¡AYUDA!

No sé por qué me resistía. La verdad es que lo he pensado muchas veces. Pero sigo sin encontrar la razón. Durante años me resistí a publicar un libro de relatos eróticos, a pesar de saber que desde un principio es lo que más se lee en este blog. Ayer, en medio de un ataque sicótico o algo del tipo, decidí que voy a seleccionar veinte de mis relatos eróticos para reunirlos en un volumen y publicarlos.

Todavía no defino bien la mecánica de publicación, si habrá un libro en papel o solo una edición digital, si será descargable en pdf o estará a la venta en Amazon. Sin embargo, la decisión está tomada y desde ayer estoy revisando los textos.

Necesito ayuda de quien crea que este proyecto es una buena idea.

 

1)   Ayúdenme a promover este post para que le gente que no haya leído mis relatos eróticos publicados cada viernes en HUMEDAD los conozca y espere la salida del libro.

2)   ¡ME HACE FALTA PORTADA! Si hay alguien interesado en mandar sus propuestas de portada o alguien conocido de otro conocido de un interesado quiere mandarlas, son bienvenidas. Todas las propuestas serán bien aceptadas: por favor ayúdame a promover esta iniciativa.

 

Es un proyecto importante para mí.

 

¿Qué te parece a ti?

¿Leerías dicho libro?

¡Ayúdame a compartir este post!

 

 

PD.

Recuerda, los relatos que se publicarán son aquellos que he subido anteriormente en la pestaña HUMEDAD. Da clic aquí para leer el relato de esta semana.

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CAFÉ DE LUNES

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No sé si es su sudor o el recuerdo de su sudor. Sus senos, casi pequeños y casi perfectos presionados contra mi pecho. No sé si es ese abrazo o el café que bebo mientras recuerdo aquel abrazo. La locura de tener esos labios tan cerca. Aquella boca, seguramente capaz de maravillas. No sé si recuerdo su mente o la invento. Tan brillante. Tan pausada y tan fluida. La sonrisa maquiavélica buscándome, alejándome, invadiéndome, secuestrándome, acariciándome, desvistiéndome. Todo en minutos, todo en tan poco tiempo. Esa sonrisa dispuesta a desvanecerse hasta desaparecer perdida en un gesto de placer, en un gemido, en un orgasmo con mi lengua entre sus piernas y mis manos empapadas del sudor de su pecho que no suelto. Mis labios, sus labios. La sonrisa laberíntica que se pierde mientras me besa, mientras me dice que me largue, mientras me ruega que regrese.

Las letras que impacientes esperan a que llegue la siguiente ocasión. Las letras que la inventan convirtiéndola en mis manos. Las letras que la dibujan, sin que ella lo sepa. Pero ella lo sabe, se ve. Me permite convertirme en un fantasma, en sus manos, en su más profundo aliento. En su celibato y en su soledad. Las letras que se vuelven sangre y acarician a su cuerpo desde dentro. Esperando que regrese aquel sudor para enfriarlo, con saliva. Con un beso. Nuestro beso que no existe, horizonte que nos lleva hasta la cama. Hasta sentirme dentro de ella sin reservas. Hasta explotar en su interior y descubrirme en su sonrisa. En la sonrisa que aparece empapada de saliva tras el clímax de un nosotros.

Mientras tanto me conformo con un lunes distraído, con saber que somos uno, que no existe. Con soñar que sigo vivo a pesar de las noticias que narran mi muerte.

SIETE MINUTOS

El primer minuto te invento, dibujo tu cuerpo en mi mente. El primer minuto no existes. Te imagino desnuda.
Al siguiente minuto encuentro tu imagen. Perfecta. Decisiva. Buscando llegar hacia mí. Es el segundo momento y te encuentro. Sé tu nombre.
Al tercer minuto busco tus labios, te beso a escondidas, a la distancia. En medio del delirio te beso.
Al cuarto minuto mis labios buscan tus pezones. No hay distancia, no hay espacio. Somos uno. Cuerpos fundidos. Sudor que inicia. Al cuarto minuto comienza la humedad.
El quinto minuto da pie a tu nombre y mis jadeos. Tus gemidos. En cinco minutos somos uno, perdemos entre lunas y aliento el pudor. Encontramos nuestra furia.
El sexto minuto te penetro. Me hundes en ti, tus manos se aferran a mis hombros. El sexto minuto es del placer.
Y en el séptimo minuto eres sonrisa, eres luna naciente y digo «Hola» al verte entrar por mi puerta.

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MIS MANOS

Me doy cuenta de que solo escribo cuando no me preocupo de qué escribo. Me doy cuenta de que escribo cuando dejo a mis manos teclear, sin compromiso, sin otra ilusión que aquella de ir creando. Los ojos y las manos. Nada más. De pronto incluso pienso que ni siquiera hay otro sentimiento que el de mis propios dedos al ponerse a dibujar palabras. Alguien me lo entenderá algún día, el día en que las manos comiencen su propia revolución.

Yo no escribo. Escriben ellas. Es por eso que sale la piel en medio de los gritos, de las voces. Ellas saben más de piel, de roce, de tacto, entienden mejor el sudor y la saliva, entienden de fuego y de lenguas. Ellas, mejor que nadie, entienden de humedad. Viajan, por caminos de tinta y sueños. Por fantasías, viajan. Crean fantasías. Reviven y matan. Saben todo de la seducción y del delirio, del desvelo y del instinto. Ellas tocan.

Exploran cuerpos. Delinean figuras humanas, las dibujan. Evaporan la conciencia cuando habitan en el calor de una espalda desnuda. Tocan, son víctimas de orgasmos. Son productoras de orgasmos. Son dueñas de mil orgasmos, de palabras que llevan al orgasmo, de caricias que llevan al orgasmo. Son ellas. Solo ellas. Quienes pueden escribir. Quienes acarician una mejilla para ver nacer sonrisas.

Me doy cuenta que nunca aprendí a escribir, que el control de mis letras lo cedí hace años, muchos años, a mis manos. Ellas ganarán batallas.

Mis ojos son quienes crean poesía. Mis manos pasión.

ARDIENTE PERVERSIÓN

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Escribir deliciosamente enmascarado. La pureza de un infierno que lo consume todo, que deja nada. Absolutamente nada. Querías ardiente perversión al desvestirte, ¡aquí me tienes! Listo para poseerte, para desnudarte con los dientes. Aquí me tienes sin reservas. Con el alma cubierta del lodo de tu cuerpo. Dispuesto a alucinar tus fantasías, a fumar tus maldiciones. Escribir en tu espalda desnuda con mi lengua. Recorrerte sin remedio. Descubrirte y penetrarte. Desvelarme ante tus gritos. Al calor de aquella ausencia. Me querías lejos, tan lejos como dentro de tu cama, me querías lejos. Encima de ti pero lejos. Instalado con saliva en tus pezones. Lejos sin remedio. Dentro de ti, viviendo en tu orgasmo. En tu aliento. Querías infierno y egoísmo. Sexo y laberintos. Un amante desalmado a la distancia, tan sutil como el silencio. Tan perverso como tus propias manos al tocarte. Querías sueños hechos realidad entre tus piernas. Aquí me tienes. Disfrazado de enemigo.

LA HERMOSA BEL

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El centro de la ciudad era su casa, su campo, su elemento. Burlaba los coches con incomparable astucia y conocía cada rincón, cada basurero. Rinat era un gato ágil y esbelto, un macho delicado y hábil. Avanzó por la Tercera Avenida hasta llegar a la calle 43, subió dando brincos y trepando por balcones y escalinatas hasta llegar al piso 4, en el que se encontraba Bel, la gata más hermosa del barrio, la gata más hermosa, más blanca y más sensual de todas, de toda la ciudad, de todo el mundo, Bel era una gata en un millón. Y Rinat lo sabía. Él era quien lo sabía. La deseaba mientras paseaba por las calles, la llevaba deseando días, la deseó mientras subía por la pared para llegar hasta su apartamento.
Al entrar por la ventana, Bel lo recibió con un arañazo en la cara, Rinat llevó sus manos a la cara. Sabía que lo merecía.
-Yo no soy ese tipo de gata, ¿lo entiendes? –Bel gritaba- ¡A mí me tratas como la princesa que soy! ¡Hijo de puta! ¡Lárgate de mi vista!
Rinat intentó abrazarla, consolarla, pero Bel seguía golpeándola. Rinat preguntaba, por qué, ¿qué había hecho para merecer ese recibimiento? Pero Bel dio media vuelta y se perdió por una puerta que Rinat no conocía. El gato sabía que llevaba días sin aparecerse por ahí, sin dar señal alguna de vida. Pero la vida de los gatos de la calle requería de esa libertad para lograr la supervivencia, todos debían saberlo. Todas las gatas hermosas debían saberlo. Una paloma se acercó a la ventana:
-¡Pst! Rinat…
-¿Qué?
-Otro gato vino a ver a Bel anoche, sólo para que lo sepas.
-¿Otro gato? ¿Quién? ¡Dime! ¡Lo voy a buscar hasta matarlo!
-No creo que puedas… ¡je! Es un siamés, enorme, bellísimo. Mucho más fuerte que tú, con garras más filosas.
-¿Por qué no te vas de aquí? ¡Chismosa! No te creo nada. Siempre haces lo mismo.
Pero se acercó otra paloma, y dijo lo mismo. Otra. Rinat sabía que las palomas callejeras podían ser peligrosas cuando se juntaban de noche, prefirió dejar de retarlas. Intentó seguir a Bel, pero la puerta estaba ya cerrada. Las palomas intentaban decir algo desde la ventana pero Rinat intentaba no escuchar, las veía fumar. Como siempre, uno tras otro encendían los porros, dejaban todo el callejón apestando a marihuana. Rinat buscó la forma de abrir la puerta de una u otra forma, pero no lo conseguía. De pronto se abrió y salió Bel ignorándolo, caminando con soberbia y dirigiéndose a la ventana. Ofreció un café a las cuatro palomas que se encontraban ahí y ellas le dieron de fumar. Rinat intentó interponerse para impedirlo, pero ahora eran las cinco que lo ignoraban. De un salto salió de la ventana y cayó en el barandal del piso 2. De ahí bajó hasta la calle y salió corriendo. Buscaría a su clan, a todo su equipo para matar al siamés.
A las once en punto de la noche ya eran tres gatos en el piso cinco del edificio que daba frente a la ventana de Bela. Observaban todo sin ser observados, listos para atacar a la llegada de cualquier extraño. Rinat recordaba que no había podido verla por estar en los bares, consiguiendo sobras de tragos y de comida, jugando apuestas para ganarle un regalo bello a su mujer. Recordaba aquellas noches, los besos y las caricias, recordaba la lengua de su amada recorriéndole las patas, la espalda, aquellos abrazos y aquella calidez, aquella sensación de bienestar y de presencia, sus ronroneos cuando se besaban, sus garras tiernamente arañándose. Dio un brinco y llegó de nuevo hasta su ventana. Ella lo recibió cortésmente pero le suplicó que se marchara lo antes posible, que nunca más se acercara a ella. Que lo odiaba. Por favor, que se largara. Miró por la ventana, eran ahora las palomas quienes charlaban con sus compinches, no entendía nada. De pronto, sintió unas garras por su espalda. No era Bel. El siamés lo atacaba. Bel se acercó a él. Rinat sabía que lo ayudaría.
Mientras sus amigos espantaban a las palomas para llegar a él, sintió las uñas de su amada clavándose en el corazón. Cuando llegaron a salvarlo, ya había muerto.
El siamés y las palomas eran sólo un plan. A Bel, nadie la dejaba con ganas.
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EL SEXO VENDE (PARTE 2)

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Ayer escribí acerca del papel del sexo y del erotismo en la seducción, y del papel de la seducción en todo aquello que se vende. Ahora quiero adentrarme más a un punto específico de este análisis como lo prometí a @valevillag.

El sexo no es parte de la seducción. El erotismo no es parte del sexo. La frase “el sexo vende” no significa (al menos en mi post), que los cuerpos desnudos y las insinuaciones pornográficas sean una herramienta de ventas. Ni hablo de cómo utilizar dicha herramienta en el mundo de las ventas. Al contario, lo que busco plantear es la razón detrás de dicha premisa: el sexo vende porque abre una puerta al deseo, y una vez que dicha puerta está abierta, somos vulnerables a acceder, no al sexo, a lo que está después de la puerta que abrimos con el sexo.

Por ejemplo, la poesía sensual cala. Llega muy profundo. Dispara sensaciones. Y muchas veces lo que busca esa poesía sensual es mandar el mensaje discreto entre el párrafo que habla de los orgasmos y el párrafo que habla del sudor. O, el anuncio escondido en el deseo: para esto no es necesario el cuerpo de una mujer desnuda, o de un hombre, sino la sutil sugerencia del propio objeto de deseo del receptor.

El sexo vende porque es lo que busca el ser humano. El sexo vende porque quien compra espera recibir a cambio placer, satisfacción. El sexo es la metáfora. Y entre más accesible más difícil se vuelve el arte de vender erotismo.

La poesía, por años, ha sido un arte difícil de difundir. La poesía es sensible a cierta luz que la revela, es sensible a los sonidos, al olvido. La poesía es sensible a las malas copias y a la charlatanería. Y el sexo, como herramienta de ventas, la ha hecho prostituirse. El sexo vende, muchas veces, porque prostituye a las letras.

Hoy creo que el sexo es más accesible que nunca, el erotismo barato y la pornografía han alcanzado cúspides inimaginables. La publicidad basada en sexo se ha convertido en una constante. El principio es el mismo, el sexo vende porque ofrece a la venta el objeto del deseo. Sin embargo, la sensualidad real no vende sexo. Vende pasión, y el sexo es solo un instrumento.

Pasión, locura, sensaciones. Deseo. Deseo. Deseo. De eso se trata el sexo y de eso se trata la venta.

¿Quieres un buen secreto para promocionar algo y venderlo? Provoca deseo.

¿POR QUÉ VENDE EL SEXO?

Nuestra mente va mucho más allá de lo que nosotros mismos imaginamos. Pensamos más rápido de lo que pensamos, analizamos mucho más precisa y rápidamente de lo que creemos. Nuestra mente nos lleva una considerable ventaja. Justo ahí es donde entra la seducción, en la parte inconsciente de nuestras propias decisiones. En ese mecanismo de nosotros mismos que justifica, ese mecanismo que nos convence a dar un paso.

El sexo no solo vende sexo. El sexo abre las puertas al deseo, al más íntimo instinto de nuestra sangre. El sexo vende porque convence, porque deja a un lado a los razonamientos y justifica al objeto del placer. La sutileza del sexo vende. La expresión del sexo vende. Con una condición siempre, que sea la cantidad precisa en el momento preciso para convertirse en un objetivo de deseo y no sea sobrepasado por el mismo. Esa fórmula alquímica es el arte de la seducción. Es justo lo que vende del sexo. Deseo instintivo: confundir el olor del placer, sentir una sensualidad en la piel que no reconocemos. Estética pura. Libre. Una suave descarga eléctrica disfrazada.

Es un enredado camino de ilusiones que se tienen que balancear. No todo lo que vende lleva sexo entre líneas. Pero es mentira que el sexo solo venda sexo. El sexo vende imágenes, deseo. Pasión escondida en un viaje, en un producto, en automóvil. Pasión pura dentro del arte. El sexo vende porque oculta dentro de sí mismo cada uno de nuestros objetos de placer: desde el anhelo por un cuerpo desnudo hasta la esperanza de vivir en un mundo mejor.

La sensualidad es la llave a nuestro deseo. Y nuestro deseo más profundo es la meta de la seducción.

Cada vez que escribo algún texto erótico es con esto en mente. Es con un mensaje entre líneas, con un secreto que quiero transmitir. El erotismo es mi herramienta para plasmar ideas. Pero plasmarlas tan profundamente que alcancen a robar gemidos. La seducción es encontrar la combinación perfecta de llaves para entrar al deseo: el sexo, sin duda es una de estas llaves.

 

Pronto saldrá mi nuevo proyecto. El más grande que haya lanzado hasta hoy. Tiene mucho de poesía, tiene mucho de sexo. Erotismo y seducción. Está lleno de ideas y pensamientos.

¿Te interesa saber más de él?

OTRO VIERNES CACHONDO

Acabo de publicar la nueva HUMEDAD. Es viernes. Hay que darle tiempo y mérito. Es viernes de esos que guardan de todo. Para muchos, el inicio de vacaciones, para otros un día más. Pero la semana laboral, como la conocemos, termina hoy.

Es viernes y buscamos cosas nuevas. Sin decir mucho más, quiero dar un adelanto: dentro de pocos días saldrá a la luz el mayor proyecto que he hecho desde que comenzó mi vida digital. El proyecto al que más tiempo, más cabeza y más corazón he dedicado. Estamos cerca. Hoy quedó completamente terminado. Así que tengo mucho qué festejar.

Y mi forma de festejar es con un relato, como cada viernes. Loco como de costumbre, cachondo como de costumbre. Enfermo. Listo para ser leído. Buscando generar un poco de expectativa.

Es viernes, no olvides dar click a la pestaña que dice HUMEDAD.

¿Te interesa saber qué es lo que sucederá tan pronto?

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TU ESPALDA DESNUDA

La historia se construye en tu espalda. Un delineador de ojos árabe y tu piel desnuda. Nosotros y una cama. La historia se construye contigo boca abajo. Tus pechos desnudos contra las sábanas, mis manos desnudas en tus nalgas, descansando, pensando en lo que harán. Después entran en acción. Una deteniendo al resto de mi cuerpo junto a tu cintura, la otra comenzando a describir en un retrato casi obsceno lo que pasa por mi mente al tenerte desvestida frente a mí. Debajo de mí. Lista para ser lienzo y papel. Las palabras fluyen por tu espalda. Deseo. Pasión. Placer. Humedad. Sexo. Lengua. Locura. Todos los colores de los que es capaz un delineador de ojos negro recorriendo tu espalda. Viajando por el aire de tus gemidos, divagando por el mundo del deseo. Creciendo. Atormentando. Escribiendo. Listo para verte. Para desnudarte de nuevo de mis letras. Para encontrar la fórmula ideal y luego poseerte. Para revivir. Revivirte. Te escribo. Escribo en ti. Escribo de ti. Para ti. Sobre ti. Escribo y te grito. Te sueño. Despiertas mi erección con tu humedad. Tu espalda negra de letras. Te leo. Leo en voz alta cada una de las palabras que fue albergando tu cuerpo debajo de mí. Luego las borro. Para no marcarte con letras, sino con mis manos. El aceite en tu espalda quema, brilla, hace una masa negra que poco a poco va diluyéndose, alcanzo a escuchar tu respiración. La mía. Subo de un golpe a tu espalda, con mi cuerpo completo, mueves tus piernas para dejarme entrar. Y te penetro entre tinta y aceite. Entre luna y sábanas sucias. Sangre ardiendo. Desfile de pasiones. Somos dos que se convierten en uno: somos uno. Beso tu nuca, tus hombros. Escucho tus gemidos casi gritos. De pronto tu orgasmo. Seguido por el mío. Y yo soñando, en mi clase de pintura, con la modelo perfecta y con lo que haría con ella (contigo) de ser poeta. Tal vez solo eres un ilusorio objeto del deseo.