UNA CIUDAD A MEDIA TARDE

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Una ciudad a media tarde. Revolcándose por aquello que ve y por aquello que siente, una ciudad que sabe todo, que se burla de aquellos que la intentan seducir con idioteces. Una ciudad que no cree en política, ni en fantasmas, una ciudad que entiende de laberintos y de muerte. Entiende de mentiras y de escándalos. Una ciudad que hierve y grita, que suda y ruega. Que nos habita, y que nos sonríe condescendientemente. Hipnotizada, ensimismada, liberada. Una ciudad de rodillas esperando algún amanecer que finalmente la bese.

Nuestra ciudad y nuestra mente. Somos seres inmersos en destinos y horizontes, en planetas y en hechizos. Nos revolcamos de dolor sin ir al cielo. Nos buscamos el infierno en las preguntas. Somos de ciudad y de destino. De horizonte mal venido y paraísos infiltrados. Nuestra ciudad llena de infiernos y aspirantes. De soledad y de guaridas. Ciudad de sexo, vida y sangre. De colores. Aromas. Melodías.

Una ciudad a media tarde que nos mira.

MIS MANOS

Me doy cuenta de que solo escribo cuando no me preocupo de qué escribo. Me doy cuenta de que escribo cuando dejo a mis manos teclear, sin compromiso, sin otra ilusión que aquella de ir creando. Los ojos y las manos. Nada más. De pronto incluso pienso que ni siquiera hay otro sentimiento que el de mis propios dedos al ponerse a dibujar palabras. Alguien me lo entenderá algún día, el día en que las manos comiencen su propia revolución.

Yo no escribo. Escriben ellas. Es por eso que sale la piel en medio de los gritos, de las voces. Ellas saben más de piel, de roce, de tacto, entienden mejor el sudor y la saliva, entienden de fuego y de lenguas. Ellas, mejor que nadie, entienden de humedad. Viajan, por caminos de tinta y sueños. Por fantasías, viajan. Crean fantasías. Reviven y matan. Saben todo de la seducción y del delirio, del desvelo y del instinto. Ellas tocan.

Exploran cuerpos. Delinean figuras humanas, las dibujan. Evaporan la conciencia cuando habitan en el calor de una espalda desnuda. Tocan, son víctimas de orgasmos. Son productoras de orgasmos. Son dueñas de mil orgasmos, de palabras que llevan al orgasmo, de caricias que llevan al orgasmo. Son ellas. Solo ellas. Quienes pueden escribir. Quienes acarician una mejilla para ver nacer sonrisas.

Me doy cuenta que nunca aprendí a escribir, que el control de mis letras lo cedí hace años, muchos años, a mis manos. Ellas ganarán batallas.

Mis ojos son quienes crean poesía. Mis manos pasión.

ARDIENTE PERVERSIÓN

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Escribir deliciosamente enmascarado. La pureza de un infierno que lo consume todo, que deja nada. Absolutamente nada. Querías ardiente perversión al desvestirte, ¡aquí me tienes! Listo para poseerte, para desnudarte con los dientes. Aquí me tienes sin reservas. Con el alma cubierta del lodo de tu cuerpo. Dispuesto a alucinar tus fantasías, a fumar tus maldiciones. Escribir en tu espalda desnuda con mi lengua. Recorrerte sin remedio. Descubrirte y penetrarte. Desvelarme ante tus gritos. Al calor de aquella ausencia. Me querías lejos, tan lejos como dentro de tu cama, me querías lejos. Encima de ti pero lejos. Instalado con saliva en tus pezones. Lejos sin remedio. Dentro de ti, viviendo en tu orgasmo. En tu aliento. Querías infierno y egoísmo. Sexo y laberintos. Un amante desalmado a la distancia, tan sutil como el silencio. Tan perverso como tus propias manos al tocarte. Querías sueños hechos realidad entre tus piernas. Aquí me tienes. Disfrazado de enemigo.

CARRERA CONTRA EL TIEMPO

20120411-092114.jpgIniciar la carrera contra el tiempo se convierte en prioridad en el vertiginoso ahora. Iniciar un día. Tomar un café. Encender la computadora. Librar la batalla contra una luna que tarda el mismo tiempo en desaparecer del cielo cada mañana, pero usando una computadora que cada vez enciende más rápido.

Luego, aparece la vertiginosa aparición de los recuerdos, de momentos que no han muerto aunque parecen enterrados. De piel. De pasión y de esperanza apabullante. El mundo hoy es de quien sobrevive a la tormenta, de aquellos que llegan al sol luego de una tempestad. Porque las tempestades son inmediatas, porque soportar el frío y el agua se convierte en los más difícil de la carrera contra el tiempo.

Somos más jóvenes. También. Todos. Los treinta de hoy son los cincuenta de ayer, los sesenta son los ochenta. Vivimos más, si evadimos algunas enfermedades, por supuesto. Somos más jóvenes y más impacientes. Más hipócritas, más infieles. Distantes. Somos una generación de encierro. De locura y esperanza. De esperanza apabullante. De caos y ruido, pero que sueña con el Nirvana y la paz de las montañas. Somos una generación que no necesita ser de ascetas para meditar.

La carrera contra el tiempo no es sino una mañana, cualquier mañana. Todas las mañanas frente al infinito caos del exceso de información. Somos sueños. Sueños atrapados y sueños liberados. Pero siempre, sueños de un tiempo que se escapa de una libertad que nos permite navegar en una silla. La relatividad del tiempo. La estúpida y perfecta relatividad del espacio.

¡Hoy es miércoles! La espeluznante relatividad de la semana.

¡Buen día! Bienvenidos a mi vida. ¿Ya te suscribiste a este blog?

LA HERMOSA BEL

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El centro de la ciudad era su casa, su campo, su elemento. Burlaba los coches con incomparable astucia y conocía cada rincón, cada basurero. Rinat era un gato ágil y esbelto, un macho delicado y hábil. Avanzó por la Tercera Avenida hasta llegar a la calle 43, subió dando brincos y trepando por balcones y escalinatas hasta llegar al piso 4, en el que se encontraba Bel, la gata más hermosa del barrio, la gata más hermosa, más blanca y más sensual de todas, de toda la ciudad, de todo el mundo, Bel era una gata en un millón. Y Rinat lo sabía. Él era quien lo sabía. La deseaba mientras paseaba por las calles, la llevaba deseando días, la deseó mientras subía por la pared para llegar hasta su apartamento.
Al entrar por la ventana, Bel lo recibió con un arañazo en la cara, Rinat llevó sus manos a la cara. Sabía que lo merecía.
-Yo no soy ese tipo de gata, ¿lo entiendes? –Bel gritaba- ¡A mí me tratas como la princesa que soy! ¡Hijo de puta! ¡Lárgate de mi vista!
Rinat intentó abrazarla, consolarla, pero Bel seguía golpeándola. Rinat preguntaba, por qué, ¿qué había hecho para merecer ese recibimiento? Pero Bel dio media vuelta y se perdió por una puerta que Rinat no conocía. El gato sabía que llevaba días sin aparecerse por ahí, sin dar señal alguna de vida. Pero la vida de los gatos de la calle requería de esa libertad para lograr la supervivencia, todos debían saberlo. Todas las gatas hermosas debían saberlo. Una paloma se acercó a la ventana:
-¡Pst! Rinat…
-¿Qué?
-Otro gato vino a ver a Bel anoche, sólo para que lo sepas.
-¿Otro gato? ¿Quién? ¡Dime! ¡Lo voy a buscar hasta matarlo!
-No creo que puedas… ¡je! Es un siamés, enorme, bellísimo. Mucho más fuerte que tú, con garras más filosas.
-¿Por qué no te vas de aquí? ¡Chismosa! No te creo nada. Siempre haces lo mismo.
Pero se acercó otra paloma, y dijo lo mismo. Otra. Rinat sabía que las palomas callejeras podían ser peligrosas cuando se juntaban de noche, prefirió dejar de retarlas. Intentó seguir a Bel, pero la puerta estaba ya cerrada. Las palomas intentaban decir algo desde la ventana pero Rinat intentaba no escuchar, las veía fumar. Como siempre, uno tras otro encendían los porros, dejaban todo el callejón apestando a marihuana. Rinat buscó la forma de abrir la puerta de una u otra forma, pero no lo conseguía. De pronto se abrió y salió Bel ignorándolo, caminando con soberbia y dirigiéndose a la ventana. Ofreció un café a las cuatro palomas que se encontraban ahí y ellas le dieron de fumar. Rinat intentó interponerse para impedirlo, pero ahora eran las cinco que lo ignoraban. De un salto salió de la ventana y cayó en el barandal del piso 2. De ahí bajó hasta la calle y salió corriendo. Buscaría a su clan, a todo su equipo para matar al siamés.
A las once en punto de la noche ya eran tres gatos en el piso cinco del edificio que daba frente a la ventana de Bela. Observaban todo sin ser observados, listos para atacar a la llegada de cualquier extraño. Rinat recordaba que no había podido verla por estar en los bares, consiguiendo sobras de tragos y de comida, jugando apuestas para ganarle un regalo bello a su mujer. Recordaba aquellas noches, los besos y las caricias, recordaba la lengua de su amada recorriéndole las patas, la espalda, aquellos abrazos y aquella calidez, aquella sensación de bienestar y de presencia, sus ronroneos cuando se besaban, sus garras tiernamente arañándose. Dio un brinco y llegó de nuevo hasta su ventana. Ella lo recibió cortésmente pero le suplicó que se marchara lo antes posible, que nunca más se acercara a ella. Que lo odiaba. Por favor, que se largara. Miró por la ventana, eran ahora las palomas quienes charlaban con sus compinches, no entendía nada. De pronto, sintió unas garras por su espalda. No era Bel. El siamés lo atacaba. Bel se acercó a él. Rinat sabía que lo ayudaría.
Mientras sus amigos espantaban a las palomas para llegar a él, sintió las uñas de su amada clavándose en el corazón. Cuando llegaron a salvarlo, ya había muerto.
El siamés y las palomas eran sólo un plan. A Bel, nadie la dejaba con ganas.
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¿HACER DINERO DEL ARTE?

Una de las grandes preocupaciones de los artistas en la era digital es cómo monetizar su obra, ¿ahora de qué voy a vivir? Lo mismo sucede con algunos publicistas o jefes de marketing. La democratización de los medios de comunicación está poniendo los nervios de punta a todos los tradicionalistas. Y lo peor, dentro de estos tradicionalistas existen muchos que se autoproclaman innovadores. El mundo está de cabeza. Una de las grandes preocupaciones es qué va a suceder si la gente ya no paga por lo que consume. ¿Qué pasará con la industria editorial? ¿Qué pasará con la industria discográfica? ¿Qué pasará con la prensa? ¿Con las estrellas de rock? ¡Oh! ¿Quién podrá ayudarlos?

Muchos geeks y gurús del marketing digital hablan de esto a profundidad, se convierten en dioses de ciertas minorías. Se convierten en estrellas de su propio espectáculo y venden a miles y miles de dólares la publicidad en sus blogs visitados por millones.

El punto es: ¿qué es lo que buscas? ¿Fama mundial? Te equivocaste de época. Llegaste unas décadas tarde. Buscas un espacio para innovar o para que algunos se den cuenta de tu genio y te sigan fielmente hasta el fin del mundo. Llegaste en el momento correcto.

Considero que una pregunta importante es, ¿quieres dar algo al mundo o quieres que el mundo te rinda homenaje? De nuevo, si lo que buscas es dar algo, porque sabes que eres bueno o buena (el mejor o la mejor) en lo que haces, estás en el mejor lugar de la historia. Si quieres tener las fiestas de Tommy Lee Jones y Pamela Anderson, mejor intenta ganar American Idol.

Accesibilidad, hoy tenemos acceso inmediato a demasiado material de altísima calidad.  Música, fotografía, literatura, cine, publicidad, moda. Todo está a la mano. ¿Cómo puedes sobresalir? Poniendo lo que eres ahí. ¿Cómo puedes sobrevivir? Pregúntale a Mark Zuckerberg, el te responderá mejor que yo. Pregúntale a Ried Hoffman o Eric Schmidt. Mi mejor consejo será que no dejes el camino porque parece no ser seguro, tienes la ventaja de que puedes inventar ¡lo que sea! ¡Incluso una nueva forma de ganar dinero!

Yo no he inventado la nueva forma de ganar dinero, pero sí quiero estar en la jugada en el nuevo giro del arte y de los medios de comunicación, así que mi nuevo proyecto también será gratuito y fácilmente descargable

¿POR QUÉ VENDE EL SEXO?

Nuestra mente va mucho más allá de lo que nosotros mismos imaginamos. Pensamos más rápido de lo que pensamos, analizamos mucho más precisa y rápidamente de lo que creemos. Nuestra mente nos lleva una considerable ventaja. Justo ahí es donde entra la seducción, en la parte inconsciente de nuestras propias decisiones. En ese mecanismo de nosotros mismos que justifica, ese mecanismo que nos convence a dar un paso.

El sexo no solo vende sexo. El sexo abre las puertas al deseo, al más íntimo instinto de nuestra sangre. El sexo vende porque convence, porque deja a un lado a los razonamientos y justifica al objeto del placer. La sutileza del sexo vende. La expresión del sexo vende. Con una condición siempre, que sea la cantidad precisa en el momento preciso para convertirse en un objetivo de deseo y no sea sobrepasado por el mismo. Esa fórmula alquímica es el arte de la seducción. Es justo lo que vende del sexo. Deseo instintivo: confundir el olor del placer, sentir una sensualidad en la piel que no reconocemos. Estética pura. Libre. Una suave descarga eléctrica disfrazada.

Es un enredado camino de ilusiones que se tienen que balancear. No todo lo que vende lleva sexo entre líneas. Pero es mentira que el sexo solo venda sexo. El sexo vende imágenes, deseo. Pasión escondida en un viaje, en un producto, en automóvil. Pasión pura dentro del arte. El sexo vende porque oculta dentro de sí mismo cada uno de nuestros objetos de placer: desde el anhelo por un cuerpo desnudo hasta la esperanza de vivir en un mundo mejor.

La sensualidad es la llave a nuestro deseo. Y nuestro deseo más profundo es la meta de la seducción.

Cada vez que escribo algún texto erótico es con esto en mente. Es con un mensaje entre líneas, con un secreto que quiero transmitir. El erotismo es mi herramienta para plasmar ideas. Pero plasmarlas tan profundamente que alcancen a robar gemidos. La seducción es encontrar la combinación perfecta de llaves para entrar al deseo: el sexo, sin duda es una de estas llaves.

 

Pronto saldrá mi nuevo proyecto. El más grande que haya lanzado hasta hoy. Tiene mucho de poesía, tiene mucho de sexo. Erotismo y seducción. Está lleno de ideas y pensamientos.

¿Te interesa saber más de él?