LA ERA BLOG

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Recuerdo la primera vez que escuché la palabra blog. No entendí nada. Pero están de moda, es el movimiento más grande del internet, me decían. Y yo no entendía nada. Intentaba buscar en Google qué quería decir blog y no me terminaban de explicar. Por fin entendí qué era un blog. Una página de internet. ¿Y? ¡Ah! Que se pueden dejar comentarios. ¿Y? Ah, que el autor puede responder a lo que escribes. ¿Y? ¡Ah! Que es un concepto revolucionario. ¿Por?

En fin, seguía sin entender el concepto blog. Tengo que aceptarlo, no fui uno de aquellos que adoptó la tecnología en su fase primera. Busqué blogs en aquel entonces y encontré mierda. Gente que tenía ganas de poner fotos malas y textos estúpidos en alguna parte y tenía un escaparate en línea para poder hacerlo. Y ya.

Y pasaron meses. No sé cuántos, tal vez un año, o más. Y yo decía que sí sabía lo que eran los blogs, y que por supuesto que me entusiasmaba la idea. Era un concepto revolucionario.

¿Revolucionario? No entendía por qué. Es decir, era un ignorante de closet.

La pregunta mágica fue: ¿Tú?, tienes un blog.

La respuesta obligada fue: ¡Claro!

Y así surgió mi primer, oscuro y desconocido blog.

Pero no llegó mi entendimiento.

Con el tiempo, el concepto de blog llegó a convertirse en algo tan normal, que no me di cuenta en qué momento fue que me pareció algo útil la existencia de los blogs. A mí me divertía buscar imágenes, manipularlas, crear un texto y publicarlo, aunque nadie me leía, para mí era una publicación. Mi propia revista abierta para críticas, debates y comentarios que nunca llegaban.

Y pasó el tiempo, y los blogs se hicieron más populares. Hasta que llegó el momento en el que descubrí que habían cambiado por completo el formato de la información. Se habían hecho las pistas de aterrizaje de todo el mundo 2.0, se habían convertido en la única fuente fiel para temas especializados, sin darme cuenta. Habían dos blogs y algunos años desde el primer artículo que publiqué por mí mismo on-line. Ya existía Twitter. Facebook ya era demasiado popular. Y la gente comenzó a leer mi blog. Desde entonces, he puesto particular atención al formato. A todo lo que ha revolucionado el botón que dice Like, o el que está a un lado que dice Comment.

Llegó demasiado lejos. Ahora es la forma en la que nos enteramos, en la que nos comunicamos, en la que alimentamos nuestro ego o destrozamos el de alguien más, es el formato de la inmediatez y los crucifijos. El paraíso de los acosadores. El formato de los blogs es la democratización de la información.

La era de la comunicación. Las redes sociales están basadas en este formato, las páginas de internet están cada vez más enfocadas en sus blogs. La tecnología interactiva, los gritos, los abusos, los insultos, las insinuaciones, los comienzos, las historias, los sueños. Las pasiones. Todo por un formato que te permite opinar.

Un formato que le da voz al ordinario mortal, un formato que le da foro a todo aquel que lo quiera usar. Un formato que usan millones de personas en todo el mundo. Un formato que ya dejó atrás a los periódicos. Un formato que vemos en todas partes, damos por hecho, y es el parte aguas más importante de la literatura desde la invención de la imprenta.

Y yo no lo entendía.

Polaroid digital. Teclados. Teléfonos inteligentes. Internet móvil. Carajo. ¿Hace falta algo? Tenemos todo lo que necesitamos para alcanzar la información.

Pero falta un comentario. Todos aquellos que quieren llenar la blogósfera de mierda sucumben, al final del camino, como en cualquier rama del arte, lo único que sobrevive a los cambios es la calidad.

Intentaré hacer de este espacio una búsqueda y filtro de lo mejor (para ciertos criterios) de la blogósfera.

AYER:

No corrí.

No nadé.

No medité.

Bebí.

Pero gracias a esa culpa, decidí que a partir de hoy, pondré en este blog una página que diga Miércoles, justo junto a la de Viernes. Y ya verán qué cambiará ahí cada miércoles.

CONSEJO: Lean los blogs de los periódicos que les gustan. Busquen los blogs que ellos siguen. Es una buena práctica.

IMAGEN: Teclas, tinta y letras

HABITACIONES DESCONOCIDAS AL AMANECER

20110906-124436.jpgEl primer concepto del día debe ser algo similar a la primera frase de un post. Para mí generalmente es un debraye, o un debraye acompañado de un café. O un café acompañado de una fantasía. Para mí el primer concepto del día debe ser una iniciativa sensorial.

Entonces, mi imaginación echa a volar en ese primer momento del día. Antes de comprender el mundo actual, antes de querer enterarme de ese mundo actual. Primero nacen las fantasías. Dejo de ser yo por un momento para convertirme en un ser de aire y viajar un rato para reconocer a la mañana y sus protagonistas, me muevo entre orgasmos y sudor, entre gemidos y abrazos de ternura. Observo la pasión del mundo, despiadada cuando se trata de sensualidad. Vivo desde dentro el paréntesis de la vida cotidiana al amanecer, veo a mujeres que tocándose al lado de su hombre dormido, a hombres escondidos en el baño.  Veo a mujeres húmedas buscando despertar a sus parejas para tener sexo. A hombres con acercando su erección recién despierta a sus parejas para hacerlas reaccionar.

Escucho, veo, huelo. Soy de aire y disfruto del gesto de cada orgasmo. De cada gemido. De cada mujer que grita a solas, de cada mujer que no grita para no despertar a quien duerme en el mismo cuarto. Disfruto de aquellos que amanecen en otra cama, de aquellos que se disfrutan y de aquellos que disfrutan de otros.

¡Hasta que llega el café!

El café me cambia de estado y me convierto en partículas líquidas de aroma. Y poco a poco voy tomando cuerpo, cara y nombre hasta que llega la tinta. Hasta que llega a mis manos algo de papel. En ese momento soy humano y me convierto en un viajero del planeta Tierra por un segundo.

Pero sigue siendo de noche. Sigo disfrutando del silencio del día, del silencio que está a punto de romper en colores. En rojos, azules y amarillos, en naranja, negro y blanco, en todos esos tonos de soles, de nubes, de lunas y de sueños que algunos llaman amanecer. El café en mano. Tal vez ya salí a correr, tal vez, no. Posiblemente ese día corrí mientras era aire. Lo importante es que llegaron las letras, el café y mi mañana.

Leo y pienso, mientras leo, viajo. Me entero mientras viajo, no mientras leo. Y siempre hay algo del día que me llama la atención. Hoy es el blog, los blogs como concepto. Y ayer fue un director de cine que no conozco.

Del tema de los blogs hablaré mañana, y del director de cine no sé nada, así que abro un foro esperando que alguien que lo conozca opine algo. Se llama Tomas Alfredson y es sueco. Este año presentó su película basada en la novela de John le Carré Tinker, tailor, soldier, spy; y ayer escribieron en el país una apología tremenda de dicha obra, y una no menos espectacular de su anterior filme Let the Right One In, al parecer de lo mejor que hay de vampiros. Me declaro ignorante pero lo buscaré.

¿Alguien sabe de él?

Me preparo para el tema de los blogs. Creo que encontré una teoría que me apasiona mucho más de lo que pensaba, y esa tiene que ver con la literatura electrónica, blogs y diseño.

AYER

CARRERA: No. Nadé 35 minutos

MEDITACIÓN: 20min (como nuevo)

YOGA: Ya encontré instructor. El lunes próximo empiezo

NOVELA: Me he apasionado mucho en la investigación del blog y la dejé. Tache.

 

CONSEJO: Cuando vueles por habitaciones de desconocidos deja a tus manos recorrer al mismo tiempo que tus sentidos. Si te conviertes en aire, no dejes a tus manos atrás.

 

IMAGEN: Lo que buscamos detrás de nuestros ojos

BUENAS LECTURAS. MALAS COMPAÑÍAS

20110905-023246.jpgLas buenas lecturas son primas hermanas de las malas compañías. Eso lo pensaba mi abuela, o alguna abuela. No lo recuerdo, tal vez algún anónimo inventó la frase y la escuché. O tal vez la acabo de inventar en este momento. Ya no sé. Pero sé que tiene sentido la frasecita.
Siempre es un buen refugio leer. A mí, particularmente me gustan las historias, soy un aficionado de la narrativa, un gran amante de la prosa. Y de ahí viene una buena parte de mis problemas cuando hablo de libros. No me gusta cómo escriben muchos. Y es uno de mis grandes problemas con el periodismo impreso: no me gusta cómo escriben muchos. ¡Y se vale que no me gusten! Como se vale no gustar, como se vale que a alguien más le guste.
Lo siento, por alguna razón hoy ando de ácido. Leí una nota en la mañana en el diario Milenio en la que Carlos Marín compara la caída de la ETA en España con el creciente terrorismo mexicano. Independientemente de parecerme un texto sin el menor respeto a la belleza de la prosa, la analogía y sus argumentos me parecen de segunda. Eso arruinó mi lectura de la mañana. Y si las buenas lecturas son primas hermanas de las malas compañías, las malas lecturas deben ser primas hermanas de las buenas compañías, por eso tanta gente no lee, y tal vez por eso, la gente no critica lo que lee.
Una vez terminado mi paréntesis amargado, puedo comenzar con más cosas. Con sinceridad e irreverencia. Porque si no lo hago así, algo puede sucederle a mi hígado, o a mi corazón o a cualquiera de esos órganos que pueden sufrir con el amargue de un individuo amante de la prosa. ¡Ja!
Las buenas lecturas son un gran reto, viven y respiran del simple hecho de existir. Leonard Cohen decía que un escritor es alguien que siempre quiere decir algo, aunque no siempre tenga qué decir. Y eso es lo que hace la diferencia en su poesía: la necesidad de decir algo. Lo que sea. De ahí viene la voz, la cabeza, el más puro sentimiento que se enfrenta a un catastrófico mundo.
Y de ahí viene el surrealismo. Lo que yo entiendo por surrealismo.

Una salida al agonizante mundo real, al sabor amargo de las noticias que venden más si amargan más. Al absurdo criterio de unos cuantos vendidos que dicen ser líderes de opinión y ni siquiera tienen su propia opinión. A eso nos escapamos del surrealismo.
Y para eso queremos seres andróginos cuya cara es un gesto en nuestra mente, para eso queremos novelistas que nos inventen personajes. Para eso queremos escenas eróticas que nos hagan escondernos en una habitación para poder masturbarnos sin ser molestados y después seguir con nuestro día lleno de tráfico, de noticias de balaceras y de malos periodistas que se dicen malos escritores y no llegan ni a eso.
Para eso necesitamos ángeles cuyas alas solo sirvan para abrirse y mostrarnos ese cuerpo desnudo. Para eso queremos poesía. Para eso queremos prosa. Para eso queremos inventarnos en nuestro propio mundo. En nuestra propia vida.
Para eso queremos nuestra propia vida sociodigital. Nuestro arte sociodigital. Nuestras imágenes y nuestro erotismo. Para eso queremos gritar, tener voz. Y encontrar la forma alternativa de enterarnos de qué es lo que realmente sucede leyendo a quienes queremos.
Un solo monitor. Cualquier pantalla. Y el mundo comienza de ahí hacia dentro. Nuestro criterio debe basarse exclusivamente en encontrar calidad.
¿No es maravilloso?

AYER
CARRERA: Solo 38 minutos por falta de tiempo.
CONSEJO: Busca una lectura mágica al día para hacer a un lado a las malas compañías.
IMAGEN: Despertar

DIEZ MINUTOS

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Minuto uno. Te descubro a media tarde, a pesar de la tormenta. Te imagino y decido convertirte en tinta. Comienzo por pensarte. Me preparo un café.

Minuto dos. Ya te imagino, con una especie de electricidad vas moviéndote dentro de mi cuerpo, intento hallarte. Sin éxito. La tinta te encuentra, te imagina, te describe.

Minuto tres. Siento tu presencia desde lejos, te imagino leyendo, y mi pluma fuente te persigue entre sueños y realidades que no terminan de aparecer, mi letra se convierte en garabatos. Enciendo la cafetera.

Minuto cuatro. Me pregunto a qué sabrá tu saliva. La cafetera está encendida, preparo un exprés. Contemplo la pantalla mientras doy el primer sorbo al café

Minuto cinco. De tu saliva paso a tu humedad, a tu rostro desconocido, a la tinta que te acaricia en medio de la tormenta, a la página en blanco que poco a poco va convirtiendo a tu sonrisa en un gesto previo a una mueca de placer.

Minuto seis. Me escapo de mi mismo, me olvido del café para garabatear. Para garabatearte. Para imaginar tus sentidos, la reacción de tu humedad al sentir mi lengua entre tus piernas. La fuerza de un sentido.

Minuto siete. Regreso a la tinta, la tinta regresa a mí, pienso. Escribo lo que pienso. No pienso. No entiendo qué pensar.

Minuto ocho. Imagino tu sudor mientras me piensas. La cara que no conozco. Imagino que te tocas al leerme.

Minuto nueve. Bebo mi café, todavía no está frío. Revivo cada minuto que me has acompañado. Y pienso en ti. Pero sin saber quién eres. Te siento en la piel esperando poder colarme por la tuya. Creo en las palabras, en su fuerza y en la tinta. En mis garabatos y en la pluma fuente. Creo en el café. En la tinta y en mi sangre. Creo en el vino. Y siento tu presencia entre mis piernas.

Minuto diez. Todo sigue siendo tinta. Eres tinta. Somos tinta. Diez minutos leyendo una novela antes de apagar la luz.

LA SENSUALIDAD DEL CAFÉ

20110902-083814.jpgLa función del café por la mañana, sin duda es seducir, es encontrar el balance entre el placer y la razón, entre lo sensorial y aquellos sueños que no han escapado por completo. La función del café por la mañana es seducir.

El aroma del café seduce por su esencia de aroma, por la importancia del sentido del olfato en nuestro concepto del placer.

Es aquí donde viene el tema del aroma: los olores, esa fuerza que nos mueve tan profundamente, que desacomoda cada parte de nuestros instintos para ponerlos a flotar como una nata de sensibilidad en nuestra piel, hambrienta de sueños, de realidades. Empezando por un café, tal vez, por el aroma del periódico por la mañana. Por el olor a lluvia que se cuela por la ventana, por todo aquello que nos hace recordar. El aroma. De pronto se convierte en un intruso, un desconocido seductor: el perfume de un extraño, el olor a sexo en una habitación. La humedad y los sentidos, la mezcla de pasiones enredadas, las saliva y el sudor.

La función del café por la mañana es la misma que la de la sensualidad en la poesía. Despertar alguna imagen para recargar de fuerza nuestros sentidos. Y hacernos reaccionar. El aroma del café es aquel secreto que nos hace reaccionar. Es una caricia de calor que se mimetiza con nuestra lengua, que desnuda a nuestros labios, el aroma del café hace despertar nuestros instintos animales, llevándonos desde el olfato hasta el sentido del gusto y de ahí hasta el placer.

Somos seres sexuales y no podemos evitarlo. Entonces encontramos sucedáneos al deseo y el placer. El café nos reconoce cuando llegamos a él por la mañana, nos cuenta sus secretos que son nuestros, que nosotros mismos ignoramos porque está a punto de despertar la realidad. El café gana la carrera al sol cada mañana y nos espera.

Se convierte en un amante surrealista, llenando de color cada mañana. Una mañana solitaria, un día nublado, todavía es temprano y hace frío. Lejos de casa. Frente al hotel parece haber un pequeño lugar para desayunar y leer un poco antes de comenzar a trabajar.

Pero el café se chorrea en tu libro. Dejando una mancha color sepia que esconde solo un poco las letras. No hay mucho qué hacer, ya es imposible limpiar. Es una i la que no se alcanza a ver, poco a poco se desvanece más, como mimetizándose al color sepia de la mancha. Y detrás de ella va la o de otra palabra, por alguna razón las sigue una v. Se pierden, se difuminan al punto de desaparecer por completo, y la mancha se esparce por la hora, escondiendo el libro como un manto que esconde lo prohibido, las letras cambian de lugar, se mueven, se retuercen siendo letras, no palabras. Y de pronto, del libro sale un alarido de placer, un claro orgasmo escandaloso que se escapa. La taza cobra vida y se voltea para verter lo que queda de café en las páginas de aquel libro viejo, dejando todo lo demás atrás. El olor cambia, el sonido cambia, la música cambia. Otro orgasmo, otra caricia, otra letra embarrando de saliva la lengua de su compañera.

De pronto llega el mesero, levanta la taza y con un trapo limpia lo que puede del libro. Las letras llegan a su lugar, todas menos la i y la o. Los sonidos vuelven a la normalidad, pero no el aroma. Un profundo olor a sexo termina maravillándote.

Es hora de empezar el día.

¿Quieres una taza de café?

AYER:

CARRERA: Media hora de correr en agua.

MEDITACIÓN: No, seis horas en la embajada de EUA me lo impidieron.

CONSEJO: Prepara una taza de café casi desnudo (o desnuda), tómala pensando más en su aroma que en su sabor, no le pongas azúcar esta vez. Disfruta unos minutos sin hacer nada más. Luego lee un poema, un solo verso. Y de ahí, haz lo que quieras con tu día.

IMAGEN: Café

DROGA SOCIODIGITAL

20110901-081055.jpgLas ilustraciones simples de los conceptos complicados resultan un dolor de cabeza. El mundo de hoy es una ilustración complicada de un modelo desconocido, las palabras y su velocidad resultan un sabotaje atípico al egocentrismo y un viaje en avión a la creatividad barata y a la literatura de falsos profetas.

Hoy lo que vende no vende. Y eso lo convierte en un concepto metafórico del tiempo. Hoy las celebridades comienzan a tener voz verdadera y las no celebridades se sienten celebridades porque los escuchan unos pocos miles de personas, o cientos, o decenas. Hoy vivimos en un mundo con voz, con una maravillosa libertad de expresión que de vez en cuando se convierte en cuchicheo generador de ruido. Y lo que no podemos ser es víctimas de ese ruido.

Las sinfonías se esconden tras el ruido, ese es el mensaje de la generación sociodigital. La sinfonía se esconde detrás del ruido.

Pero, aunque quisiéramos, no podemos hacer oídos sordos. Entonces, tenemos que conseguir unas antenas web más finas. Mucho más finas que nos permitan encontrar lo que consideramos calidad. Y si alguien gusta de la poesía barata, de la filosofía para las masas o del diseño de superación personal con marca registrada en 1987, que lo busque y que lo encuentre. Detrás de ellos encontraremos una dimensión desconocida que nos va a llevar a lo que nunca llegaron los surrealistas, a un París que no conoce Woody Allen, ni conoció Hemingway, al Nueva York que Dalí y Octavio Paz buscaban.

Al erotismo de nuestra civilización.

Ese pulso que nos hace crecer, desvanecernos y aparecer de nuevo, desnudos en una vida alterna que nace y se consume en un teclado, o un teléfono, o computadora o artefacto. La civilización de gente culta y de gente ignorante conviviendo. El erotismo de la civilización: la era sociodigital en la que nuestro ego se mide con botones y comentarios, en la que un tuit es el previo a un posible orgasmo, en el que una frase ingeniosa puede confundirse con el más puro sabor del sexo, en el que una cámara de celular puede prestarse a encontrar secretos cósmicos en mujeres desnudas. Todo eso en instantes, instantes que hacen que el ego de una persona dependa exclusivamente de su desempeño electrónico como un tuitero decente y seguido, aunque en la vida real lleve 3 días sin bañarse.

Vive de una sensualidad desconocida que lo alimenta de sueños y de historias, de otros, de otras, de letras. De un sabor a éxito porque su celebridad favorita responde Gracias por tu comentario en un tuit.

La civilización sociodigital está a nuestro alcance. Y vivimos en el momento histórico quizá más representativo de todo lo que comprende nuestra cultura como la conocemos hoy en día.

Y lo único que nos queda es ser parte, disfrutarlo y no engañarnos con falsos mesías. El ego de la inmediatez es el erotismo y la droga de nuestra cultura digital.

AYER:

CARRERA: 35min

YOGA: En pláticas con nuevo instructor. Gracias por la ayuda

CONSEJO: Busca un blog, márcalo como favorito y recomiéndalo. FAVOR (como parte del consejo): Dime qué blogs lees. Qué periódicos. ¿Quiénes son los verdaderos artistas de la civilización digital?

IMAGEN: El ojo desconocido de un mundo que comienza.

TINTA Y SEXO

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Algo sucedió de pronto, no sé si porque llevaba mucho tiempo hablando de surrealismo o porque dentro de las cajas que guardaban fielmente mis libros apareció un poema (Mariposa filosófica) de Breton y un retrato de Tzara. Juntos. Extraño. Tal vez por la vibra que despiertan tantos años de lectura en una sola tarde.
Pero sin duda algo sucedió. Anoche leí a Edgar Allan Poe antes de dormir y hoy amanecí particularmente temprano. Todavía en medio de la oscuridad propia de la madrugada, entré al estudio en el que dormían los libros en el suelo porque todavía no tenían nichos para hacer morada. Es decir, sin tanto desmadre, que no tengo un librero suficiente para mis libros.
Ahora, el caso es así (y me disculparán el hecho de omitir títulos de libros para mantener anónima su identidad), un libro de poesía estaba acostado sobre las piernas de una mujer desnuda que adornaba la portada de una novela, la fotografía de la mujer era borrosa, quizá por pudor, y el libro se encontraba casualmente abierto en un poema que rozaba con su cara la piel desnuda de la portada borrosa. Algo llamó mi atención al ver esto. Al acercarme, un grupo de libros tomaron vida y comenzaron a bailar, no sé qué, algún swing, algo viejo.
De pronto me di cuenta que yo también era un libro, mis páginas, dados mis 34 años eran más bien color sepia, era un libro de poesía, y un par de cicatrices en mi cuerpo me dijeron que mi sangre era tinta, lo vi en las letras, lo vi en mi hambre de pasión, lo vi cuando me acerqué a aquella novela, lo vi cuando dejamos a un lado nuestros cuerpos para encontrar la perfección en la textura de unas páginas que no existían. Sin bocas nos besamos, sin piel nos tocamos, sin manos destrozamos nuestras almas sin caricias, sin lenguas nos sentimos: cogimos sin cuerpos, gritamos. Susurramos poesía que conocíamos de memoria, sudamos, ardimos sin llegar al fuego, fuimos fuego silencioso hasta que descansamos en una de las ilustraciones dentro de su mente.
Hermosa, compleja, discreta. Lista para ser más que ella misma.
Yo ya no era libro, era humano. El sol todavía no despertaba pero mi frente estaba empapada en sudor. Sin nombres, sin escrúpulos, con una taza de café que me hacía prometer que nunca intentaría revivir mi experiencia. Soñé o viví.
Esperé a que llegara el periódico del día y leí un par de artículos para entrar en calor con la realidad. De mi realidad color sepia. Regresé a echar un vistazo al estudio lleno de libros en el suelo. Y todos eran de colores. Vivían. En silencio, separados, sin piel.
¿Y todavía me atrevo a preguntar? El mundo inmediato de hoy nos llena de hoy.
Buenas tardes. ¿Alguien sabe en qué día vivimos?

AYER:
CARRERA: 30min
YOGA: ¿Alguien me ayuda con el dato de un buen centro o instructor de yoga?
NOVELA: progresando

IMAGEN: Un regalo

CONSEJO: Lee dos poemas por la mañana. Justo al despertar. De preferencia Mariposa filosófica, y toma un café

UN ORGASMO DE COLORES

20110830-094530.jpgFinalmente llegaron a mi casa los libros. Ese es el primer tema. He encontrado un secreto para poder seguir construyendo mi vida en una base de colores. Ese es el segundo. Creo (y conforme van pasando los años voy confirmando mi teoría) que de tener la oportunidad de escoger una carrera universitaria este momento, sabiendo lo que sé, hubiese escogido física o matemáticas puras.

La primera parte, en el entendimiento de que me da igual el orden establecido en el párrafo anterior, voy a hablar de una mágica leyenda, de la piedra filosofal de la civilización actual, del ingenio detrás del mundo digital, del genio detrás del ingenio.

Ella se llamaba R, así, sin más: R. Y es la protagonista de la leyenda.

 

Para hacer esta leyenda más leyenda, usaré castillos y princesas. La princesa R se miraba al espejo cada noche, en el instante preciso entre el vestido y el camisón, soñaba con ella misma, admiraba el color de su propia piel, la forma de su cuerpo, su figura, admiraba sus labios, sus dedos, sus piernas, admiraba el viaje que sus dedos hacían por su abdomen hasta llegar a sus muslos, sus ingles, hasta despertar su propia humedad y el deseo en sus más fervientes fantasías. Su mente dibujaba letras, poesía que invadía sus sentidos, sus sensaciones, voces ocultas que la seducían, que desprendían su instinto consumiendo la vida de su piel hasta dejarla casi gris, en un oculto grito disfrazado de orgasmo en el que la princesa R apretaba sus piernas dejando prisionera por unos instantes a su mano entre ellas. Un gemido que lograba que la luna se apagara por un instante, y hacía que sus sueños fueran siempre blanco y negro. La princesa R dormía profundamente.

Un día, llegó a su castillo un libro, de pasta dura, elegante, un libro hermoso. R quería que llegara la noche para poder compartir con sus dedos y su espejo la magia de su nuevo libro de poesías.

Pero de pronto, al llegar la noche y abrir el libro, se dio cuenta que sus páginas estaban en blanco. Y fue así como tuvo que ir descubriendo los colores para conocer el mismo orgasmo de cada noche.

Primero fue el amarillo, en sueños sicodélicos. Luego el naranja en la búsqueda del rojo. El verde lo encontró en el camino. Finalmente encontró el rojo que le provocó el éxtasis supremo. Y de ahí, el azul, porque no encontraba otra manera de apagar el rojo de su alma.

Al conocer estos seis colores, descubrió que había dejado de ser princesa. Era una mujer, una mujer con orgasmos de colores.

 

Por lo tanto, la ciencia. Física, matemáticas puras. Ecuaciones de espacios interminables, de paréntesis meditativos en una mente humana que no para de luchar por liberarse. De ahí, la creatividad, la filosofía, el arte, y los colores. De la ciencia, de una parte de la ciencia que rompe estructuras con estructuras y enseña a una mente creativa a pensar, a llegar más lejos, a viajar.

La mente que creó la geometría, la física, la teoría del color y de la luz. La mente que creó la fotografía y la perspectiva. El conocimiento que DaVinciano que  se perdió con los siglos. Con más conocimiento y ejercitación de la mente humana podría llegar a ser un artista, tal vez, o un programador, o geek. O experto en páginas web. Sin duda, la ciencia sería el camino que seguiría.

Hasta que llegan más de diez años de mi vida en libros que vivieron almacenados desde hace meses y meses. Llegan a mi casa. A ese lugar en el que he establecido mi nuevo estudio, mi nuevo espacio. Cientos de libros. Los veo, los huelo, busco los separadores que viven en ellos, noto como algunos de ellos incluso cambiaron de color como los dientes de las personas adultas.

Y me doy cuenta que lo único que busco en la vida es un libro de hojas en blanco que me ayude a hacer más intensos los colores de mis propias letras.

Seguramente en una noche de copas en mis sueños conocí a la princesa R narrándome sus aventuras con ecuaciones matemáticas.

Seguramente.

 

AYER

CARRERA: Correspondían 750 metros de nado según mi entrenamiento. Así fue.

YOGA: ¿Alguien sabe de algún buen centro de yoga en la zona de Santa Fe?

MEDITACIÓN Profunda 7 minutos.

NOVELA: CERO

 

CONSEJO: Compra un Rubik Cube en intenta descifrar la cara blanca. Cuando lo logres sin ayuda de Google, me cuentas.

 

IMAGEN: Mis libros y mi Rubik Cube. Los colores en tu mente.

ENTRE EL APOCALIPSIS Y EL ARTE POP

La semana pasada fue extraña, tal vez porque se acerca 9/11 y los nuevos terroristas no se quieren quedar atrás, tal vez por el aire en putrefacción llega a nuestros pulmones cuando se trata de vidas de inocentes.

O tal vez porque Irene amenazaba a la gran manzana y todos los tuiteros, blogueros e instagrameros de Manhattan nos contaban de cómo se vivía la tensión en la ciudad.

De pronto, por un momento, dejé de reconocer el mundo en el que vivo, por un momento la política y los chismes de política pasaron a ser tema menor. De pronto, al amanecer sabiendo que la razón por la que no podía salir de mi casa era un descabezado colgado de un puente a pocos pasos; de pronto, me considero en vez de un ciudadano del mundo, o de México, o de lo que sea, un personaje de novela posapocalíptica que espera su turno o intenta sobrevivir a una humanidad a punto de desaparecer.

Fue una semana extraña con aire enrarecido y sentimiento de alma en proceso de putrefacción.

 

Pero de pronto, en medio del caos de novela de terror en la que la promesa del fin del mundo es inminente, recuerdo dos cosas: arte pop mexicano, colorido, surrealista, poesía urbana, literatura electrónica y desvelada, pocos caracteres, fotografía digital manipulada, publicada instantáneamente. Novedosos crucigramas carnavalescos y locura perfeccionada. El metro de la ciudad de México, el maratón de la ciudad de México, el amanecer de la ciudad de México.

El gran y colorido espectáculo de un mundo que todavía no se va a terminar, que tiene arte, gente, locura e internet. El gran y colorido espectáculo de las estructuras gritando, de la gente corriendo, deportistas, corredores, ultramaratonistas, mariachis, un japonés que ha corrido 392 maratones alrededor del mundo. Colores, formas, colores, palabras, colores, sentidos. Colores. Colores.

Y pienso en el significado de arte pop. Y trato de hacer una recapitulación de lo que esto significa, y veo que en la mañana, justo antes del amanecer, tomé una foto dominguera en el metro, luego corrí. Después, con las piernas y los pies llorando llegué a la prueba de equitación de mi esposa. Y aproveché para tomar más fotos. Y manipularlas en un iPhone para hacerlas, según yo, más bonitas. Y luego llegué a leer un rato mientras comía pizza y descansaba en la cama viendo los VMA 2011. Eso es pop.

Este blog, este post, esos colores, esas historias. Ese delirio disfrazado de palabras y recurrentes versos hechos tuit, o poemas por una causa, o una novela en camino. O los mariachis en el kilómetro veintitantos de un maratón.

Vivimos en una alberca de colores, en el que todavía podemos ver a Woody Allen, en el que regresar a correr descalzos parece ser una tendencia, en el que @LuzdeAgosto corrió 100km descalza para juntar dinero en contra del cáncer. Vivimos en una alberca de color que da café por la mañana, que tiene textos electrónicos y las mujeres tienen voz. En el que la vida es un sueño hecho realidad.

En el que el arte puede lograr revertir esta pendiente apocalíptica, en el que la voz de hombres y mujeres puede revertir esta cultura apocalíptica, en el que la poesía urbana, la poesía pop, las imágenes y la inmediatez pueden salvar a un planeta agonizante.

Hoy. ¿No lo crees?

 

AYER:

CARRERA: 35K del maratón internacional de la ciudad de México (en entrenamiento para el maratón que correré en Noviembre)

 

CONSEJO: Sal a correr. Un día ve al bosque y corre.

 

IMAGEN: Caballos, maratón, metro

SURREALISMO ARTIFICIAL

20110826-074531.jpgHe hablado muchas veces del delirio. Y hoy es viernes. He hablado un poco de dada y un poco del surrealismo. Y hoy sigue siendo viernes. He hablado de dejar mis manos escribir, utilizando mi firma con mi plena autorización sin consultar con mi cerebro. ¡Y ya es viernes!

Así que un día quise escribir poesía disfrazado de soñador. Ni soñé ni escribí poesía. Comenzaba a ponerme nervioso. Y me di cuenta que los fines de semana justamente servían para no ponerme nervioso, así que opté por relajarme, y en el trillado intento de ser mejor persona, terminé escribiendo algo similar a poesía. Pero en jeroglíficos extraños. Comencé a preguntarme de qué planeta precisamente vengo. No hubo respuesta.

De pronto llegó el viernes como agregado cultural a mi hermosa vida de fin de semana a punto de nacer y me invitó a tomar un café. Esto sólo tiene unos segundos de haber parecido, Viernes es un buen tipo, bien parecido y un poco pretensioso, sabe mucho de literatura y de política, aunque descansa los fines de semana. Y me dijo, oye, Cohen, ¿por qué no haces algo diferente en este blog para los fines de semana? Me pareció una buena idea, y dije, está bien, ¿cómo qué? No lo sé, algo más corto, me dijo. Y aquí estoy poniendo como límite una cuartilla relajada a mi publicación de hoy y presentando mi nuevo proyecto al cual podrás tener acceso desde aquí, sobre todo, los viernes y tal vez, los miércoles. Voy a dejar un link secreto pronto.

Mientras tanto, seguiré hablando con Viernes, ya vamos en la segunda copa de vino. Les deseo un fin de semana lleno de Surrealismo artificial.

 

HOY COMENCÉ DE NUEVO A CORRER

CARRERA: Media hora

NOVELA: 250 palabras

POESÍA: Sí

YOGA: Help!!! No estoy pudiendo… ¡Ayuda!

MEDITACIÓN: 20 minutos

 

 

IMAGEN: Enfoque. Surrealismo artificial. Locura digital y luz.

 

CONSEJO: Nadar. Solo eso. Nadar.