EN POS DE LA IDEA BRILLANTE

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Ir en pos de La Idea Brillante. Punto. Nada más que hacer: no interpretar. Cerrar los ojos e imaginar que hemos llegado, que la vida no se escapa de nuestras manos. Ir en pos de la magia de una idea brillante. De La Idea Brillante que nos hará sobresalir. Nada más que hablar.

Buscar en un cajón unas tijeras, recortar fotografías de una vieja revista. Revelar la locura de los sentidos en medio de una hoguera que consume todo. Y dejarse llevar: encender una computadora, salir a caminar, leer a un autor genial. Ir en pos de La Idea Brillante para sobresalir. Para encontrar la fórmula que nos convierta solo en piel, para encontrar la fórmula que enseñe a sentir sin reservas a toda la humanidad.

La Idea Brillante. Ser el último genio de nuestra generación, el mejor escritor de nuestra libreta, el mejor músico de nuestra recámara, el mejor pintor de las paredes de la sala de la abuela. Encontrar el camino a la inmortalidad con un solo boleto. Alcanzar nuestros sueños en una sola exhibición.

Maravilloso pensamiento para evocar cuando uno quiere dormir. Para pensar cuando no nos dan el trabajo. ¡Sabemos que mañana rogarán por tenernos ahí! Somos Woody Allen. Somos Andy Warhol. Somos un montón de telarañas escondidas en una pared de Disneyland. Pero no nos conformamos. Lucharemos. Compondremos. Escribiremos. Pintaremos. Seremos el mejor cineasta porque somos genios. Porque dedicamos nuestras vidas a encontrar La Idea Brillante. Los demás no lo hacen. Solo nosotros. La gente promedio no lo hace. Nosotros no somos gente promedio.

Somos la crema y nata. Todo lo que hacemos lo hacemos bien. Y por eso, vivimos sabiendo que estamos a un minuto de encontrarla. La encontraremos pronto. Y no seremos mejores, seremos igual de buenos pero con mayor reconocimiento. ¡Ja!

Y en medio de esta lucha constante por encontrar La Idea Brillante, un hecho me hace regresar a mi pluma con humildad. Me gusta escribir. Lo disfruto tanto. No encontraré a La Idea Brillante, pero disfruto de escribir para una persona, para esa persona que me dice: escribe algo, lo que sea, ya quiero leerte.

No hay más finalidad en la existencia. ¡Gracias!

LABERINTOS. POESÍA DIGITAL

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Hoy me dispuse a encontrar un nuevo laberinto. El arte puede ser una buena excusa. Hoy me dispuse a dibujar de nuevo un esquema en el que todos seamos uno solo. En el que nos desviemos del olvido para resolver ecuaciones matemáticas en las que el resultado siempre sea uno.

Me dispuse a encontrar un nuevo laberinto. Y lo hallé en un puente que iba desde Tomás Segovia hasta Juan Gelman. Avancé por un mundo de cinematográficas experiencias y de arte que todavía no conozco. De personas y nombres que han logrado tropezar con su destino. De poetas descarriados que ganan premios. De premios que no son dados a poetas.

Me dispuse a encontrar un laberinto y me hallé escribiendo aquí, en un espacio con vida. En el espacio de la animación, las imágenes, en las que el texto convive con la fotografía, en las que la poesía convive con ella misma.

La poesía no podría convivir con nadie más, por más que Gelman y Segovia reciban homenajes. Y premios. El Premio Poetas del Mundo Latino Víctor Sandoval. ¡Bravo por los dos! Bravo por los poetas vivos. Bravo por la tinta. Estamos aquí. Y soñamos con ser nosotros mismos.

Me dispuse a encontrar un laberinto y me dibujé de colores junto a Warhol otra vez. Sigo sin ser quien soy. Pero me pierdo en laberintos que me llevarán a los límites de una nueva poesía disidente. Libre. Lista para renacer en la era sociodigital.

LA POESÍA CUANDO DESNUDA

La poesía es esa brújula que te lleva de la mano a lo incierto. Pero en esa puerta encontramos un destello de las sensaciones más profundas. La poesía es la puerta. La puerta que lleva a todas y a ninguna parte. Es la mala del cuento, la buena. La intuición y la infidelidad. La poesía te guía al más fiel de los instintos.

Y sin quererlo, nos encontramos. Desnudos. Completos. Cubiertos de aquella ternura que no escapa del delirio. Cubiertos de aquella locura que no escapa de lo dulce. Cubiertos de sudor y de saliva. De humedad y de gemidos. Cubiertos de aliento y de alaridos potenciales.

Es la brújula que te lleva a los estados más profundos de cualquier meditación. Se escribe. Pero se respira. Se vive. Pero se transpira. Es la canción del espejo. Es tu propia mano entre tus piernas. Lo prohibido y lo fugaz. Lo permanente. Sin quererlo, la poesía se convierte en madrugada.

Nos amamos. No nos conocemos aún, pero nos amamos. La poesía es romance. Política y vino. La poesía se lee con la piel. Nos amamos y nos olvidamos de repente. Olvidamos la mera existencia de nuestro frenesí. La poesía nos lleva, nos contrae y nos absuelve. Dice Octavio Paz: copia de la copia de la Idea. Es la copia de la copia de la Idea. El ensimismado crucigrama de lo humano. El tímido suspiro que se esconde en el cajón.

Es lo que le falta a cierta prosa. Aquello que define al arte. Lo que convierte en arte el perderme entre tus piernas, lo que vuelve arte nuestros besos. La poesía es los besos, es tu cuerpo desnudo frente a mí, sobre mí.

La poesía es ver tu rostro de placer al penetrarte, al tener mis manos en tu piel. La poesía es lo que gritas en el orgasmo, lo que ves y lo que hueles. La poesía es el olor a sexo y a sudor. Es gritarnos y mordernos. Es antes. Es después.

Surrealismo y no te pierdo. Surrealismo y somos otros. Surrealismo y nos perdemos. La poesía es surrealismo y es pasión. Y una vez que toca lo sublime del placer es la pasión. Lo que nos lleva a actuar, a controlar, a ser controlados, a evadir y a confrontar. Es aquello que sin duda nos llevará a gritar. A procrastinar. A vivir sin medias tintas.

La poesía es la única herramienta capaz de cambiar al mundo.

TELEPATÍA (BIENVENIDA)

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Bienvenida
Pero todavía no llego
Aquí estás
En la cumbre de tu olvido

Solo soy palabras rotas
¿Inocencia?
Soy palabras rotas
Bienvenida a mi ilusión

Ilusión como camino
Bienvenida a mi memoria
No te engañes
Me confunde tu paciencia
No. La paciencia de mi voz

Bienvenido
Yo no he vuelto
Te equivocas
Embriagante crucigrama
Has llegado
Para siempre
Bienvenida

HOY QUISIERA SER UN GEEK

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Dos reglas. ¿Qué tan difícil puede ser seguir dos putas reglas? Ya no sé nada. En esta macabra realidad alterna cada vez me siento más confundido. Sin embargo, encuentro cosas novedosas de vez en cuando y personalidades que quisiera ser. Por ejemplo, hoy me gustaría ser un geek. Sin duda.

Me imagino siendo un tipo con menos pretensiones sociales y más pretensiones tecnológicas, o intelectuales, o científicas. Pero un geek de verdad, no de anuncio de Ray Ban. No tener buen gusto y no necesitar tenerlo. Tener un blog exitosísimo explicando cómo hacer para tener un blog exitosísimo o cómo hacer para desbloquear tu nuevo iPhone e instalarle una nueva aplicación que te permita hablar con los androides de Star Wars.

Tener tiempo para leer todos los avances tecnológicos, a todas las figuras científicas. Entender a la perfección qué es lo que pasa dentro de Google y poder hacer uso de los algoritmos para hacer bromas a mis amigos cibernéticos.

Trabajar dentro de una computadora o en algún tipo de laboratorio. Ser de plástico como las modelos, pero de un plástico perfeccionado. Soñar que soy Steve Jobs y usar jeans, tenis y cuello de tortuga negro todos los días de mi vida. Vivir en un espacio de 3×3 metros en los que quepa una cama y una computadora. No necesitar más.

No saber de marcas de ropa, ni de relojes, ni de restaurantes. No preocuparme de nombres de escritores y esas cosa más que para entender los tuits. Colaborar en Wikipedia, ser Wikipedia. Respirar Wikipedia.

Hoy me gustaría ser un geek para seguir las dos putas reglas que necesitaba seguir. ¡Dos! Y poder entender un poco más de la era tecnológica sin mis pretensiones estéticas que tantos dolores de cabeza me dan. Pensar estructuradamente y sacar mis pendientes a tiempo. Ser un cubo perfecto y sentirme orgulloso de eso.

Tal vez mañana prefiera ser un surrealista. O no. Hoy quiero ser un geek. Entre más feo, mejor.

¡Buenos días, viernes!

EL ABSURDO DE SER O NO SER

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Ser o no ser

Parecer

Querer ser

No ser

Pretender

Esconder

Entender

Deber ser

Sustraer

Defender

Recorrer

Aprender

Y de nuevo ser

O no ser

Hacer a un lado aquello que estorba

Por lo tanto, a continuación dejaré a mi lado dada escribir,

si usted me lo permite;

aunque para ser congruentes con mi frase anterior,

el hecho me vale madre.

Lograr

Suspender

Un lugar

Implorar

Dividir

Poblar

Besar

Usar

La lengua para soñar

Saliva

Locura

Enzimas

Encima

Dientes

Pezones

Sonrisas

Calientes

Instantes

Pendientes

que piensan llegar

Oscuras razones

Divinas pasiones

Sonrientes orgasmos

con mucho que dar.

Maravillas

En un mundo

Cubierto de cristal,

La poesía y el egoísmo

La cultura y la arrogancia

La pasión y el desencanto

Agarrados de la mano

Para hacernos bostezar

Al arte y el vino nos harán libres

La ciencia y la tecnología serán nuestra pasión

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

¡Necesitaba sacar esto!

Buenas noches

NUEVA FORMA DE VER EL JUEVES

A mediados del año 2001 recibí de manos de su autor, Esteban Peicovich, un libro llamado Poemas plagiados. He comentado muchas veces lo mucho que me asombró el concepto: ir tomando poemas de aquí y de allá, de la guía telefónica, de los anuncios del periódico, de las paredes de la calle, en fin; la idea de ir caminando por la vida buscando poesía siempre me pareció no solo brillante, sino refrescante y, hasta cierto punto, mágica.

Quizá la poesía urbana tenga cierto aire de plagio, quizá la poesía que habita dentro de la expresión facial o gestual de millones de personas se también poesía plagiada. O no. Tal vez es simplemente una interpretación pretensiosa para encontrar en las imágenes y la luz un aire estético distinto y fresco, sobre todo para este espacio que busca ser de tinta, o de letras, o de lo que sea que las palabras estén hechas sin caer en tanto cliché.

Mientras tanto, comparto una nueva sección de este blog, que se encuentra fácilmente en la pestaña Jueves. Por lo tanto, cada jueves se actualizarán estas imágenes plagiadas, libres, sin mayor pretensión que la de dar color a las letras y de encontrar en la luz y en los gestos un poco de estética conjunta.

No sé si este es mi homenaje a Esteban Peicovich o no. Lo que sé es que es un paso más en mi aventura digital, un paso más en una crónica que viste el día a día de esta generación instalada en una centrífuga.

Posiblemente algún día me dedique exclusivamente a buscar en la calle poemas para plagiar, posiblemente algún día me dedique exclusivamente a crear poemas para que otros plagien. Lo cierto es que las imágenes instantáneas hechas con un aparato celular, la edición instantánea hecha en el mismo artefacto y la publicación inmediata de estas tomas editadas, son parte de la era sociodigital, parte de mi literatura, de mi vida. De aquello que disfruto tanto.

Quiero leer sus opiniones, y si alguien tiene alguna idea para colaborar en esa o en cualquier otra sección, quiero escucharla. ¡Por favor! La crónica de la era sociodigital está narrada a varias voces.

¡Paz!

SOÑÉ

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De pronto soñé. Fue en medio de una conversación telefónica que me imaginé a mediados del siglo XX. Con corbata y pañuelo, zapatos con mucho brillo y cigarro inevitable en la mano. Frente una máquina de escribir, listo para idear algo, para escribir mi columna de la semana, o para tirar al bote de basura una página más echada a perder. Tal vez una novela, quizá explorando el género de los detectives, o hablando del surrealismo, visto desde lejos, desde la trinchera de lo lejano, de lo deseado, de la maravilla de los sueños, del absurdo, de todo aquello que venía revolucionando al mundo del arte. O no.

Tal vez escribiría historias en las que mujeres hermosas buscaban el dinero y la fama, para terminar solas siendo amante del algún millonario neoyorquino que nunca reconoció haberla conocido, incluso a pesar de tener un hijo con ella.

Quizá buscaría la forma de pasar de casa en casa para regalar un poema a la persona que abriera la puerta, o los volaría por la puerta, tal vez pintaría con tinta en las mesas de los restaurantes. Soñé que escribía poemas con pluma fuente.

De pronto soñé. Hablaba por teléfono y soñé que compraba una imprenta. Mía, yo era el dueño de la imprenta, del diseño, de los textos, dueño absoluto de mi contenido y mi distribución, dueño absoluto de cada una de las recomendaciones y opiniones que nacían de mi tinta.

Me soñé frente a una pequeña rotativa, en mi oficina, con mi cámara fotográfica para hacer los negativos, para salir a la calle y tomar fotografías que adornen mi columna en mi revista. Me soñé en un escritorio inclinado con mis estilógrafos y mis tintas de colores. Me soñé en medio del olor a tinta y papel. Me soñé ensuciando mi corbata, bebiendo güisqui, fumando. Gritando. Sin prohibiciones, sin mayor pretensión que escribir en mi amada máquina de escribir.

Me soñé en lo mejor de mi época.

Y al regresar a la realidad, no pude sino sonreír. Intenté contar mi sueño pero ya no había nadie al otro lado del teléfono. Así que reí. Luego, a solas, solté una carcajada.

Hoy soy mi sueño. Gracias por leer de vez en cuando en este secreto espacio para gritar, soñar y hacer lo que me da la gana con las letras.

Gracias por darme vida en la era sociodigital.

APRENDÍ A DIBUJARTE

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Aprendí a dibujarte en el recuerdo. Entonces encontré tu voz. Empecé a imaginarte. Suave. Etérea. Y dibujé tu figura en mi cajón. Te guarde, suave, preciosa, escasa. Intensamente mía. Secreta. Tan secreta como la lluvia que se esconde y amenaza.

Recorrí tu cintura. Sin razón, no por amor a ti, por amor a ella, por el mismo amor que poco después fue viajando por tu espalda, por tu nuca, por tu cuello, por tus hombros. Por el mismo amor a tu piel que me llevó de regreso a tu cintura. A tus muslos.

De pronto me topé con tu humedad. Mágica y creciente. Inmensa. De nuevo, mía. Tus ojos, tu sonrisa que no tardó en desvanecerse. Ese gesto tuyo perdiendo el control. Aprendí a dibujarte. Sin recordarte. Al vivirte. Al soñarte completa. Desnuda. Como estabas. Mía y frente a mí.

Te besé. No podía hacer otra cosa. Y sin darme cuenta, mi lengua volaba en tu saliva.

Al estar dentro de ti, entendí que me volví parte de tu esencia, de tu aire. Viaje por tu sangre para seguir acariciándote. Te soñé. Te penetré de nuevo. Te abrazaba tan fuerte que te soñaba en medio de tu presencia. No vibraba yo. Vibrabas tú y yo era de ti. Parte tuya. Sin espacios. Fuimos un solo ser que se fundía en un gemido, en un orgasmo, en gritos de placer.

Una sangre nueva salió de mí para poseerte. Me fundí dentro de ti.

Empapados en sudor nos observamos, discretos. Soñando, recuperando la respiración entre sábanas, sudor y olor a sexo.

De pronto desperté, eras solo un dibujo entre mi mente y mi locura.

Yo seguía en el mismo calabozo. Sucio y muerto de hambre. Un soldado prisionero que no volvería a ver la luz.

HAPPY BIRTHDAY MR. WALRUS! JOHN LENNON (1940-1980)

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Entre 40 y 71
Y seguimos buscando la paz
Entre Nueva York y Liverpool
tal vez todo lo que necesitas es amor
La morsa y el cielo con diamantes
Ringo y George
Paul
Yoko
quizá John también usaría Twitter
Entre poesía y una guitarra
Artes plásticas y días de colchón
Entre el rock y la escena vanguardista
Posiblemente tampoco hubiese llegado a hoy
Posiblemente Dios es un concepto a través del cual medimos el dolor

Para entenderlo debes no creer

Yo creo
Y creía
Soy la morsa
Cierro los ojos, abro los oídos y vuelvo a decir adiós

Happy Birthday John Lennon!
Happy Birthday Mr. Walrus!