rinat intentaba no escuchar, las veía fumar. Como siempre, uno tras otro encendían los porros, dejaban todo el callejón apestando a marihuana. Rinat buscó la forma de abrir la puerta de una u otra forma, pero no lo conseguía. De pronto se abrió y salió Bel ignorándolo, caminando con soberbia y dirigiéndose a la ventana. Ofreció un café a las cuatro palomas que se encontraban ahí y ellas le dieron de fumar. Rinat intentó interponerse para impedirlo, pero ahora eran las cinco que lo ignoraban. De un salto salió de la ventana y cayó en el barandal del piso 2. De ahí bajó hasta la calle y salió corriendo. Buscaría a su clan, a todo su equipo para matar al siamés.
A las once en punto de la noche ya eran tres gatos en el piso cinco del edificio que daba frente a la ventana de Bela. Observaban todo sin ser observados, listos para atacar a la llegada de cualquier extraño. Rinat recordaba que no había podido verla por estar en los bares, consiguiendo sobras de tragos y de comida, jugando apuestas para ganarle un regalo bello a su mujer. Recordaba aquellas noches, los besos y las caricias, recordaba la lengua de su amada recorriéndole las patas, la espalda, aquellos abrazos y aquella calidez, aquella sensación de bienestar y de presencia, sus ronroneos cuando se besaban, sus garras tiernamente arañándose. Dio un brinco y llegó de nuevo hasta su ventana. Ella lo recibió cortésmente pero le suplicó que se marchara lo antes posible, que nunca más se acercara a ella. Que lo odiaba. Por favor, que se largara. Miró por la ventana, eran ahora las palomas quienes charlaban con sus compinches, no entendía nada. De pronto, sintió unas garras por su espalda. No era Bel. El siamés lo atacaba. Bel se acercó a él. Rinat sabía que lo ayudaría.
Mientras sus amigos espantaban a las palomas para llegar a él, sintió las uñas de su amada clavándose en el corazón. Cuando llegaron a salvarlo, ya había muerto.
El siamés y las palomas eran sólo un plan. A Bel, nadie la dejaba con ganas.
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OTRO VIERNES CACHONDO

Acabo de publicar la nueva HUMEDAD. Es viernes. Hay que darle tiempo y mérito. Es viernes de esos que guardan de todo. Para muchos, el inicio de vacaciones, para otros un día más. Pero la semana laboral, como la conocemos, termina hoy.

Es viernes y buscamos cosas nuevas. Sin decir mucho más, quiero dar un adelanto: dentro de pocos días saldrá a la luz el mayor proyecto que he hecho desde que comenzó mi vida digital. El proyecto al que más tiempo, más cabeza y más corazón he dedicado. Estamos cerca. Hoy quedó completamente terminado. Así que tengo mucho qué festejar.

Y mi forma de festejar es con un relato, como cada viernes. Loco como de costumbre, cachondo como de costumbre. Enfermo. Listo para ser leído. Buscando generar un poco de expectativa.

Es viernes, no olvides dar click a la pestaña que dice HUMEDAD.

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VIERNES SEXUAL E IRREVERENTE

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Hoy no amanecí en serio. Desperté riéndome de mí mismo. Disfrutando de lo que pocas veces se disfruta. Del “noséqué”. Si buscas un post serio, este no es el día indicado. Amanecí divertido de cabeza. Extraordinaria forma de ver la poesía. De colores. Sacando a pasear un poco la locura. Recordando que las letras son para vivir, para soñar a veces. Para sentir, siempre. Las letras son nuestras. Y no siempre son solemnes. Hoy, aquí, no.

El viernes es más relajado que otros días. ¡Porque es viernes! Porque se acaba la semana como se conoce para la mayoría de la gente. Sin embargo, el viernes por la mañana, todavía guarda un poco de ansiedad, lo que resta al día para terminar. Las horas finales antes del alcohol, o de una fiesta, reunión; Familia. Casa. Amigos. Placer. Hijos. Viajes. Excursiones. Exploraciones. Dormir. Correr. Despertar. Beber. Drogarse. Crudear. Pasear al perro. Caminar en el bosque. Amanecer en otra cama. Subirse a la bici. Desayunar donde te gusta.

Pero todavía no llega ese momento. Todavía no es de noche. Sobran horas de viernes. Horas hábiles, como se conocen en algunas partes.

¿Qué se hace en esos casos?

– Mantén la calma. No desesperes.

– Busca alguien con quien puedas planear lo que harás terminando el día laboral.

– Busca a alguien con quien nunca hayas tenido sexo para ir a un Motel a la hora de la comida.

– Pide un tequila y dos cervezas a la hora de la comida.

– Lee un libro en la computadora para que nadie note que lo estás haciendo.

– Lee blogs.

– Lee comics.

– Lee las partes divertidas de los periódicos (si todavía quedan de esas).

– Busca buenas fotos de gente cachonda entre tus amigos de Facebook.

– Búrlate en Twitter de los candidatos presidenciales.

– Ponte a trabajar como para olvidar que tiene que terminar el día.

– Lee Humedad de J. Cohen y dile a alguien que la lea (a veces sirve, ¿eh?)

Ahora bien, me queda muy claro que muchas de las personas que leen aquí son personas serias a quienes desborda la cantidad de trabajo y nunca pierden el tiempo. Personas importantes con vidas cuadradas. Está bien, la mayoría de los puntos anteriores no aplican para ustedes. Lo siento. La gente importante hace cosas importantes. Pero eso sí, ¡todos pensamos en sexo! Así que en vez de un tequila y dos cervezas, pide una copa de buen vino, luego otra, y luego otra. Deja a tu mente volar un poco. Imagina aquello que te da placer y búscalo.

Lee un poco. Sueña un poco. Haz trabajar a tu fantasía un poco. O mucho.

¡Y síguela!

Inténtalo, la cachondería es una buena puerta de entrada.

Hoy es viernes de HUMEDAD. Si no has leído la de la semana pasada, sugiero que lo hagas, y que sutilmente la recomiendes a esa persona con la que sueñas. Quién sabe, tal vez despierte algo.

La sensualidad nos da la llave para abrir muchas puertas, usémosla. Y qué mejor que el viernes que de por sí andamos relajados.

¿Nos compartes tus ideas?