Algo sucedió de pronto, no sé si porque llevaba mucho tiempo hablando de surrealismo o porque dentro de las cajas que guardaban fielmente mis libros apareció un poema (Mariposa filosófica) de Breton y un retrato de Tzara. Juntos. Extraño. Tal vez por la vibra que despiertan tantos años de lectura en una sola tarde.
Pero sin duda algo sucedió. Anoche leí a Edgar Allan Poe antes de dormir y hoy amanecí particularmente temprano. Todavía en medio de la oscuridad propia de la madrugada, entré al estudio en el que dormían los libros en el suelo porque todavía no tenían nichos para hacer morada. Es decir, sin tanto desmadre, que no tengo un librero suficiente para mis libros.
Ahora, el caso es así (y me disculparán el hecho de omitir títulos de libros para mantener anónima su identidad), un libro de poesía estaba acostado sobre las piernas de una mujer desnuda que adornaba la portada de una novela, la fotografía de la mujer era borrosa, quizá por pudor, y el libro se encontraba casualmente abierto en un poema que rozaba con su cara la piel desnuda de la portada borrosa. Algo llamó mi atención al ver esto. Al acercarme, un grupo de libros tomaron vida y comenzaron a bailar, no sé qué, algún swing, algo viejo.
De pronto me di cuenta que yo también era un libro, mis páginas, dados mis 34 años eran más bien color sepia, era un libro de poesía, y un par de cicatrices en mi cuerpo me dijeron que mi sangre era tinta, lo vi en las letras, lo vi en mi hambre de pasión, lo vi cuando me acerqué a aquella novela, lo vi cuando dejamos a un lado nuestros cuerpos para encontrar la perfección en la textura de unas páginas que no existían. Sin bocas nos besamos, sin piel nos tocamos, sin manos destrozamos nuestras almas sin caricias, sin lenguas nos sentimos: cogimos sin cuerpos, gritamos. Susurramos poesía que conocíamos de memoria, sudamos, ardimos sin llegar al fuego, fuimos fuego silencioso hasta que descansamos en una de las ilustraciones dentro de su mente.
Hermosa, compleja, discreta. Lista para ser más que ella misma.
Yo ya no era libro, era humano. El sol todavía no despertaba pero mi frente estaba empapada en sudor. Sin nombres, sin escrúpulos, con una taza de café que me hacía prometer que nunca intentaría revivir mi experiencia. Soñé o viví.
Esperé a que llegara el periódico del día y leí un par de artículos para entrar en calor con la realidad. De mi realidad color sepia. Regresé a echar un vistazo al estudio lleno de libros en el suelo. Y todos eran de colores. Vivían. En silencio, separados, sin piel.
¿Y todavía me atrevo a preguntar? El mundo inmediato de hoy nos llena de hoy.
Buenas tardes. ¿Alguien sabe en qué día vivimos?
AYER:
CARRERA: 30min
YOGA: ¿Alguien me ayuda con el dato de un buen centro o instructor de yoga?
NOVELA: progresando
IMAGEN: Un regalo
CONSEJO: Lee dos poemas por la mañana. Justo al despertar. De preferencia Mariposa filosófica, y toma un café










