TINTA Y SEXO

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Algo sucedió de pronto, no sé si porque llevaba mucho tiempo hablando de surrealismo o porque dentro de las cajas que guardaban fielmente mis libros apareció un poema (Mariposa filosófica) de Breton y un retrato de Tzara. Juntos. Extraño. Tal vez por la vibra que despiertan tantos años de lectura en una sola tarde.
Pero sin duda algo sucedió. Anoche leí a Edgar Allan Poe antes de dormir y hoy amanecí particularmente temprano. Todavía en medio de la oscuridad propia de la madrugada, entré al estudio en el que dormían los libros en el suelo porque todavía no tenían nichos para hacer morada. Es decir, sin tanto desmadre, que no tengo un librero suficiente para mis libros.
Ahora, el caso es así (y me disculparán el hecho de omitir títulos de libros para mantener anónima su identidad), un libro de poesía estaba acostado sobre las piernas de una mujer desnuda que adornaba la portada de una novela, la fotografía de la mujer era borrosa, quizá por pudor, y el libro se encontraba casualmente abierto en un poema que rozaba con su cara la piel desnuda de la portada borrosa. Algo llamó mi atención al ver esto. Al acercarme, un grupo de libros tomaron vida y comenzaron a bailar, no sé qué, algún swing, algo viejo.
De pronto me di cuenta que yo también era un libro, mis páginas, dados mis 34 años eran más bien color sepia, era un libro de poesía, y un par de cicatrices en mi cuerpo me dijeron que mi sangre era tinta, lo vi en las letras, lo vi en mi hambre de pasión, lo vi cuando me acerqué a aquella novela, lo vi cuando dejamos a un lado nuestros cuerpos para encontrar la perfección en la textura de unas páginas que no existían. Sin bocas nos besamos, sin piel nos tocamos, sin manos destrozamos nuestras almas sin caricias, sin lenguas nos sentimos: cogimos sin cuerpos, gritamos. Susurramos poesía que conocíamos de memoria, sudamos, ardimos sin llegar al fuego, fuimos fuego silencioso hasta que descansamos en una de las ilustraciones dentro de su mente.
Hermosa, compleja, discreta. Lista para ser más que ella misma.
Yo ya no era libro, era humano. El sol todavía no despertaba pero mi frente estaba empapada en sudor. Sin nombres, sin escrúpulos, con una taza de café que me hacía prometer que nunca intentaría revivir mi experiencia. Soñé o viví.
Esperé a que llegara el periódico del día y leí un par de artículos para entrar en calor con la realidad. De mi realidad color sepia. Regresé a echar un vistazo al estudio lleno de libros en el suelo. Y todos eran de colores. Vivían. En silencio, separados, sin piel.
¿Y todavía me atrevo a preguntar? El mundo inmediato de hoy nos llena de hoy.
Buenas tardes. ¿Alguien sabe en qué día vivimos?

AYER:
CARRERA: 30min
YOGA: ¿Alguien me ayuda con el dato de un buen centro o instructor de yoga?
NOVELA: progresando

IMAGEN: Un regalo

CONSEJO: Lee dos poemas por la mañana. Justo al despertar. De preferencia Mariposa filosófica, y toma un café

UN ORGASMO DE COLORES

20110830-094530.jpgFinalmente llegaron a mi casa los libros. Ese es el primer tema. He encontrado un secreto para poder seguir construyendo mi vida en una base de colores. Ese es el segundo. Creo (y conforme van pasando los años voy confirmando mi teoría) que de tener la oportunidad de escoger una carrera universitaria este momento, sabiendo lo que sé, hubiese escogido física o matemáticas puras.

La primera parte, en el entendimiento de que me da igual el orden establecido en el párrafo anterior, voy a hablar de una mágica leyenda, de la piedra filosofal de la civilización actual, del ingenio detrás del mundo digital, del genio detrás del ingenio.

Ella se llamaba R, así, sin más: R. Y es la protagonista de la leyenda.

 

Para hacer esta leyenda más leyenda, usaré castillos y princesas. La princesa R se miraba al espejo cada noche, en el instante preciso entre el vestido y el camisón, soñaba con ella misma, admiraba el color de su propia piel, la forma de su cuerpo, su figura, admiraba sus labios, sus dedos, sus piernas, admiraba el viaje que sus dedos hacían por su abdomen hasta llegar a sus muslos, sus ingles, hasta despertar su propia humedad y el deseo en sus más fervientes fantasías. Su mente dibujaba letras, poesía que invadía sus sentidos, sus sensaciones, voces ocultas que la seducían, que desprendían su instinto consumiendo la vida de su piel hasta dejarla casi gris, en un oculto grito disfrazado de orgasmo en el que la princesa R apretaba sus piernas dejando prisionera por unos instantes a su mano entre ellas. Un gemido que lograba que la luna se apagara por un instante, y hacía que sus sueños fueran siempre blanco y negro. La princesa R dormía profundamente.

Un día, llegó a su castillo un libro, de pasta dura, elegante, un libro hermoso. R quería que llegara la noche para poder compartir con sus dedos y su espejo la magia de su nuevo libro de poesías.

Pero de pronto, al llegar la noche y abrir el libro, se dio cuenta que sus páginas estaban en blanco. Y fue así como tuvo que ir descubriendo los colores para conocer el mismo orgasmo de cada noche.

Primero fue el amarillo, en sueños sicodélicos. Luego el naranja en la búsqueda del rojo. El verde lo encontró en el camino. Finalmente encontró el rojo que le provocó el éxtasis supremo. Y de ahí, el azul, porque no encontraba otra manera de apagar el rojo de su alma.

Al conocer estos seis colores, descubrió que había dejado de ser princesa. Era una mujer, una mujer con orgasmos de colores.

 

Por lo tanto, la ciencia. Física, matemáticas puras. Ecuaciones de espacios interminables, de paréntesis meditativos en una mente humana que no para de luchar por liberarse. De ahí, la creatividad, la filosofía, el arte, y los colores. De la ciencia, de una parte de la ciencia que rompe estructuras con estructuras y enseña a una mente creativa a pensar, a llegar más lejos, a viajar.

La mente que creó la geometría, la física, la teoría del color y de la luz. La mente que creó la fotografía y la perspectiva. El conocimiento que DaVinciano que  se perdió con los siglos. Con más conocimiento y ejercitación de la mente humana podría llegar a ser un artista, tal vez, o un programador, o geek. O experto en páginas web. Sin duda, la ciencia sería el camino que seguiría.

Hasta que llegan más de diez años de mi vida en libros que vivieron almacenados desde hace meses y meses. Llegan a mi casa. A ese lugar en el que he establecido mi nuevo estudio, mi nuevo espacio. Cientos de libros. Los veo, los huelo, busco los separadores que viven en ellos, noto como algunos de ellos incluso cambiaron de color como los dientes de las personas adultas.

Y me doy cuenta que lo único que busco en la vida es un libro de hojas en blanco que me ayude a hacer más intensos los colores de mis propias letras.

Seguramente en una noche de copas en mis sueños conocí a la princesa R narrándome sus aventuras con ecuaciones matemáticas.

Seguramente.

 

AYER

CARRERA: Correspondían 750 metros de nado según mi entrenamiento. Así fue.

YOGA: ¿Alguien sabe de algún buen centro de yoga en la zona de Santa Fe?

MEDITACIÓN Profunda 7 minutos.

NOVELA: CERO

 

CONSEJO: Compra un Rubik Cube en intenta descifrar la cara blanca. Cuando lo logres sin ayuda de Google, me cuentas.

 

IMAGEN: Mis libros y mi Rubik Cube. Los colores en tu mente.

ENTRE EL APOCALIPSIS Y EL ARTE POP

La semana pasada fue extraña, tal vez porque se acerca 9/11 y los nuevos terroristas no se quieren quedar atrás, tal vez por el aire en putrefacción llega a nuestros pulmones cuando se trata de vidas de inocentes.

O tal vez porque Irene amenazaba a la gran manzana y todos los tuiteros, blogueros e instagrameros de Manhattan nos contaban de cómo se vivía la tensión en la ciudad.

De pronto, por un momento, dejé de reconocer el mundo en el que vivo, por un momento la política y los chismes de política pasaron a ser tema menor. De pronto, al amanecer sabiendo que la razón por la que no podía salir de mi casa era un descabezado colgado de un puente a pocos pasos; de pronto, me considero en vez de un ciudadano del mundo, o de México, o de lo que sea, un personaje de novela posapocalíptica que espera su turno o intenta sobrevivir a una humanidad a punto de desaparecer.

Fue una semana extraña con aire enrarecido y sentimiento de alma en proceso de putrefacción.

 

Pero de pronto, en medio del caos de novela de terror en la que la promesa del fin del mundo es inminente, recuerdo dos cosas: arte pop mexicano, colorido, surrealista, poesía urbana, literatura electrónica y desvelada, pocos caracteres, fotografía digital manipulada, publicada instantáneamente. Novedosos crucigramas carnavalescos y locura perfeccionada. El metro de la ciudad de México, el maratón de la ciudad de México, el amanecer de la ciudad de México.

El gran y colorido espectáculo de un mundo que todavía no se va a terminar, que tiene arte, gente, locura e internet. El gran y colorido espectáculo de las estructuras gritando, de la gente corriendo, deportistas, corredores, ultramaratonistas, mariachis, un japonés que ha corrido 392 maratones alrededor del mundo. Colores, formas, colores, palabras, colores, sentidos. Colores. Colores.

Y pienso en el significado de arte pop. Y trato de hacer una recapitulación de lo que esto significa, y veo que en la mañana, justo antes del amanecer, tomé una foto dominguera en el metro, luego corrí. Después, con las piernas y los pies llorando llegué a la prueba de equitación de mi esposa. Y aproveché para tomar más fotos. Y manipularlas en un iPhone para hacerlas, según yo, más bonitas. Y luego llegué a leer un rato mientras comía pizza y descansaba en la cama viendo los VMA 2011. Eso es pop.

Este blog, este post, esos colores, esas historias. Ese delirio disfrazado de palabras y recurrentes versos hechos tuit, o poemas por una causa, o una novela en camino. O los mariachis en el kilómetro veintitantos de un maratón.

Vivimos en una alberca de colores, en el que todavía podemos ver a Woody Allen, en el que regresar a correr descalzos parece ser una tendencia, en el que @LuzdeAgosto corrió 100km descalza para juntar dinero en contra del cáncer. Vivimos en una alberca de color que da café por la mañana, que tiene textos electrónicos y las mujeres tienen voz. En el que la vida es un sueño hecho realidad.

En el que el arte puede lograr revertir esta pendiente apocalíptica, en el que la voz de hombres y mujeres puede revertir esta cultura apocalíptica, en el que la poesía urbana, la poesía pop, las imágenes y la inmediatez pueden salvar a un planeta agonizante.

Hoy. ¿No lo crees?

 

AYER:

CARRERA: 35K del maratón internacional de la ciudad de México (en entrenamiento para el maratón que correré en Noviembre)

 

CONSEJO: Sal a correr. Un día ve al bosque y corre.

 

IMAGEN: Caballos, maratón, metro

SURREALISMO ARTIFICIAL

20110826-074531.jpgHe hablado muchas veces del delirio. Y hoy es viernes. He hablado un poco de dada y un poco del surrealismo. Y hoy sigue siendo viernes. He hablado de dejar mis manos escribir, utilizando mi firma con mi plena autorización sin consultar con mi cerebro. ¡Y ya es viernes!

Así que un día quise escribir poesía disfrazado de soñador. Ni soñé ni escribí poesía. Comenzaba a ponerme nervioso. Y me di cuenta que los fines de semana justamente servían para no ponerme nervioso, así que opté por relajarme, y en el trillado intento de ser mejor persona, terminé escribiendo algo similar a poesía. Pero en jeroglíficos extraños. Comencé a preguntarme de qué planeta precisamente vengo. No hubo respuesta.

De pronto llegó el viernes como agregado cultural a mi hermosa vida de fin de semana a punto de nacer y me invitó a tomar un café. Esto sólo tiene unos segundos de haber parecido, Viernes es un buen tipo, bien parecido y un poco pretensioso, sabe mucho de literatura y de política, aunque descansa los fines de semana. Y me dijo, oye, Cohen, ¿por qué no haces algo diferente en este blog para los fines de semana? Me pareció una buena idea, y dije, está bien, ¿cómo qué? No lo sé, algo más corto, me dijo. Y aquí estoy poniendo como límite una cuartilla relajada a mi publicación de hoy y presentando mi nuevo proyecto al cual podrás tener acceso desde aquí, sobre todo, los viernes y tal vez, los miércoles. Voy a dejar un link secreto pronto.

Mientras tanto, seguiré hablando con Viernes, ya vamos en la segunda copa de vino. Les deseo un fin de semana lleno de Surrealismo artificial.

 

HOY COMENCÉ DE NUEVO A CORRER

CARRERA: Media hora

NOVELA: 250 palabras

POESÍA: Sí

YOGA: Help!!! No estoy pudiendo… ¡Ayuda!

MEDITACIÓN: 20 minutos

 

 

IMAGEN: Enfoque. Surrealismo artificial. Locura digital y luz.

 

CONSEJO: Nadar. Solo eso. Nadar.

 

DADA Y UNA MUJER DESNUDA

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No puedo decir que soy un experto en dadaísmo. Tal vez no pueda siquiera decir que lo comprendo. Pero tampoco sé qué es lo que hay que comprender del Dada. He leído a Tzara y sus Siete manifiestos dada. He intentado escribir poemas dada en algún momento, muchos años atrás. Incluso he intentado dar una explicación a la importancia del dadaísmo en la creación artística.
Pero lo único que viene a mi mente en momentos como este es una copa de buen vino y una palabra: dada.
Hay una parte importante de la antiestética. Al menos yo encuentro algo de mucho valor a los silogismos no lógicos de dada, al arte irreverente e irrespetuoso, del colorido sistema antisistema de una sociedad artística que estaba a un paso de inventar el surrealismo. Hay una parte importante del sentido que nace del sinsentido. La elasticidad de pensamiento, el estiramiento mecánico de la mente. Es decir, mientras algunos gurús de la meditación encuentran fórmulas para quitar la estática de los sentidos y poder percibir lo que los rodea con más claridad, mientras que algunos grandes sabios buscan dentro de sí mismos una piedra filosofal luego de ver el fuego negro, el dada se pirtorrea de la estética, la estática y la lógica. Se pitorrea de la meditación y estira la mente para poder hacer nacer, de una u otra forma una ridícula fantasía con cuerpo de mujer.
Pero de una mujer hermosa, con perfecta simetría, con una armonía sin desafinar, quizá en un atardecer de mil colores semejantes al de una calle sin coches, pero el cuerpo de aquella mujer es perfecto, con unos pezones reales, con curvas y texturas, una mujer, que detrás de un árbol que arroja latas en lugar de hojas, luces en lugar de flores. Un árbol que no tiene secretos para acariciar con sus ramas con dedos de luciérnagas el cuerpo de esa mujer que permite vislumbrar un potencial orgasmo en los labios entreabiertos y los ojos profundamente cerrados, acostada en una cama de plumas moradas de algún ave que todavía no inventa un Stravinski muerto. Un fuego que se funde en el sudor a media piel, anunciado con una luna escondida burlándose del sol.
Puede o no ser dada. Puede ser una escena surrealista inventada por un cubista entrenado en pop art. ¡Qué más da! Yo veo alcanzo a ver ese fuego verde, o azul o berenjena. Alcanzo a ver los 360 grados de una esfera, alcanzo a ver la parte redonda de un cubo. Y luego intento saborear un poema silenciosamente.
¿No sabes leer poesía? No importa, cierra los sentidos. Léela en voz alta y dada. Desnúdate al leer a Segovia y dada. Inventa tu poesía con anuncios de chicle motita. Plagia frases de la calle y declámalas a una mujer al oído. Crea un happening con la cámara de tu teléfono celular. Escápate de la realidad, pero si lo vas a hacer, que sea con sentido. Corre hacia un lugar en el que abunden los colores.
Y dada.

AYER
CARRERA Y YOGA: No todavía. Ya casi.
NOVELA: Corrección
PROYECTO NUEVO: Un diario, pronto les cuento.

CONSEJO: Lee un pedazo de poesía en voz alta, toma una copa de vino a solas. Lee una vez más el poema luego de la primer copa de vino. Busca un poema más sensual, léelo en voz alta. Encontrarás algo nuevo en ti.

IMAGEN: Rubik esférico. Ojo de pescado hecho film. Dada

SENSUALIDAD. TINTA Y PAPEL

20110824-123121.jpgPor alguna razón más allá de mi entendimiento, mi iPhone amaneció tocando la Patética de Tchaikovski. Yo no le pedí que lo hiciera, no la programé ni estaba dentro de mis más escuchadas recientemente, simplemente puse Play mientras me rasuraba y salió: yo pensé que no me había hecho caso el aparato porque en un principio no sonaba nada pero como yo tenía ya las manos llenas de jabón, no pude asegurarme de que todo estuviera en orden. No era tan importante rasurarme sin música un día.

Y de pronto escucho. Tararara… tararararara… tararán. La sexta y última sinfonía de Tchaikovski, la Patética, la crónica de su propia muerte. Y yo con la navaja en la cara. Mientras la música comenzaba a hacerse evidente gracias a la aparición de instrumentos, yo cerré los ojos por un instante y respiré ese primer movimiento. Luego terminé de rasurarme pero no apagué a Tchaikovski, me acompañó en cada uno de mis procesos matutinos, calcetines, zapatos, corbata, café, periódico. Otro café. Un poquito más periódico. Hasta que se me hizo tarde.

Me di cuenta de que una parte de la Patética (la parte bella) se quedó conmigo en camino a un desayuno, en el coche, era tanta su presencia que no pude poner nada más. El tarara… tararararara… no daba espacio para que entrara una sola nota más. Mi cabeza entraba en un trance. Y la soledad del coche me permitía pasar por ese trance. Y mi mente, en estado de trance comenzó a formar una historia.

La tinta. La misma tinta que componía sinfonías, la misma de un majestuoso concierto para piano, de muchos, de millones de notas, de miles de sinfonías, de cientos de obras maestras, la misma tinta que busca un papel para sentirse plena apareció en mi mente como personaje principal, una tinta desinhibida, sin pretensiones, buscando un cuerpo desnudo, una hoja en blanco, un espacio para poder llorar en medio de caricias.

Entonces la tinta llegó a convertirse en palabras, en cuentos, en tragedias, en poesía, a convertirse en la historia de mil civilizaciones. Mientras el papel solo sentía las caricias, poco a poco la tinta dejó de ser ella misma para volverse parte del papel, para convertirse en un ser absoluto. Y en ese instante hicieron el amor. Cuando eran uno solo, cuando se besaban con el mero hecho de existir.

Y el tráfico de la ciudad terminó de pronto. Y mi imaginación terminó buscando un lugar para poder estacionarme, pero una parte de mi sangre quedó manchada de tinta, mi piel sentía la cercanía de esa otra piel, de la surrealista, de aquella que posiblemente no existía, de la piel sin cara, de las caricias sin piel, del orgasmo sin excusa. Una parte de mí fue sangre y la otra melodía.

Pero yo no encontraba dónde estacionarme.

Una vez que encontré un lugar, intenté sacudirme de música y poesía, buscar un poco de tranquilidad fuera de mi sudor interno, de aquel fuego que contaba secretos mucho antes de su confesión.

Y recordé las imágenes sin nombre, las bocas sin cara. Los besos con ojos cerrados. La saliva: tinta transparente. Y traté de buscar unos hombros en mi mente que pudieran ser de fuego, de mis manos. De un mundo real.

Intenté buscar el significado actual del surrealismo, vi las imágenes que crean millones de personas para que yo vea en ese instante, vi los colores que habitan en miles de mentes que se comunican conmigo, vi los ojos y las palabras, las bocas y los cantos, vi todo lo que puede escucharse en medio del color. Y recordé a Octavio Paz: “El surrealismo no se propone tanto la creación de poemas como la transformación de los hombres en poemas vivientes.”.

Me di cuenta, que esto nunca había sido más verdad que hoy, ahora, en la era del color, de la deformación de la realidad, de la inmediatez de la poesía, en la era en la que somos, soy, eres. Un poema viviente, un poema con patas, de colores, con ojos perfectos y efectos de carbón. Soy una caricatura perfeccionada de mí. Un poema viviente y la sensualización de la verdad.

Soy Paz y soy Tchaikovski con un iPhone en la mano creando imágenes, palabras, escuchando. Respirando a través de una mente surrealista.

Siendo así, no me queda más que desear un buen día para todos.

AYER

CARRERA: No dado de alta todavía.

YOGA: No.

MEDITACIÓN: Veinte minutos

NOVELA: Corrección 500 palabras

POESÍA: Sí

IMAGEN: Autorretrato disfrazado de otro yo.

CONSEJO: Ponerse unos audífonos y olvidarse durante 40 minutos del mundo entero mientras suena la Sexta de Tchaikovski. Dejar a la mente volar para crear historias y fábulas.

ORGASMOS INTELECTUALES

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Algunas veces he pensado que cuando dejo escribir a mis manos sin dejar a mi cabeza interferir es cuando salen mis mejores textos. Todavía no sé si sea verdad o no. Recuerdo haber descubierto esto por primera vez cuando tenía 18 años o algo así, con el tiempo lo fui convirtiendo en un ejercicio hasta que años más tarde decidí poetizar la frase diciendo que al único ser a quien confiaría mi firma es a mi propia mano, sin ayuda de mí.
Posiblemente hoy comprenda que existen ciertos estados meditativos que hacen que mi afirmación de hace años sea cierta. Sin embargo, no he encontrado la forma de saber utilizar dicho estado, cada vez me cuesta más trabajo desentenderme de mis manos para poder escribir, y cada vez me gusta más lo que logro cuando lo hago. Esto quiere decir, si lo traducimos a la gente aterrizada en el planeta Tierra, que cada vez encuentro menos textos de mi autoría con los que me sienta absolutamente cómodo u orgulloso (o algún otro adjetivo que me esté brincando).

Y ya que en esta ocasión mi coco también está formando parte operativa del presente texto, aprovecho para dar estructura al mismo. Este párrafo hablará del perfeccionamiento de los placeres intelectuales en su más profundo estado. Por ejemplo, escribir.

Este otro párrafo hablará del inicio del placer de una buena conversación. Y de aquello que no se comprende muy bien en las relaciones interpersonales del homo sapiens promedio.
Existen ciertos estados meditativos que alcanzan un estado de relajación tal,
que permite que la mente se enfoque en ciertos temas específicos para poder evolucionar con ellos, comprenderlos, o resolverlos: la mente en dicho caso
actúa como ser independiente al resto del cuerpo, este es uno de los usos de
los mantras. Y es una sensación parecida a la que yo sentía a los 18 cuando
“dejaba a mi mano” escribir por mí. Es un momento placentero que va más allá
del cuerpo mismo, que va más allá del concepto de placer que tenemos los seres
humanos, es algo así como alcanzar un largo orgasmo intelectual.

Ahora, como estoy haciendo las cosas con cierta estructura, debo de aprovechar esta tercera parte de mi artículo para concluir. Intento, con permiso.
El placer de la conversación es encontrar, luego de una serie de preguntas y respuestas inteligentes, ese estado meditativo que solo se alcanza conectándose con alguna actividad profundamente intelectual encerrado en uno mismo, pero con otra
persona y hablando. No sentados, en silencio, no con los ojos cerrados, tal vez
con una copa de vino en la mano, o después de muchas, tal vez en medio de un
ruido constante que emanan todas las personas alrededor.
Esta gran conversación va más allá del cuerpo, va más allá de la dirección de la mente o de la capacidad analítica de la misma, esta gran conversación lleva
directamente a deshacerse de los cuerpos en un estado de conexión particular,
para alcanzar el mismo estado meditativo que te llevará a lograr descifrar
problemas o a aclarar conceptos.
Pero sobre todo, y sin duda, te llevará a alcanzar ese largo orgasmo intelectual.

AYER

CARRERA Y
MEDITACIÓN: Suspendidas hasta el próximo miércoles

NOVELA: Error. Cero.
Estoy en deuda con más de mil palabras.

IMAGEN:
El estado meditativo de una lata de refresco

CONSEJO: Deja a alguna parte de tu cuerpo hacer algo sin la ayuda de tu cerebro: pinta, escribe, dibuja, toca algún instrumento o resuelve algún problema matemático. Pero no pienses.

SERVILLETA HECHA TUIT

20110822-051300.jpgCreo que más por un oficio desinhibido que por otra cosa, me puse a escribir poemas ,sin pensar mucho, sobre una servilleta. Estaba en un café en el centro de la ciudad. Nada folclórico ni representativo, un simple y golobalcapitalista Starbucks que me sirve un café decente y perfectamente institucionalifranquiciado.
En fin, sólo garabateaba en una servilleta mientras me di cuenta de algo importante, una epifanía que me cambió la vida, una luz que iluminó mi destino y cambió mi vida para siempre. ¡Se me había hecho tarde! Ridículamente tarde. Miré a la culpable de tal atrocidad, la doblé en dos y la lancé sin miramientos dentro del bolsillo interno de mi saco. Tapé mi pluma, tiré el vasito de plástico en el que tomé el café a la basura y salí corriendo hacia mi cita tratando inútilmente de trascender al tiempo.
Mientras caminaba, casi corriendo, en el estado meditativo que solo te permite alcanzar estar en medio de una multitud apresurada, tuve otra mágica aparición. ¿Por qué iba tarde? ¿Por escribir en una servilletita reciclable? No. Iba tarde por la poesía, iba tarde porque estaba más entretenido pensando en la palabras correctas para hacer una oración que comunicara algo específico, que en tomar mi café o en llegar a tiempo. Mi trabajo es escribir, mi pasatiempo es escribir, mi mayor diversión es escribir y mi peor tormento es escribir. Mi trabajo es leer, mi pasatiempo es leer, mi mayor diversión es leer, pero mi mayor tormento es escribir. Comparto una pasión primordial dividida en dos.
Entonces descubro las cosas importantes en la vida. Aquellas que se pueden leer o escribir. ¡Bravo! Sentí como si el tiempo se detuviera, como si de pronto toda la gente a mi alrededor estuviera en pausa, y yo lanzara a un lado mi saco, me quitara la corbata dejara caer mis portafolios y gritara en medio de la lluvia que soy libre.
Bueno, no.
Pero me di cuenta de un factor alterno en la nueva era digital: blogs, Twitter, Facebook o cualquier otro lugar en el que un artista, seudo-artista, intelectual o seudo-intelectual, creativo o idiota, pueda publicar su visión del mundo. Claro que nos paraliza, claro que nos hace a un lado de una proporción distinta de nuestra propia realidad.
Vivimos inmersos en nuestra perspectiva del arte, de la comunicación, del sueño y obsesión de inventarnos, de inventar a nuestros interlocutores, de inventar una versión mejorada de nosotros mismos. Tenemos Google y tenemos sesos.
¡Ya era hora de descubrirlo! ¿Cómo no íbamos a estar embobados con la nueva faceta de la humanidad? Con su mayor avance intelectual.
Entonces llega el mensaje. Ese que tanto llevaba esperando, llega la noticia, la frase, el truco que sin querer me hará pensar en la mejor respuesta. Llega el momento y paro mis reflexiones. Solo puedo pensar en la mejor contestación, en la más rápida, en la más viva, en la más inteligente. Suena mi teléfono y me corta la inspiración. Era un cliente, y sigue estando primero la comida.
Retomo la conversación inteligente pero con menos bríos. La gente alrededor de mí caminaba casi corriendo, yo también. Guardé el teléfono en mi bolsa y sonreí. Tenía un poema en mi bolsillo. Al llegar a mi cita, mientras me anunciaban, publiqué el poema que me había hecho llegar tarde. Algo así: Instalado entre el olvido y años luz de aquellos besos veo tus labios. Me separo de tu piel por un instante. Instalado entre tu imagen y mis sueños. Te dibujo. como aquella que no existe.
Ahora solo faltaba esperar una respuesta inteligente.

PAPEL VS. LECTURA ELECTRÓNICA

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Puedo decir que estoy lleno de manías, sobre todo cuando respecta a la lectura. Tengo rituales. Muchos. Por ejemplo, antes de comenzar un nuevo libro, hojeo muchos: me gusta tener muchas opciones, me gusta pelearme con uno, luego con otro, enamorarme aquí y allá y de pronto ¡pum!, quedarme atorado en uno de ellos. Y leerlo.
Me gusta tener junto a mí por las noches los llamados libros de cabecera. Me gusta leer muchos libros a la vez. Y me gusta comenzar uno nuevo al instante en que terminé el anterior. Es mi premio. Poder llegar al nuevo que seguramente llevaba semanas queriendo leer. Me considero también un obsesivo del diccionario, me gusta saber el significado de las nuevas palabras con las que me topo. Y, debo aceptar que, aunque las novelas larguísimas no son mis lecturas favoritas, muchas veces me topo con ellas y las termino disfrutando un montón.
No me gusta esperar sin tener un libro a la mano. Y generalmente me gusta traer conmigo un libro. Soy comprador compulsivo, tengo mis críticos y recomendadores clave, y en el momento en el que surge la recomendación, me gusta tener el libro en la mano. Siento como si en cualquier momento fuera a extinguirse o agotarse o desvanecerse del planeta si no lo tengo en mi mano.
En fin, mi amor por la literatura va más allá de un blog. Me encanta leer, no tengo problema con esperar horas y horas, siempre y cuando tenga un buen libro cerca y no se termine, pero si se termina… ¡gran problema! Así que generalmente llevo uno o dos libros de repuesto. Vivo de y para las letras. Disfruto tanto de leer, tanto. No me importa si sólo es una línea o dos, si es toda la noche o un rato mientras espero, si es con café o con una botella de agua. Soy un gran consumidor de experiencias, pero no las necesito para sentarme a leer, es decir, puedo leer sin taza de café y sin lentes de Woody Allen.

Por otra parte, casi cada vez que me sobra un poco de tiempo en la colonia Roma o en el centro de la ciudad, voy de paseo a librerías del viejo. Y salgo con bolsas o cajas, tanto de ediciones que no conocía de un mismo libro como con ediciones iguales pero más viejas a la mía como con muchos títulos nuevos. Adoro el aroma, la nostalgia, adoro la visión, la textura, el polvo, y las gafas del señor que me atiende. Adoro observar a los intelectualocultoides que pasean al mismo tiempo que yo en la librería (aunque ellos no lleven corbata), y pensar en mi propia biblioteca.
Como lo había dicho antes, soy un compulsivo consumidor de experiencias, así que la misma experiencia del café, en el centro, con los lentes de pasta, sabe mejor con un buen volumen viejo de Los hermanos Karamazov en la mano, o con Los detectives salvajes de Bolaño sentado en aquel café del centro de cuyo nombre no quiero acordarme. Adoro la experiencia del papel, el olor a tinta, adoro pasar por las imprentas o ir a las oficinas de algún periódico cuando debo pasar a recoger un cheque. Olor a rotativa. Me gusta. Sí, me apasiona la historia de las letras, su melancolía. Todos los secretos que guarda cada año de los textos.
La magia del separador, la pretensión de que todo mundo vea que estoy leyendo un inmenso ejemplar de La montaña mágica, la magia de que todos sepan que leo a Thomas Mann o a Joyce, o (en tiempos actuales, pretensión de la que me hago a un lado) al Murakami que leen hoy los que dicen que leen. Es hermoso. Lo vivo y soy parte de. No niego disfrutar de cada uno de los puntos relacionados con el papel.

Ahora a lo que voy: tengo dos placeres y pasiones frente a mí: uno es la lectura, punto. Y el otro es la experiencia de la lectura en papel. ¿Cuál me gusta más?
La lectura, sin duda. Sí, la lectura. ¿Dije la lectura? Pues sí, eso, la lectura.
Es decir. Cambio cada uno de los puntos de olor, imagen y nostalgia por una buena lectura. Punto. Prefiero leer, comprar libros pronto, leer lo más nuevo y lo viejo, tener un diccionario a la mano, llevar libros de repuesto, viajar bien preparado sin pagar exceso de equipaje a sentir el aroma del papel. Claro, si pudiera comprar la experiencia completa, me iría a leer a Neruda en papel a un lugar del centro de cuyo nombre no quisiera acordarme, tomando un mal café presumiblemente bueno. Compraría una casa más grande para tener una biblioteca más grande. Viviría (como vivo, tal vez) rodeado de papel y tinta.
Sin embargo, la tecnología me ha hecho un favor. Puedo llevar conmigo en menos de 250 gramos 100 libros para elegir. Nuevos o viejos, puedo comprar al instante la última recomendación de James Wood (ni modo, sin que nadie se entere de lo que leo). En un aparato más pequeño que una libreta Moleskine. Mi amor por las letras (no por el papel), no podría encontrar mejor amigo. ¡Ah! Y por si fuera poco, puedo tener al mismo tiempo toda mi biblioteca con todo y separador en mi celular, computadora o tablet. Para que, sin importar la mágica experiencia que tenga o no, pueda leer: en la fila del banco, mientras espero en una cita, en cualquier ocasión en la que no pensé que necesitaría un libro. ¿Mejor amigo para el arte? ¿Para la literatura? No lo creo.
No importa si es Kindle, Nook o algún otro, no importa si lo lees en tu iPad o en tu PlayBook. El chiste es que nunca falta qué leer.
Mi punto de vista es, papel o no papel, el significado del arte, de la literatura, filosofía y conocimiento está en las letras, no en dónde están impresas.
¿No es así?

HOY EN EL MUNDO INSTANTÁNEO

20110818-014904.jpgMe apasiona la era en la que vivo. Sin duda. Me apasiona el surrealismo y la falsa fama de la que somos capaces al inicio de la segunda década del siglo veintiuno. Vivimos en el colmo de la honestidad y en el colmo del fantochismo al mismo tiempo, en el filo de un mundo que empezamos a conocer. Me apasiona. Sin duda. Respiro de la libertad del arte. De la libertad de la palabra, del anonimato y de la propia identidad.
Creo que el arte ha tomado un giro neosurrealistapop, por ponerlo de algún modo. El neo se ve en las pantallas, y el surrealismo pop se ve en el resurgimiento de las imágenes.
Todavía no me acostumbro a vivir conectado. No me acostumbro por completo al mundo instantáneo. Y bueno, con mi personalidad cómo me iba a acostumbrar. Eso me queda claro.
Hoy me topo con el anacrónico y siempre vivo olor a tinta. Me topo con el corazón de una máquina de escribir y veo su resultado al mirar a mi biblioteca. Es decir, el resultado de aquellos carretes de tinta fue el 80% de libros que habitan los cajones de mis libreros. Sigue siendo impresionante. Pero lo majestuoso no termina ahí, sino que empieza: el otro 20 % de libros no vieron el olor a tinta. ¡Y no dejan de ser maravillosos!
Algunas veces me emociona descubrir que sigue habiendo dedos humanos dándole duro a las teclas para crear los sueños que yo mismo creo en mi coco cuando leo un libro. El tiempo y el espacio no son enemigos de nuestra era. Ni los fantoches, ni aquellos que pretenden fama cibernética para esconder una patética vida, ni los que tienen fama y huyen de la fama cibernética sin poder lograrlo.
No vivimos en una parte de la era tecnológica, vivimos en un todo. No hay vuelta atrás.
Y yo escribo, no soy fotógrafo ni diseñador, pero tengo mis juguetes y los uso. Hay nuevos pitufos. Y los veo en todas parte. Escribo artículos para revistas desde un teléfono celular y a nadie le parece sensacionalista. Yo escribo, uso mis juguetes para ver las fotografías como las veo en mi más ridícula imaginación y lo disfruto. Escribo para todos y para nadie en el mundo instantáneo y lo disfruto. Creo historias, busco sueños. Creo sueños para buscar historias.
Y sigo aquí, siendo parte viva de la era digital.
AYER
CARRERA: 30min
YOGA: No (urge hacer algo al respecto)
NOVELA: 100 palabras
POESÍA: Sí. Mucha de nuevo
IMAGEN: 1) UN SERVIDOR USANDO CORBATÍN Y TOMANDO CAFÉ POR LA MAÑANA 2) TINTA CONTRA TINTA

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