¿CÓMO EMPIEZA TU SÁBADO?

De nuevo. Encontrando en el primer cuadro del día un escrupuloso delirio que me lleva a escribir. Luego el café. Y de ahí la música. Todo esto acompañado de algunas poesías y revistas abiertas (digitales, por supuesto). Un artículo por aquí, un poema por allá, otro café. Xiayin Wang no deja de tocar el piano. Disfruto mi momento, ese que no comparto, disfruto de los sueños que dejé de soñar en la madrugada.

Lo importante no es solo sentir, sino desear. Disfruto del deseo, de la posibilidad del placer. Y todo, mientras escucho un poco de música un sábado por la mañana. Rodeado de letras y un par de tazas de café,

¿Qué más puedes pedir para un amanecer? ¿Hay alguna mejor forma de aprovechar el tiempo con uno mismo? Mañana me toca correr antes del ritual, tal vez en vez del ritual dando pie a uno distinto. Hoy, es solo esto. Y no quiero nada más.

¿Cómo es la mañana para ti?

HUMEDAD (EMPEZANDO)

20120323-195438.jpgCada viernes, en Perspectiva Co, se cambia el relato de la pestaña HUMEDAD. Hoy no fue la excepción. A partir de este momento puedes entrar a leer un nuevo relato en esta sección.

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VIERNES SEXUAL E IRREVERENTE

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Hoy no amanecí en serio. Desperté riéndome de mí mismo. Disfrutando de lo que pocas veces se disfruta. Del “noséqué”. Si buscas un post serio, este no es el día indicado. Amanecí divertido de cabeza. Extraordinaria forma de ver la poesía. De colores. Sacando a pasear un poco la locura. Recordando que las letras son para vivir, para soñar a veces. Para sentir, siempre. Las letras son nuestras. Y no siempre son solemnes. Hoy, aquí, no.

El viernes es más relajado que otros días. ¡Porque es viernes! Porque se acaba la semana como se conoce para la mayoría de la gente. Sin embargo, el viernes por la mañana, todavía guarda un poco de ansiedad, lo que resta al día para terminar. Las horas finales antes del alcohol, o de una fiesta, reunión; Familia. Casa. Amigos. Placer. Hijos. Viajes. Excursiones. Exploraciones. Dormir. Correr. Despertar. Beber. Drogarse. Crudear. Pasear al perro. Caminar en el bosque. Amanecer en otra cama. Subirse a la bici. Desayunar donde te gusta.

Pero todavía no llega ese momento. Todavía no es de noche. Sobran horas de viernes. Horas hábiles, como se conocen en algunas partes.

¿Qué se hace en esos casos?

– Mantén la calma. No desesperes.

– Busca alguien con quien puedas planear lo que harás terminando el día laboral.

– Busca a alguien con quien nunca hayas tenido sexo para ir a un Motel a la hora de la comida.

– Pide un tequila y dos cervezas a la hora de la comida.

– Lee un libro en la computadora para que nadie note que lo estás haciendo.

– Lee blogs.

– Lee comics.

– Lee las partes divertidas de los periódicos (si todavía quedan de esas).

– Busca buenas fotos de gente cachonda entre tus amigos de Facebook.

– Búrlate en Twitter de los candidatos presidenciales.

– Ponte a trabajar como para olvidar que tiene que terminar el día.

– Lee Humedad de J. Cohen y dile a alguien que la lea (a veces sirve, ¿eh?)

Ahora bien, me queda muy claro que muchas de las personas que leen aquí son personas serias a quienes desborda la cantidad de trabajo y nunca pierden el tiempo. Personas importantes con vidas cuadradas. Está bien, la mayoría de los puntos anteriores no aplican para ustedes. Lo siento. La gente importante hace cosas importantes. Pero eso sí, ¡todos pensamos en sexo! Así que en vez de un tequila y dos cervezas, pide una copa de buen vino, luego otra, y luego otra. Deja a tu mente volar un poco. Imagina aquello que te da placer y búscalo.

Lee un poco. Sueña un poco. Haz trabajar a tu fantasía un poco. O mucho.

¡Y síguela!

Inténtalo, la cachondería es una buena puerta de entrada.

Hoy es viernes de HUMEDAD. Si no has leído la de la semana pasada, sugiero que lo hagas, y que sutilmente la recomiendes a esa persona con la que sueñas. Quién sabe, tal vez despierte algo.

La sensualidad nos da la llave para abrir muchas puertas, usémosla. Y qué mejor que el viernes que de por sí andamos relajados.

¿Nos compartes tus ideas?

TOLERANCIA VERSIÓN XXI

Muchas veces he pensado que me gustaría conocer más a mi enemigo. Saber más de él, entender mejor sus estrategias. Muchas veces he pensado que al menos me gustaría saber quién es en verdad mi enemigo. Sería bonito pensar que no tengo enemigos, pero también sería estúpidamente ingenuo.

Hoy me topé con una suástica. Mal pintada. En una pared por la que somos pocos los judíos que pasamos diario. Definitivamente no tenía una connotación amigable. Muchas veces he pensado en lo mucho que me gustaría saber quién es mi enemigo y por qué es mi enemigo.

Me entristece el odio y me encabrona la cobardía. En el siglo veintiuno deberíamos de saber más, de ser más conscientes, de entender y tolerar. Pero no, simplemente nos encontramos con más hipocresía y más cobardía. Con más gente que odia, pero no lo dice en voz alta para no ser criticados. Claro que están los que odian y matan abiertamente, en nombre de una causa. Esos mismos que ponen en peligro y en la mira de la humanidad a la gente de su raza. Equivocadamente. Aquellos que hacen que la ignorancia cobre fuerza. Jodido. Sigue siendo cobardía. ¿Los que odian sabrán por qué odian? ¿Entenderán realmente por qué son enemigos de sus enemigos? En las noticias, Francia. Y después, en México, una suástica con dedicatoria. Nada nuevo, odio viejo. ¿Y todo lo que sabemos hoy? ¿Y todo ese conocimiento accesible?

Muchas veces he pensado que conocer a mi enemigo me ayudaría a entender y a aclarar. Que seguramente saber quiénes son me ayudaría a que fueran menos. Más conocimiento, más tolerancia. Debería ser más sencillo.

Pero con lo que nos topamos es con otra historia. Con silencio. Cobardía y escenarios de odio.

¿Tú haces algo por promover la tolerancia?

PROFESIONALES DE LA INFORMACIÓN

En su columna de hoy en El país, Elvira Lindo habla de la diferencia entre el periodismo y la comunicación. De la diferencia entre profesionales y diletantes. Habla también de lo que llaman el fin del periodismo.

Compara a los lectores de periódicos con lectores de Facebook y usuarios de Twitter. No habla de papel o formatos digitales, habla de periodismo y comunicación: de aquellos que aman leer los periódicos (tanto como para leer varios al día) contra aquellos que están conectados todo el tiempo y piensan, por eso que están a la vanguardia de la información. Y no (como lo dice ella).

Luego habla de la medicina tradicional y la medicina alternativa como analogía a la situación actual del periodismo. Dice que el periodismo “se acaba”. Yo creo que el periodismo reinicia.

He hablado hasta el cansancio en este blog y en otras publicaciones acerca de la mediocridad de la comunicación en la era digital, de la sobre oferta de información y la cantidad de mierda que abunda en el infinito universo de la red. He hablado mucho de la necesidad de los profesionales y he aconsejado no dejar a un lado a los medios tradicionales o clásicos.

Para mí lo más importante es la calidad, en el arte, en la comunicación, en el oficio. El periodismo se convierte en la historia, en la voz de nuestra era. El periodismo es quien dirá mañana quiénes éramos hoy. Y para eso se necesitan voces de verdad y no peleles. Por eso la vanguardia de la información la siguen llevando las grandes plumas, son y serán quienes hablen por nosotros.

Y para eso hay que hacer otra comparativa que falta en la columna: profesionales contra diletantes. Sí, pero no profesionales del impreso contra diletantes de la digital. Eso es una comparativa coja. Profesionales contra profesionales y diletantes contra diletantes. No podemos comparar lo peor de un mundo contra lo mejor de otro. Eso nos deja tuertos.

Seguramente Elvira Lindo no ha leído los periódicos en México para darse cuenta de lo que hacen los “profesionales” en el periodismo. Razón por la que muchos apreciamos las nuevas tendencias de la información. Aquellos lectores empecinados que damos oportunidad a nuevas plumas.

Los que no creemos que el periodismo esté llegando a su fin, sino que creemos que acaba de llegar a un nuevo comienzo. Un nuevo comienzo que también incluye a profesionales.

 

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¿QUÉ SUEÑAS CUANDO SUEÑAS?

Y cuando me sueñas, ¿qué sueñas? Por alguna razón, todo se desata siempre de una pregunta. La complicidad se define como un beso en la comisura de los labios. Pero nosotros seguimos buscando coincidir. Una tarde cualquiera, despejada o nublada, en una madrugada oscura o en medio de un temblor. Buscamos coincidir.

Hay algunos besos que no encontramos en los libros, y algunos sueños que se salen de las letras, que se escapan de las páginas para contarnos secretos en la piel. Algunos sueños son justo aquello que nos despierta, que nos impide seguir dormidos y nos obliga a levantarnos a correr, o a vivir.

Y vivir tampoco viene en los libros. Entonces volvemos a buscar coincidir, en un sueño, tal vez en esa ocasión desnudos, con los labios entrelazados, tal vez solo con una caricia en la cara, tal vez gritando de placer en medio de un delirio de sudor. Buscamos coincidir recordando aquel roce, cara a cara, nuestros labios apenas encontrándose, mis dedos sin dejar ir por completo a tu cintura. Recuerdo tu nombre, tu aroma, el pasado. Nuestro pasado. Me remontas a quien fui.

Eso tampoco aparece en los libros, pero quizá justo para eso son los libros, para no dejar morir a las historias que viven siempre, que nunca, por ningún motivo dejarán de habitar en nuestra piel.

Así se construye nuestra vida, intentando coincidir, buscando revivir momentos del pasado, mejorar momentos del futuro. Sobrevivir entre sueños y amaneceres. Pero siempre envueltos en la fantasía de nuestra propia historia. Esa que seguro hará una mágica novela.

Y tú cuando sueñas, ¿qué sueñas?

 

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EINSTEIN: ARCHIVOS DE UN GENIO

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Hace unos meses escribí en este mismo blog un post que hablaba de Steve Jobs y de la ardua labor de algunos (en ese caso Malcolm Gladwell) por humanizar a los genios. Sostengo mi punto de vista, a los genios los conocemos y admiramos por su obra. Punto.

Ahora, si ahondamos un poco más en el tema, descubriremos que hay infinidad de actitudes o acciones en la vida privada de algunos genios que fueron causales de la obra que tanto admiramos. Ver sus notas (a diferencia de saber de qué lado de la cama dormía) puede ser la más representativa interacción de la vida privada de un genio y su obra. Ver las notas, dibujos, letra, papeles de cualquier persona que admiramos puede resultar tan productivo como leer al mismo autor, de hecho, es parte indispensable del estudio a profundidad de dicha personalidad.

Y las notas de Einstein no pueden ser menos que maravillosas. Sus posturas con respecto a su judaísmo, a Alemania: a la guerra y a la academia. Al arte y la humanidad. La relación de su condición humana con su obra sobrehumana se encuentra en miles de notas escritas con su puño y letras.

La Universidad Hebrea de Jerusalén lanzó un archivo digital en el que se puede acceder a miles de notas del físico judeo-alemán. Además de contar con un diseño sencillo y amigable, este archivo contiene información valiosísima no solo para el mundo de la ciencia, sino para la intelectualidad en general y, sobre todo, para aprender a ver la vida con ojos distintos.

La recomendación para navegar en la galería de esta página y ver las digitalizaciones no para humanizar a Einstein, sino para comprender un poquito más qué es lo que pasaba por una de las mentes más prolíficas del siglo XX y para ver hasta qué punto la tecnología nos lleva a una fase del conocimiento nunca antes siquiera soñada.

¡Ah! Y una cosa más, si esa información personal se pudo reunir de la primera parte del siglo XX, hay que tener cuidad en la era de Google con todo lo que escribimos, por ahí estará siempre guardado, en algún extraño folder de una nube, al parecer irrelevante.

 

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METAMORFOSIS DE UNA SONRISA

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Pasé muchas horas perdido en esa imagen discreta de tu sonrisa. Días. Finalmente decidí salir por un segundo para descubrir que tus ojos son enormes. Color, forma, profundidad y brillo aparte. Enormes. Fue entonces cuando me permitiste acariciar despacio tu espalda desnuda mientras dejaba a un lado tu sonrisa y exploraba la inmensidad de tus ojos. Entonces te besé. Y perdí las dos nociones, las tres. Todas. Los sentidos se juntaron en mis labios. En tus labios, reconocía tus ojos a pesar de tener los míos cerrados, reconocía tu sonrisa a través de mis labios. Me separé de ti para observar tu perfecta desnudez. Un segundo, y sonreí. Tú lo hiciste y alumbraste la habitación. Mi mano fue buscando poco a poco tu humedad, mis labios coqueteaban con tu cuello. Pero yo no podía dejar de ver dentro de tus ojos un solo segundo. Regreso a tu sonrisa, encuentro un espacio entre tus piernas que me llama, magnetismo. Mi mano lo busca, mis dedos te buscan. Por dentro. Te despiertan. Te regresan a un ligero suspiro, un leve gemido que crece. Metamorfosis de una sonrisa. Que se vuelve mía, que se vuelve placer. Que me ruega que cambie de rumbo. Que ruega a mi lengua por su vida. Y mi lengua obediente se funde de un solo golpe en tu humedad ya mía. Tu sonrisa sigue escondida, tu aliento crece. Un orgasmo vuelto estrella. En mi lengua. Te penetro sin pedir permiso. Llego a ti. Mis labios a tus besos quienes son ahora responsables del refugio de aquella sonrisa. Te beso con más fuerza al desvivirme dentro de ti. Al entregarme por completo. Y después del caos de dos orgasmos asociados, regreso a tus ojos y me cuentan un secreto. Tu sonrisa de regreso junto amí.

Nos abrazamos. Y sigo perdido en tu sonrisa.

5 TIPS PARA EVITAR LA CHARLATANERÍA

En la era de la comunicación desesperada, nos encontramos con abundancia de charlatanes, en tantos ramos: charlatanes de la espiritualidad, del marketing, del deporte, de las relaciones, de la alimentación. Cada uno de los temas que podamos pensar tiene un oportunista detrás intentando crear una fórmula perfecta y, sobre todo, vendible.

Dado que a mí me molesta tanto el tema y los dizque expertos en la materia, trato de evitarlos, he encontrado que la mejor forma de encontrar una calidad aceptable es descartando aquellos que definitivamente no me van a aportar nada. Ahí van cinco tips que yo utilizo para evitar la charlatanería antes de leer un blog, un texto, comprar un libro o escuchar a alguien:

 

1-    No existe el camino fácil. Cualquier cosa que valga la pena en la vida tendrá cierto nivel de dificultad, así que si te venden el Nirvana con cinco minutos diarios de meditación, están mintiendo. Las cosas cuestan. Todas. La vida está llena de mucho esfuerzo y el éxito se alcanza únicamente trabajando mucho. Rompiéndose la madre. Es decir, no vas a aprender inglés en un mes sin la necesidad de estudiar. Punto.

2-    Revisa las credenciales de la publicación. Googlea al autor antes de darle tu voto de confianza. ¿Quién es? ¿De dónde salió? ¿Qué ha escrito? ¿Qué ha hecho además de decirte cómo hacerlo? Busca gurús que vayan más allá de Twitter. Gente que tenga éxito personal en el ramo en el que te está diciendo cómo tener éxito.

3-    No existe una respuesta o camino absoluto. No lo creas a nadie que te lo venda. Cada propuesta tendrá algo bueno, úsalo. Búscalo. Y siéntete capaz de desechar todo aquello que no te convenza. No creas en aquellos que te venden la única respuesta, la bonanza y la panacea total. Sé selectivo dentro del texto.

4-    Si encuentras a un autor que te convenza, no lo conviertas en un dios, sino en un líder de opinión. Escucha sus recomendaciones, sigue su blog. Trata de estar al día con lo que hace, lee los libros de los que habla. Pero intenta desmitificarlo. Cuestiónalo. Para que siga siendo vigente.

5-    Lee publicaciones clásicas, no importa si lo haces en línea o no. No abandones por completo al pasado, yo leo periódicos como El país y The New York Times; revistas como The New Yorker y Vanity Fair. No pierdas el foco por enfocar demasiado. Mantenerte al tanto de lo que sucede en el presente te hará mucho mejor en la bienvenida del futuro.

 

¡Di no a la charlatanería! Abunda. Y si tienes más tips o quieres comentar estos, estoy completamente abierto a comentarios.

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Nos vemos más tarde.

SEIS MINUTOS

20120318-201342.jpgMinuto uno. Me despido de ti, no de tu sonrisa. Entro en ese estado meditativo al que solo me llevan tus ojos.
Minuto dos. Ya sin ti despierto a mi realidad empapada de tu cuerpo. Regreso en la profundidad de mis sentidos hasta tu tu voz disfrazada se tinta.
Minuto tres. Te busco. Creo que te encuentro. Te grito. Te invento. Sé que ahí estás. Justo ahí.
Minuto cuatro. Te abrazo y te huelo. Te invento de nuevo. Te invito. Te siento. Te beso. Tu lengua me responde. Tu sudor se apodera poco a poco de mí.
Minuto cinco. Soy tuyo. De tu imagen. De tu cuerpo. De tus labios pegados a los míos. Soy tuyo por completo y tú lo sabes. Y me besas ya sin ropa.
Minuto seis. Descubriendo tu humedad es que me pierdo. Treinta. Tu sonrisa. Tu piel. Pero no estás. Pregunto tu nombre.
Y te veo sonreír una vez más.